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La últimas eliminaciones del Tri
SAMARA -- Fácil es cebarse sobre los jugadores. Y ensañarse con el técnico. Porque por séptima ocasión consecutiva México se precipita al precipicio que le aguarda cíclicamente después del cuarto partido en una Copa del Mundo.

Esta vez fue Brasil. Antes, fueron otros. Entre el #NoEraPenal del 2014, la inmolación de jugar con el Bofo Bautista en 2010 y el golazo de Maxi Rodríguez en 2006, el desenlace era adjudicable a errores puntuales del árbitro, del técnico o el día en que Maxi dijo "me puse la zurda del Diego (Maradona)".

Pero, esta vez, en Rusia, afloraron las diferencias, las clases sociales. A estos futbolistas mexicanos no les alcanzaba para derrotar a Brasil.

Cierto, les alcanzó para inquietarlos, para amenazarlos, para intimidarlos, tal vez, con un par de jugadas de gol que los mexicanos se equivocaron en decidir.

Ciertamente, viendo y viviendo el juego desde la tribuna de un estadio abarrotado, saltan las diferencias. El brasileño sacó todo eso que desde que es un embrión, ya lo carga en el ADN. Esos cromosomas educados en las favelas.

Insisto en que Brasil jugueteó primero, jugó cuando quiso ganar y después volvió a entregarle la pelota a México, para que descubriera por sí mismo Principio de Murphy: ascendió hasta su propio nivel de incompetencia.

En las diferencias atléticas y físicas se va escribiendo el juego. Una milésima de segundo, un espasmo muscular, un punterazo instintivo al balón, y los notables e indeclinables esfuerzos de los jugadores mexicanos quedaban desbordados.

Eso, la temperatura, el impresionante esfuerzo y desgaste físico, y el ir percibiendo que en la batalla de la transpiración absoluta contra la inspiración a cuentagotas, era prácticamente imposible humillar a Brasil, en ese escenario de 93 grados Fahrenheit y humedad que llegó al 40 por ciento.

La mejor generación de futbolistas mexicanos, con el mejor aparato de respaldo y logística que pudo elaborarse, y con el más detallado estudio del adversario, simple y sencillamente no alcanzó.

Y esta vez no fue el árbitro, no fue una mala decisión de alinear a un jugador en desahucio, ni tampoco un chispazo irrepetible de un jugador. Esta vez, Brasil simplemente fue superior a México.

¿Se ha vencido a Brasil? Por supuesto, y en circunstancias memorables: las finales del Mundial Sub 17 en Perú 2005 y en los Juegos Olímpicos de Londres. Escenarios de torneos con limitaciones en la edad.

Este Brasil sin embargo, que todavía se sigue conformando en plena Copa del Mundo, demuestra el trabajo de un técnico como Tite, que ha forzado el talento, esa superioridad genética para el deporte, la disciplina y un trabajo táctico rudimentario, pero muy efectivo.

México podía haber vencido a varios otros rivales en Octavos de Final. A Suiza, la selección mexicana de este lunes en Samara, estaba en condiciones de superarla, por la forma de juego que suele hacer daño a equipos que no recurren a extremas tácticas, como Suecia.

Pero, ahí hay un pecado en el trabajo de la selección: debió saber buscarse, debió fijarse como objetivo terminar como líder del grupo, después de vencer a Alemania, pero el desdén y el ensayo innecesario ante Suecia, arruinó ese cruce.

Ciertamente Neymar es un jugador que marca abismos. Dos jugadas suyas notables significaron el marcador.

Que es un futbolista que a veces denigra la esencia de la pulcritud y la etiqueta de la honorabilidad deportiva, sin duda, pero con dos jugadas, redactó el acta de defunción de México.

Cuando Juan Carlos Osorio, sin mencionarlo, lo vilipendió por ser "una vergüenza para el futbol"; que no practica el balompié "con la virilidad que se debe", porque "el futbol lo juegan hombres" y a él le encantan "las payasadas" bajo la protección arbitral, la intención del técnico es otra.

Evidentemente Osorio sacó el pararrayos, lo conectó y decidió atraer toda la tormenta, para que las bayonetas enfilaran más contra Neymar que contra sus jugadores.

¿Errores de Osorio? Colocar a Edson Álvarez de contención fue una forma de suicidio lento. Rafa Márquez lo había hecho muy bien. Edson, en cambio, les entregó las llaves del castillo, el castillo y a la doncella en cautiverio a Brasil.

Sólo gracias a Guillermo Ochoa, el mejor jugador de México en este Mundial, no hubo un desastre en el marcador.

Y, de nuevo, Osorio no pudo remontar un marcador ni el trámite del juego en un partido oficial, pero, ahí tiene un peso enorme, con esa vieja frase de Perogrullo: "Brasil es Brasil".

Y Brasil aprendió de aquella vergüenza histórica del 7-1. México, dicho por el mismo Juan Carlos Osorio, él y todos, siguen llorando el 7-0 ante Chile.

¿Sigue Osorio? Ahora puedo ratificarle lo que el sábado revelamos en Raza Deportiva de ESPNDeportes: él ya agradeció a la FMF todo el respaldo. La moneda oscila entre Colombia y Estados Unidos.

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