LOS ÁNGELES -- La victoria, como acto y como acta de consolación. En el dialecto burdo del conformismo, ganar se conjuga en aumentativo, aún ante el ilusionismo de rivales como el del miércoles por la noche en San Antonio.

1-0 sobre un arrejuntado de Bosnia bajo la convocatoria de "¿quiénes tienen visa lista para Estados Unidos y dinero para ir de shopping?". Los que levantaron la mano fueron reclutados. Ah, claro, también debían tener por ahí un par de zapatos de futbol... aunque fueran prestados y les quedaran grandes.

Fue obvio: al minuto 70, los atléticos turistas bosnios jalaban aire por la boca. Entrenar e ir de compras dos veces al día agobia y agota para, encima -maldita sea-, salir a perseguir a un montón de mexicanos desesperados por ese guiño mundialista del esquivo y voluble Juan Carlos Osorio. Lo urgente no deja tiempo para lo importante, diría Quino.

Y claro, más vale perder un partido que una selfie en El Álamo, escenario de dos historias negras y distintas de una misma masacre. Pero, a los bosnios estos anfiteatros no los aterrorizan.

¿Y México? Para definir plagio la frase a Raúl Guzmán en la narración del juego: "los experimentos del extraño Doctor Osorio". Si hubiera dicho Frankenstein igual habría encajado.

A cinco meses de que posiblemente México esté ya viajando de regreso del Mundial, el técnico del Tri sigue haciendo ensayos colocando a futbolistas, que incluso no juegan con sus equipos o/y en posiciones que no conocen. El veterinario va a neurología en el nosocomio osorista.

Arrancaba el juego y llamó la atención el tono exclamativo del azorado Néstor de la Torre, casi como si en la banca estuviera un émulo de Jorge Vergara en decisiones disparatadas: "Orbelín Pineda de extremo izquierdo". Sí, soponcio compartido por muchos.

Y después un Elías Hernández que es letal por derecha con el León, lo manoseaba entre la contención o, según el colombiano, "como un interiorizador del juego", hasta que el futbolista se rebeló y se reveló en su puesto natural para galopar en su predio favorito.

Jesús Gallardo parecía crack. Su corredor estaba más vacío que una de las zonas de la tribuna del estadio, y parecía Marcelo, con tiempo para controlar, otear, elegir y tocar. El bosnio más cercano estaba negociando la camiseta con Giovani dos Santos.

Y Jonathan, el becado en el Galaxy de Los Ángeles, disfrutando que al adversario lo encontraba de espaldas, o en zona poblada, robaba más balones que Kroos y Busquets juntos, y tocando corto y seguro fue el equidistante del Tri ante un adversario más preocupado por sacar cuentas si podría sobornar al de migración en el regreso a casa.

Pero, el clímax del "extraño Doctor Osorio (copyright Raúl Guzmán)" fue el uso y abuso de Jonathan González.

Más allá de agradecerle, de nuevo, al 'Turco' Mohamed, por el descubrimiento de este jugador y el cobijo actual a Ponchito González, la afición quería ver a ese al que llaman al Bulldog o el Pitbull entre la afición de Rayados. Quítenle el bozal, pedían los amores peros.

De linaje mundialista, con ceño de líder a sus 18 años, Osorio lo mete cuando le quedaba el último de los cambios y sin ampararlo, alejándolo de su posición favorita, de contención, le ordena un trabajo híbrido de defensa y ataque, cuando ya no había quién atacara por Bosnia.

Jonathan, este miércoles por la noche, ante Bosnia, demostró que con, sin y a pesar de Osorio, debe estar en la Copa del Mundo. Estuvo en dos ocasiones a un segundo de un balón mal entregado al área, que con menor miopía de sus compañeros podía haber encarado al gol.

Es más, si Osorio no piensa usarlo, al menos debe respetar el juramento que tantas veces a hecho. "Si no continúo (con el Tri) quiero dejarle una generación de futbolistas con futuro".

Si en México ha sido tradición que el técnico lleve a consentidos o niñeros (Chiquis García en 2006) a los Mundiales, sería magnífico que Osorio, además de llevar un jugador valioso, le regale a Jonathan el derecho a asombrarse, a bruñirse, a amamantarse de todos las candilejas mundialistas.

¿A qué edad fue Gerardo Torrado a su primer mundial? ¿Y Andrés Guardado? ¿Y Rafa Márquez? Ya bastante daño hizo Ricardo La Volpe negándose a llevar a Giovani o a Carlos Vela en 2006, recién coronados campeones mundiales Sub-17, para llevar a su yerno a que cuidara a los nietos.

¿Alanís? Su mejor oportunidad de viajar a Rusia es un paquete mundialista para turistas, para ello pudo consultar a los bosnios. ¿Henry Martin? En dos remates demostró que los goles de campo son lo suyo.

Como sea, el maldito, ocioso, odioso y desgraciado morbo, se relamió los bigotes con este nuevo y desperdiciado ensayo en "los experimentos del extraño Doctor Osorio".

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México, Fútbol

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