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¿A qué se compromete Peláez con el Cruz Azul del Apertura 2018?

LOS ÁNGELES -- Con las mejores, las buenas, las malas o las peores intenciones, pero la atención estará puesta en Cruz Azul.

Luego de temporadas en las que, lamentablemente, se convirtió en el hazmerreír de la vecindad futbolera, la expectación, para este Apertura 2018, se arremolina ante un equipo que pretende dignificar y revalorizar el sobrenombre de La Máquina.

Claramente, lo habíamos comentado, el mejor refuerzo de Cruz Azul es Ricardo Peláez. Ya en el reclutamiento de futbolistas ha sido evidente la mano inteligente y, aparentemente, sin la intrusión desde Miami.

Cierto: Peláez no juega, pero participa. Cruz Azul intentó con gente talentosa. Alguna con pasado cementero, otra con pasado cargado de respeto dentro del futbol. Pero, taimados, todos.

Difícil precisar si era reverencia al puesto, o si era un apego extremista a esa línea de saludable respeto institucional, que a veces resulta insalubre en un mundo convulsionado como el del futbol.

La presencia de Peláez tiene reverberaciones en todos los niveles de La Noria, no sólo en detalles administrativos.

1.- Pedro Caixinha debe sentirse cómodo. Tener una autoridad competente arriba de él, es más confortable en medio de cualquier escenario. Si las cosas marchan mal, Peláez apagará el fuego. Si las cosas marchan bien, él apagará la fogosidad desmedida.

Además, Caixinha entenderá que a un tipo como Peláez, que desde la época de jugador era capaz de cuestionar e interpelar a sus propios técnico, también lo hará con él.

El portugués se sentirá mejor siendo fiscalizado. Porque el abandono, como ocurrió con otros muchos directores deportivos, genera incertidumbres en todos.

La calma en tiempos de guerra es perniciosa, y Cruz Azul tiene 20 años en guerra con su maleficio.

2.- Los jugadores saben que Peláez sabe lo que ellos están haciendo. Y que sin titubear, con, sin, al lado y por encima de Caixinha, los puede interpelar, como lo hizo siempre en América.

Y los jugadores saben también que ahora están mejor protegidos, porque este proceso requerirá de tiempo, y si los buenos resultados se demoran, necesitan un magnífico catalizador de las presiones que los azucen.

Por eso mismo, Peláez es poco paternalista. Comprensivo donde el técnico deje de serlo, pero opresivo, donde el técnico deje de serlo.

3.- La directiva encontró un descanso. Durante estos 20 años de celibato de gloria del Cruz Azul, la hoguera en leña verde era armada para depositar ahí, siempre, a Billy Álvarez Cuevas.

Al final, en estos 20 años, quien era subido al patíbulo de entendible e ignominiosas acusaciones, ha sido el patriarca de La Noria, un hombre bueno, que más que hacer cosas malas, ha hecho mal las cosas.

Ahora Peláez acepta vestirse de mártir. Trabaja para prometer un equipo protagonista, insistiendo que ser campeón o no, es un desenlace expuesto a muchos imponderables, pero acepta la responsabilidad.

Debe Peláez, sin embargo, tener la garantía de que ya acabaron todas aquellas incómodas influencias, los chismorreos, los arribistas, los consejeros, los sabihondos, incluyendo a llorosos jugadores o patéticos técnicos, que con derecho de picaporte, se reclinaban en el hombro de Billy a llorarle sus desgracias.

Seguramente Peláez negoció eso: el único cabildeo de la situación del equipo ante Billy, debe ejecutarlo él mismo. Y nadie más, ni siquiera el técnico, y menos aún las rémoras y buitres que tanto daño han hecho a Cruz Azul.

4.- Peláez resucitando a Peláez. El mismo directivo tomó el mejor equipo posible en el mejor momento posible.

Tras su salida tempestuosa e intempestiva de El Nido, Peláez seguramente ha recapacitado. Debe, suponemos, ser mejor que el mejor Peláez del América.

Amamantado por sus errores, y ante la visión generosa de la oportunidad, sabe la dimensión del desafío que encara: 20 años de abstinencia le reclaman.

Peláez sabe que no puede, no debe, y por supuesto, no quiere equivocarse. Y seguramente, en esa energía, en ese apasionamiento con el que vive el futbol, y que no perdió ni como comentarista, ha logrado cautivar a jugadores, cuerpo técnico y directiva.

Por eso, el 27 de octubre de 2018, en el Estadio Azteca, ante las Águilas, será un momento de clímax para Cruz Azul, y Ricardo Peláez, que seguramente, por esas fechas dirá que "yo no juego, esto no es Peláez contra el América", pero, en el fondo, todos, incluyendo a él, sabemos que será la cereza de ese pastel.

Y por esas fechas, en la Jornada 14, Cruz Azul y América se jugarán el orgullo, la posición en la tabla, y tres puntos que pueden determinar si estarán o cómo estarán en la Liguilla.

Etiquetas:

Fútbol, México, Cruz Azul

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