Jeffrey Arguedas/EFE

LOS ÁNGELES -- Cuando un equipo serio, con un portero serio, se toma en serio un torneo no tan serio, el festejo es del América sobre el Saprissa (5-1), y no del Herediano ante el poco serio Tigres y el menos serio Nahuel Guzmán.

América jugó sin prisa. Saprissa jugó con nerviosismo y con nervio. Las Águilas se sintieron cómodos en el epicentro de un circo que normalmente intimida al visitante. En el primer tiempo, los morados parecían amoratados por la exigencia de victoria.

En la línea de fuego, Cecilio Domínguez hizo el primero ante la ingenuidad de la marca, y el segundo lo consumó en una espléndida pirueta Mateus Uribe. El tercero significa el doblete de Cecilio Domínguez de nuevo desconcertada y patidifusa, entre el toqueteo americanista.

La capacidad de reacción de Saprissa era limitada por la presión en la marca del América, liderada por el otro resucitado por Miguel Herrera, Guido Rodríguez. Su mayor acoso fue un disparo que exigió la cabriola de Marchesín y un manotazo del arquero americanista en un balón cerrado cobrado desde el rincón.

Era evidente que América no se atragantó de arrogancia. Parecería que la lección ajena, la de Herediano a Tigres, la hizo suya desde el inicio del encuentro.

El marcador al término del primer tiempo relataba una mentira. Ese 0-3 era perniciosamente tacaño, especialmente porque Henry Martín tuvo dos, francas, absolutas, inmejorables, pero las arruinó por las deficiencias técnicas como si tuviera juanetes, y que hace parecer que ese triplete ante el disminuido Lobos, quedará como anécdota más que confirmación.

De nuevo con esa marcación a distancia, Saprissa permitió el juegueteo cómodo de los atacantes y entre Oribe y Martín entregan a Renato Ibarra, quien caracolea y dispara, con la fortuna de que el balón es rozado por un defensa. 0-4.

Mientras Saprissa se apresura a evitar una masacre con números de escándalo, ajusta líneas, sin renunciar a la ofensiva, mientras que el América hace movimientos para tratar de arrullarse en el marcador.

En esa parsimonia, cuando empeñaba la seriedad con la que había empezado a tomar el partido, carga con el gol en contra. Ariel Rodríguez amarra con el pecho, le dibuja una verónica a la embestida ciega de Emanuel Aguilera con un sombrerito, para fusilar a Marchesín, quien rechaza débil a un lado, permitiendo al delantero de Saprissa.

En la banca, el 1-4 hirió la paciencia de Miguel Herrera. El Piojo había festejado en esa antesala del colapso los goles de su equipo, y rumió de igual manera, el descuido de Aguilera.

La respuesta es inmediata. El 1-5 termina por amansar al Monstruo Morado que empezaba a alebrestarse con las fantasías del gol del Saprissa.

Participante en todos los goles, Oribe Peralta, gestiona el quinto gol. Anticipa, protege y cede en corto al perfilado Mateus Uribe. Su zapatazo raso sonsaca el estertor de la tribuna. Rabia absoluta: empieza a limpiarse la tribuna y como despedida, no hay pañuelos blancos sino verdes recriminaciones.

América cumple el requisito: ganar, gustar y golear. Deja resuelta la eliminatoria. Y deja la advertencia para aquellos equipos poco serios, con porteros poco serios.

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Marcos Domínguez/Imago7
LOS ÁNGELES -- Oribe Peralta en la banca, pero el contrito Mateus Uribe quería purgar sus pecados capitales. Y el colombiano lo hizo con dos golazos.

Ahí, fincó el América su dominio absoluto en la cancha y en el marcador: 4-1. Sin Oribe, con Uribe, cuestión de una vocal.

América se acerca a la triple bendición de ganar, golear y gustar. La tercera de ellas sólo tiene el empalago de los cuatro goles. El trámite se amargó con el desdén y desorden de la segunda parte.

A Morelia le quedó grande el reto. Parecía un sinodal estricto para examinar a un América que se devanea entre la realidad y la insinuación.

Tres momentos de inspiración individual americanista arruinaron la transpiración de Monarcas. Goles del América que no certifican un mecanismo colectivo de generación de futbol.

El 1-0 refleja la visión de Jeremy Menéz. Cambia la embestida de derecha a izquierda, donde recibe, culebrea y sentencia entre las piernas de Guzmán y el azoro anestesiado de Sosa, el gol del resucitado Cecilio.

Morelia amenaza con el empate de Sepúlveda, pero vendría entonces la expiación de Mateus Uribe, con dos soberbias anotaciones, para espantar los fantasmas de sus tarjetas y penalti errado.

Primero, arrastra en diagonal y mete un zurdazo que embelesa la estirada de Sosa. El 3-1 lo consuma tras una carambola, con una pelota perdida, que en un resquicio, controla, desvencija la cadera a dos adversarios y con la punta toca a segundo poste ante la salida del arquero.

Sí: Uribe purgó sus pecados, más allá de que después recolecta la amarilla imprescindible y se lleva la advertencia de una roja por sus excesos. Parece que Mateus Uribe disfruta las tormentas de vivir entre lo sublime y lo ridículo.

El 3-1 de la primera mitad fue un perjurio. Porque prometía una segunda parte generosa en todo sentido. Por la desesperación de Morelia, y por un escenario abierto de confirmación americanista.

No hubo tal. La expectación no coincidió con las expectativas que se elucubraron en los vestuarios. Morelia se atrevió con precauciones y las Águilas juguetearon con el marcador.

El Nido, literalmente, lo montó Miguel Herrera en el fondo. Ante las tibias embestidas de Monarcas, había hasta nueve hombres americanistas en el último tercio.

Para el minuto 75, ya América tenía a su pareja ofensiva en el arranque del torneo: Oribe Peralta y Carlos Darwin Quintero, con el agregado de Ibargüen, pero para seguir sufriendo, de inicio, los conflictos para salir desde el fondo.

El suplicio aumenta para Morelia. Piernas frescas y veloces al ataque firman en el marcador. Ibargüen por derecha encuentra en el corazón del área el corazón desesperado de gol de Oribe Peralta, quien martilla el balón abajo, tomando a contrapié. 4-1.

Las Águilas montan su nido en el penthouse de la Liga Mx, irrumpiendo en los dominios de Pumas que visita a Veracruz.

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Martín: 'Jugar con Oribe es bastante sencillo'
LOS ÁNGELES -- Por un año, Miguel Herrera tuvo intranquilo a Henry Martín en la banca de Xolos.

Hoy, Henry Martín tiene a Miguel Herrera tranquilo en la banca del América. Cinco goles en cinco juegos.

El triplete que victimó a los Lobos BUAP, de repente, lo cotizó en esa voluble, cambiante y oportunista bolsa de valores de la afición americanista.

La tribuna lo cuestionó cuando llegó all Nido. ¿Henry Martín? Su mayor notoriedad había sido la fractura de ligamentos cruzados, que también le fracturaba su carrera y una eventual cita al Tri.

Cuando el americanismo tenía estertores de ansiedad por la llegada de una gran figura de Europa, el draft les entrega un yucateco con menos goles en Liga que las letras de su apellido. Un indigente del área.

La bibliografía negra del futbol tiene volúmenes con casos dramáticos de jugadores que ingresan al multitudinario ejército de promesas truncadas, tras una una fractura de ligamentos cruzados.

¿Por qué sería distinto el futuro de Martín? ¿Por qué si la llama de promesa apenas iluminaba el rincón de sus imberbes ilusiones? Todo indicaba que de la plancha del cirujano iría al confinamiento de la banca.

Sin embargo, las circunstancias, esas que antes se confabularon contra él, hoy se aliaron con él. Se fue el sobrecotizado Chino Romero, y Miguel Herrera buscaba un aliado de Oribe Peralta.

Los nombres zumbaban tras los moscardones que promovían a sus futbolistas sudamericanos como el nuevo Cavani, el nuevo Radamel o el nuevo Suárez.

Y el Piojo debió salir de cacería en el Clausura 2018. El que no tiene perro, caza con gato, dicen en Brasil. El que no tiene un tigre, caza con un xoloitzcuintle, decidieron en el Nido.

Tuca Ferretti lo llevó al Tri en ese interinato en el que sometió al decadente EEUU de Klinsmann para conseguir el boleto a una Copa Confederaciones, sellada, después, por Juan Carlos Osorio, con oprobio y vergüenza.

Regresó bajo la política del mismo Osorio de rotar y manosear. Y Henry no anduvo. Tuvo tres en condiciones de gol ante los juniors de Bosnia... y las erró.

Pero llega el juego ante Lobos. 0-0 hasta que Maza Rodríguez es expulsado por un pisotón sobre Oribe, una tarjeta roja que ciertamente de haber portado aún esa misma camiseta americanista, el defensa lobezno, habría recibido sólo una amarilla. El daltonismo del miedo arbitral.

Para fortuna de Martín, el arbitraje mandó al Maza al vestuario a la ducha de agua helada. Y un equipo que no quiere, no sabe, no puede defenderse, como Lobos, abrió un set de tiro, en el que el blanco era su propio portero Villalpando.

Y ahí -"bomba", dirían en Yucatán--, no perdonó Martin. Dicen que un buen yucateco siempre sabe usar la cabeza. Él lo hizo tres veces, desde diferentes posiciones en el área, siempre con la benevolencia de la despistadísima defensa rival.

Pero, de eso no tiene la culpa Henry Martín. Estar ahí, en el sitio preciso, le llaman olfato. Saber dónde se está ubicado, le llaman visión, y se enredó en las consecuencias mediáticas de su primer hat-trick.

Un triplete que posiblemente, con Xolos, habría sido encapsulado en la nada pomposa hemeroteca de las chiripas.

Agradeciendo al Piojo por la oportunidad, a Oribe Peralta por los consejos, y a sus compañeros por generarle las tres asistencias de gol, manda un mensaje público a través de redes sociales ajenas, pero con destinatario definido: Juan Carlos Osorio. Quiere ir al Mundial de Rusia.

Y este fin de semana, con el viento hinchándole la camiseta, Henry Martín tiene además la oportunidad de desplegar la bonhomía, la decencia, de ser un malagradecido. Enfrenta a Tigres de un Ferretti que le tuvo fe para el Tri. Ironía pues: la mejor forma de agradecerle al Tuca, es lastimándole la piel en el marcador.

Tiempos de hadas, sin duda. El visto por el americanismo como un indigente del área, es hoy el mesías de El Nido.

Y si por un año, Miguel Herrera tuvo intranquilo a Henry Martín en la banca de Xolos, hoy Henry Martín tiene a Miguel Herrera tranquilo en la banca del América.

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LOS ÁNGELES -- 1.- Carlos Darwin Quintero intenta desde su estrabismo técnico, desde su miopía para golpear el balón, pegarle a un tronco y casi le provoca un sismo al esqueleto de nuestro compañero Marcelino Fernández del Castillo.

2.- Matías Alustiza (arrepentido y todo) y su paisano Cristian Campestrini deciden cazar inocentes con pistolas de municiones en las calles de Puebla, nomás por divertirse.

3.- Más atrás, Danilinho golpea en sus partes más íntimas a una novia, y simplemente huye a Brasil mientras se apacigua el problema. ¿Tuca Ferretti y Tigres? Silencio.

4.- En una de sus usuales fiestas clandestinas en Monterrey, Edwin Cardona permitía que sus invitados molestaran con insinuaciones sexuales a las adolescentes vecinas, diciendo que "eran bromitas", seguramente como las de su embestida reciente en Argentina, y que le significó denuncia por violación y agresiones.

Citemos sólo esos cuatro casos. Podemos hurgar y saltarán muchos más, como el de Aquivaldo Mosquera y el de Ricardo LaVolpe. Pero, todo esto origina serias interrogantes.

Cabe preguntarse: ¿a eso llegan algunos extranjeros a México? ¿Se atreverían a hacerlo en su propio país, aunque Cardona queda claro que sí? ¿Que los clubes los cobijen, sólo significa prohijar este tipo de actitudes? ¿Impunidad e inmunidad?

Alustiza se ha arrepentido y Campestrini parece haber descendido de su status de soberbia, cuando ahora limosnea un puesto en Dorados de Culiacán. En su momento, consiguieron complicidad con el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien los protegió y los encubrió, por unas camisetas y una foto.

Danilinho fue y volvió, y en el regreso vivió otra situación de violencia. Cardona, ya sabemos su historia, con hábitos similares a los de Teófilo Gutiérrez, de quien por otra parte se sabe su afición por portar armas hasta el vestidor de algunos de sus clubes.

El video es inmaculadamente perfecto en el caso de Carlos Darwin Quintero. Intentó golpear con el balón a Marcelino Fernández del Castillo, cuya fina estampa, estaba expuesta a ser zangoloteada brutalmente por un balón lanzado con violencia.

Antepongo un término: imprudencia. Podría agregar premeditación, alevosía y ventaja. Pero, dudo que Darwin Quintero, con esa huelga en que viven sus calcificadas neuronas constantemente, estuviera consciente de hacer daño severo a Marcelino, pero pudo haber ocurrido.

Alevosía del jugador del América, sí la hay. Y ¿qué mayor ventaja que agredir por la espalda, que es una cobardía suprema? Sólo los animales de rapiña lo hacen.

América promete castigarlo internamente y se deslinda de cualquier responsabilidad, porque, seguramente, el código de conducta interno de la institución, como tal, no condena o no contempla este tipo de chacaladas.

Darwin Quintero es un crack. Un jugador por el que normalmente vale la pena pagar el boleto por verlo. En lo personal, me he deleitado desde sus épicas en Santos. Excepto, cuando, insisto, sus momificadas neuronas no lo incitan a darse a plenitud. Y eso ya ocurre con frecuencia.

Dice el pequeñín futbolista que apostó con sus compañeros a que era capaz de pegarle al árbol cercano a Marcelino. ¿Cuál de todos? ¿Y entiende el peso de esa aseveración?

1.- Al otro extremo de donde estaba ubicado en El Nido el reportero de ESPN, hay más árboles. Alrededor de la cancha hay otros árboles, decenas de árboles. Parece un vívero o una reserva ecológica.

¿Por qué tenía que ser precisamente ese árbol, el que estaba a metros de Marcelino?

2.- La otra: al hablar de apuesta con sus compañeros, Carlos Darwin afirma que la decena de tipos que lo escoltaban y contemplaban su disparo fallido, eran sus cómplices, eran sus compinches.

¿A ellos también los castigará el América internamente por confabularse con Darwin Quintero?

Irónicamente el más beneficiado sería el América si la sanción que impone al jugador es liviana. Juega de local, ante el Atlas, es decir la tribuna será totalmente águila, y Darwin, si juega, seguramente ofrecerá la actuación de su vida, para tratar de lavarse la cara.

Ojo: aquí hay negligencia o inexperiencia de la directiva del América y su cuerpo técnico. Todo este percance sacudió medios y redes sociales desde el martes. Santiago Baños, Mauricio Culebro y Miguel Herrera, y hasta el tipo con ínfulas de Richelieu (Yon de Luisa) debieron actuar de inmediato. Ya aprenderán.

Un tipo como Ricardo Peláez habría sofocado de inmediato el incendio colocando a Darwin ante los medios y dando la cara por la institución.

A Baños, Culebro y De Luisa, o les importó poco o les asustó mucho. Como sea, se equivocaron.

Al final, insisto, porque botones de muestra sobran: ¿a eso llegan los Darwin, los Alustiza, los Danilinhos, los Campestrini, los Cardona, los Mosquera, etc.? ¿Lo harían en su país, a excepción del cinismo irredimible de Cardona?

¿Y los clubes? Cómplices. ¿Y sus técnicos? Alcahuetes. ¿Y sus familias? Sobajadas. ¿Y el futbol mexicano? Como nodriza de delincuentes.

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LOS ÁNGELES -- El futbol tiene un lamento: el 0-0. Es como un aborto premeditado para la esencia de este deporte. Suele, a veces, ser un deplorable diagnóstico de la histeria entre ambos equipos por no perder.

No fue así este domingo. Pumas y América estigmatizaron el 0-0 con una devoción por ganar. Fue una saludable reyerta que no se dignificó en el marcador por los postes del América y por que se ramificaron brazos y piernas de Saldívar por Pumas.

Más allá del desencanto del 0-0, que implica un saldo amargo de impotencia, la rivalidad entre Pumas y América derivó en un partido agradable, a veces, cierto, con una intensidad con más vocación a despojar que a procrear.

Pumas sigue encariñado con la sorpresiva posición de líder general, mientras América sigue deambulando en ese vestíbulo de dudas sobre lo que promete ser y no es.

Sin duda, el empate tiene cromosomas de frustración para El Nido. Para la UNAM, pese a ser local, significa seguir al mando del pelotón, aunque cierto, en la Jornada 3 tiene menos garantías que el voto en México.

El espectáculo, el rendimiento, más allá del marcador muerto de desdén, ¿a qué afición deja más tranquila? ¿A qué equipo le disipa más dudas?

Ciertamente la UNAM, ansiosa de tranquilizantes, al menos reivindica que sus victorias anteriores (Pachuca y Atlas) no fueron necesariamente ante dos muertos, sino que el equipo pretende, y puede, encontrar mejores resultados.

Para América, que apenas cierra contrataciones, mantiene mejores números que calificaciones a su rendimiento. Grave incluso, cuando por momentos desaparece, se desconcentra y permite que el adversario le abrume, como Pumas lo hizo este domingo.

Porque, además, la Fecha 3 aún no permite hacer diagnósticos contundentes, especialmente en una Liga en la que los promotores aún tienen carta abierta para arrimar tentaciones a directivos corruptibles y a entrenadores desesperados.

Miguel Herrera atraviesa por el disgusto de tener que improvisar posiciones e improvisar funcionamientos. Debe cargar con la negligencia de su directiva en la búsqueda de sus opciones número uno de refuerzos, y retener a jugadores a los que habría querido negociar.

El Piojo es más dueño del plantel que le entregan las circunstancias, que del plantel que él mismo habría querido conformar, prueba de ello es que sigue intentado que Cecilio Domínguez al menos se acerque a las promesas de su escueta hoja de vida como profesional.

Lo cierto es que La Voz del Amo ha sido nítida. Miguel Herrera sólo puede abrir una de dos puertas al final del torneo: la de la sala de trofeos para colocar la Copa de la Liga MX o la puerta de atrás de Coapa, a través de la cual se escurre en sigilo y con vergüenza, de El Nido.

"Emilio (Azcárraga Jean) nos ha pedido ser campeones", ha reconocido Miguel Herrera, en un reclamo por la grandeza del América y porque ya empieza a incomodar al centralismo en México la hegemonía de los clubes del Norte.

Y Pumas, ensayando jugadores nuevos de sangre vieja, pinceló detalles promisorios en los 90 minutos, en especial porque la relación entre Castillo y Alustiza, si ambos se mantienen sanos, y el primero no decide salir a cazar inocentes con su pistola de balines, ese matrimonio puede consumar un futuro agradable.

Pablo Barrera y/o Jesús Gallardo deberían completar esa ecuación, pero, ya se sabe, viven felices ambos en la aburguesada intrascendencia de nacer, crecer y morir como eternas promesas. Sus carreras profesionales tienen onomástico el 1 de noviembre.

Como sea, estos Pumas cotizan en el respeto de manera diametralmente opuesta al anterior certamen.

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LOS ÁNGELES -- Apesta a suicidio. Pero, digamos que América murió de todo. Y que murió por nada. Murió vejado, humillado. Tigres no tuvo compasión. Le puso escándalo e inclemencia al epitafio: 4-0 en el global.

Y claro: 17 equipos sonríen satisfechos ante la evocación y la invocación del Ódiame Más. La felicidad mezquina se infiltra en los triunfos ajenos.

Si Morelia no inventa una odisea mayúscula este domingo, la Final cita a Tigres y Monterrey: los dos mejores equipos y las dos escuadras más caras de la Liga Mexicana. Cartera manda: 13 seleccionados nacionales de diferentes países entre ambos equipos.

América murió de todo. Murió de epidemias. O de pandemias: expulsiones (Guido, Edson), apatías (Romero, Uribe, Ibarra), enanismo espiritual (Quintero, Paul Aguilar y otra vez Romero), banca (¿Güero Díaz?) y estrategia (Miguel Herrera).

Y América murió por nada. Aguerrido de arranque, se desordenó pronto. Y el corazón se le encogió. Y las neuronas también. Y las gónadas, por supuesto. Y la fe en si mismo. Y la fe en su adiestrador. Y hasta las expulsiones parecieron un acto de deserción, de cobardía.

Este sábado, en El Nido empezaron a montar de inmediato el tianguis de la desintoxicación: Quintero, Uribe, Guido, Valdez, Samudio, Ibarra... y contando. "Le cambió mis dos pollos de 50 por su gallo de cien".

Y a Miguel Herrera le aguarda el banquillo de los acusados. Prometió al patrón el título. Y Emilio alarga la sequía sin festejos. Cuidado y alcanza a Cruz Azul.

Tigres fue paciente. Le amparaba el 0-1 de la ida. Y sus jugadores empezaron a despedazar psicológicamente al árbitro Fernando Guerrero, ante cualquier falta de las Águilas. Hasta en eso se calló y se les cayó el pico a las Águilas.

Enner Valencia le rompe la impavidez del 0-0 al marcador. Y vendría su segundo, luego de su acto de rebeldía ante la etiqueta de reservista que le impuso su entrenador. Gignac cerró la cuenta desde el manchón: 3-0 en la dosis y 4-0 en el global, ya sin sudar, sin despeinarse, y podría decirse, al final con un dejo de piedad para no hacer caldo del avechucho caído.

Tras sólo 45 minutos de ajetreo, esos en los que el América, medianamente quiso, pero ni supo, ni pudo, Tigres gozará de un día más de reposo que Monterrey. La fiesta será toda regia.

Lo cierto es que, desplumadas, las Águilas podrán desprenderse más fácilmente de esos gorupos que les chupan la sangre y las avergozaron en esta semifinal ante Tigres.

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MIAMI -- Escalofríos. Cuando el destino de México rodó bajo la sombra de Alemania esa debió ser la sensación colectiva que reptó entre la piel erizada de los mexicanos.

La desgracia tiene memoria de bibliotecario: Argentina 78, México 86, Confederaciones 2017... y contando. Alemania ha hecho del Tri más un escalón que una víctima. Las víctimas, a veces, merecen condecoraciones.

Las penurias llegan acompañadas: Suecia y Corea del Sur se agregan al vecindario. Las recientes experiencias del México de Juan Carlos Osorio ante los europeos, más allá de la victoria sobre Polonia alternativa y una Rusia maltrecha, han sido funestos.

Suecia goza de rigor táctico, de rascacielos, de poder y de futbol pragmáticamente desesperante. Jugará al gato con el ratón verdusco.

Corea del Sur ha crecido. Le han marcado la pauta el poderoso desarrollo de Japón y la intromisión de Australia. La experiencia de Francia 98 es una referencia inútil: aquella era un grupo de sudcoreanos en párvulos.

Pero, la emboscada no es sólo en la caravana del grupo. Va más allá. Enseguida, como segundo del grupo, si los imponderables del futbol lo bendicen, lo aguardaría Brasil, que disputa con Alemania los momios generosos de los apostadores.

¿Hasta dónde puede llegar México? Hay demasiadas manos en la cocina. Demasiados cocineros, para un Tri, que requiere de un líder absoluto.

Incapaz Juan Carlos Osorio de un tacto capaz de estremecer al futbolista mexicano, ha tenido que asegurarse de auxiliares. Pero, Imanol Ibarrondo ya fracasó, rotundamente, con su prédica desgastada de que en cada bellota vestida de tricolor, puede emerger como parte de magia, un poderoso roble.

Ha agregado a Gerardo Torrado, sin duda un futbolista de temperamento y pundonor, pero que en sus afanes de guiar a equipos, no le ha alcanzado, incluyendo, claro, cuando era el caudillo del vestidor, por ejemplo, en Cruz Azul.

Con Rafa Márquez muy lejos de un nivel mundialista, le quedan pocos capataces en el vestidor y en la cancha, pues acaso el único con mediana credibilidad sigue siendo Andrés Guardado.

Hace dos años, Osorio se regodeaba al ver que sus jugadores europeos cotizaban en ligas europeas. Desde los diseminados en Portugal, hasta las insinuaciones de los Dos Santos, y de un Carlos Vela que todavía se comprometía más con el futbol que con esa vida hedonista que pretende continuar en la MLS.

Con el futuro inseguro para Javier Hernández, y con Raúl Jiménez demostrando más personalidad, pero, en las fugaces oportunidades como suplente, sólo el Chucky Lozano se atreve a levantar la mano... en la Liga de Holanda.

Con Inglaterra en el camino, como juego de preparación y dos adversarios que buscan para enfrentar en Europa antes de asentarse en Rusia, la ventaja que tiene Osorio es que podrá contar con un mes de trabajo para tratar de armar un es esqueleto, pero de muy frágil columna vertebral.

El discurso inicial de Decio de María y Juan Carlos Osorio, cuando fue presentado, era que llegaba para buscar "trascender en el Mundial", es decir, al menos El Quinto Partido.

Hoy, queda claro, ya un cuarto juego en Rusia 2018, tiene domicilio en el vecindario de la utopía.

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LOS ÁNGELES -- El VAR habría salvado al América del nefasto trabajo de Óscar Macías, pero no de la superioridad de Tigres.

Al final, el 1-0 describe y circunscribe el dominio de los felinos sobre el América en el Estadio Azteca.

El árbitro, dechado de errores en el Morelia frente a Toluca, marca un penalti que sólo existió en esa cabecita donde hicieron carambola los nervios, el temor, la ignorancia y una dosis imprescindible de estulticia: centro de Enner Valencia, el balón se estrella en el rostro de Bruno Valdez y después en la mano.

Y Macías se lleva el Oscar de las sospechas. ¿Sus jueces de línea? ¿Un ciego guiando a otro ciego?

Pero, sin duda, con el árbitro como villano absoluto de la serie, el América tiene más preocupaciones que estos jueces de crisálidas camisetas.

Imago7
El principal conflicto de El Nido: no juega mejor al futbol que sus adversarios. Porque lo mismo le ocurrió ante Cruz Azul. El doble 0-0 ante La Máquina lo envió a la tertulia del "friendzone" de las semifinales en la Liguilla. Un acto de clemencia del reglamento.

Además, si América pretende convertir a Macías en el mesías de Tigres, olvidaría, entonces, que Oribe Peralta y Diego Lainez bien pudieron cargar con tarjetas rojas por las guillotinas brutales disfrazadas de planchas que tiraron a sus adversarios.

¿Será acaso que, tras la representación pública de Miguel Herrera sobre su patrón Emilio, con manotazo en la mesa incluido, con eso de "quiero a mi equipo campeón", la histeria y los nervios han traído convulsiones nerviosas en El Nido?

¿A estos felinos pragmáticos, cómodos, de colmillo retorcido, de diente de sable --que no se inquietan ante nadie, que no sea el Monterrey--, a estos mismos Tigres, podrá el América hacerle dos goles en El Volcán?

Después del 3-1 a Cruz Azul en la Fecha 13, el América ha marcado dos goles en siete partidos... pero ha recibido cinco. Dos goles en siete juegos equivale a que marca un tanto cada 315 minutos.

Mientras tanto, Tigres, como local, recibió tres goles en ocho partidos y marcó 17. De miedo los contrastes.

Miguel Herrera tiene poco tiempo, horas acaso, para resucitar a su equipo, no sólo en lo anímico, sino puntualmente en lo futbolístico, donde el equipo se ha estancado de manera dramática, arrastrando la esperanzadora brillantez individual de sus jugadores.

Este miércoles en el Estadio Azteca, la tenaza que rompía candados y se vanagloriaba en el marcador quedó desvencijada: Oribe Peralta y Carlos Darwin, especialmente el colombiano, deambularon en la cancha. Los abucheos terminaron por oxidarlos.

De nuevo con Marchesín poniéndole piedad al marcador final, con un par de atajadas soberbias, el resto del equipo se vio torpe en idea, al grado que terminaron todos, al final del partido, arrejuntados bajo las faldas, amponas de excusas, de la pifia del árbitro Óscar Macías.

Si bien puede decirse que con una terrible injusticia, el silbante hizo justicia a lo que ocurría en la cancha, lo cierto es que las Águilas estaban ya muertas competitivamente, antes del asesinato a mansalva de Juninho desde el manchón de las sentencias.

Si bien el Tuca Ferretti tiene una banca poderosa, es innegable que el América tiene potencial en sus jugadores para trastocar la historia en El Volcán, pero Miguel Herrera debe primero rescatar conceptos y después solidarizar voluntades, especialmente, si es como dicen, que el grupo de jugadores paraguayos han iniciado una revuelta como respaldo a un Cecilio Domínguez, quien en realidad es una luciérnaga que se enciende en la calma, pero se apaga en las tormentas.

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América, U.A.N.L

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LOS ÁNGELES -- Pero dime... ¿De qué estás hecho, samaritano? Mientras amorosa y fervorosamente, levantas muros, hurgas en los infiernos de la muerte, restituyes vidas y ahuyentas mortajas, das de beber, sanas, reconfortas, das de comer, das cobijo, das consuelo, y enciendes veladoras, para apagar los cirios... mientras transpiras y resoplas con los músculos de la fe.

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano entre las galas luctuosas de este onomástico lúgubre y doliente del 19 de septiembre...

¿De qué estás hecho...? ¿Acaso de un acero más vigoroso y de un concreto más poderoso que el de los colosos colapsados en las entrañas de tu urbe, de tu ubre y tu palacio de espejos hechos rompecabezas? Sin duda...

¿De qué estás hecho...? ¿De una conciencia diametralmente distinta a tus gobernantes de sangre negra agazapados en el escondrijo al final de ese torcido laberinto de sus corrupciones, impotencias e incapacidades? Sin duda...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, ¿de qué estás hecho...? ¿Acaso de esa estirpe maciza de raza de tus propios héroes deportivos? De eso, sin duda, De eso y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que sobrevives con esa médula de mármol, tan inquebrantablemente guadalupana bajo la oración de la tragedia...

CortesíaJesús Corona puso su 'granito de arena' para los damnificados.

¿...Acaso estás hecho de esa temeridad de un Julio César Chávez, cuando entre los Santos Óleos de la derrota, sacó ese puñetazo de varón sobre Meldrick Taylor, y que por su sangre y por su etnia aceptó el post mortem como boxeador, pero para sobrevivir como mexicano, leyenda y padre, en aquel suicidio ante De la Hoya?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que levantas vuelo en esa vocación inalterable para juguetear al Ave Fénix, y que de entre el polvo frágil de las cenizas, reconstruyes, parece, cada 32 años, nuevas maravillas de caridad para tus herederos...

¿...Acaso de la misma progenie de conquista que un regordete, casi analfabeta, que salió de Etchohuaquila para tirar trabalenguas con el brazo izquierdo, y poner de rodillas, con el cañón al hombro a los trogloditas hormonalmente emperifollados de las Grandes Ligas...?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, que con músculo y rabia, laboras como topo mientras invocas el Santoral de todos tus atrios, para evocar a la musa casi sensualmente virginal de la esperanza, para que la muerte te dé un momentito de respiro, con la misma piedad que Macario en el cuento de Bruno Traven...

¿...Acaso de la misma rabia rebelde, de esa desentrañable incertidumbre entre el rezo y la blasfemia pagana, como la de ese saltimbanqui asesino a quien el Vicente Calderón le vomitaba "indio, indio", para burlarse de sus genes de Netzahualcóyotl, aunque al final Hugo Sánchez puso su heráldica en los museos de cada portería de España?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, debajo de esa epidermis hojaldrada, debajo de escamas de paciente titanio, para resistir los apocalipsis de los jinetes despiadados de la naturaleza, y con las alas cinceladas de devoción, cobijar a tus caídos...

¿...Acaso de los genes de tu propia mitología, para hacer del viento tu escolta, devorar los 400 metros y entonar el himno nacional ante los castillos negros del machismo, como Ana Gabriela Guevara, para corroborar que desde la historia oculta de la injustamente condenada Malinche, deja la huella de la mujer como precursora de épicas irrepetibles...?

De eso, de todo eso, sin duda, y mucho más...

¿De qué estás hecho...? Dime, mexicano, hoy cuando en el caos de la desesperación haces de tus lenguas y tus dialectos, el esperanto mismo de la solidaridad...

Tendrás, sin duda, todo eso de tus héroes deportivos. Y mucho más...

Porque hoy, ellos como tú, enaltecen la integridad y la entereza, especialmente en la ingobernabilidad oficial de sus respectivas hazañas...

Ni tú ni ellos necesitan líderes. Porque el líder, en tiempos de duria y cólera divinas, de nuevo, eres tú...

Por eso, dime, mexicano, ¿de qué estás hecho...?

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LOS ÁNGELES -- Las estadísticas enriquecen los análisis, pero no empobrecen las pasiones. Especialmente en torno al Clásico Nacional.

En semana impredecible de predecibles rivalidades, bajo el auspicio de la Copa MX, América enfrentando a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, el Clásico entre Guadalajara y Águilas se convierte en el epicentro emocional de la Jornada 10.

Tiempos hubo en que la aversión a 'El Nido', provocaba una solidaridad impulsiva hacia el Rebaño. Tiempos hubo en que hasta aficionados de Pumas y Cruz Azul guiñaban simpatía a los rojiblancos. Justicia en mano ajena.

Hoy, sin embargo, desde el arribo salvador de Jorge Vergara, y sus tiempos circensemente lúdicos de desplegados y bravatas, convirtieron a Chivas en súbito pararrayos del desprecio general.

Entre la animosidad generada por Vergara y el lema incitador del "Ódiame Más", el resto de la muchedumbre futbolera lanza un pronóstico imposible desde los sótanos azufrosos de sus entrañas: "Que pierdan los dos". Ni el Rey Salomón.

Pero, sin duda, con descaro unos, con esencia futbolera otros, y los demás con la ansia hipócrita de mirar de reojo, estarán en ascuas y como ascuas, revisando los 90 minutos en el Estadio Azteca. El odio es más poderoso que la indiferencia.

Getty Images

Llega el América ante Chivas dañado por estigmas escarlatas. La Cruz Roja inhabilita a Edson Álvarez para este juego y una tarjeta roja margina a Miguel Samudio. Dos bastiones defensivos.

Pero, las Águilas habitan intranquilas, aunque solitarias, en la suite presidencial de la Tabla de Posiciones, debajo del dueño del Penthouse, ese Monterrey que con Antonio Mohamed tiene arranque de caballo fino y cierre de jamelgo lechero.

A ocho puntos y diez escalones, Guadalajara ve en el América el fin o el principio de su ansiedad de Liguilla. Necesita 16 unidades de las 24 en disputa. Necesita la magia de 67 por ciento del botín en disputa.

Para Chivas, el Azteca puede ser el Mausoleo gigantesco y majestuoso donde se consuma y se consume el funeral de sus ilusiones de Liguilla. Una derrota sería la abdicación del campeón vigente, digan lo que digan las desesperaciones matemáticas de sus seguidores.

Pero, por el contrario, si el Rebaño consigue una victoria, en un escenario que le sienta bien en los tiempos de crisis, en los tiempos de desesperanza, como lo es el Azteca, no sólo la aritmética será generosa con ellos, sino ese trago largo de nutrientes espirituales de vencer al más odiado de los adversarios.

Este sábado pues, para Chivas puede caer el Maná de un marcador favorable, o pueden bañarse con las primeras cenizas de su título en el crematorio monumental del Azteca.

Insisto: los antecedentes, las estadísticas, lustran e ilustran. En torneos regulares, Matías Almeyda ha sido cetrero y certero cazando aves de rapiña, aunque en Liguilla, se convirtió en presa fácil.

Por otro lado, Miguel Herrera entiende la trascendencia de estos enconados antagonismos. "Uno sabe que cuando firma como técnico del América, aunque no venga en el contrato, está incluido que debe ganar todos los Clásicos (ante Chivas)", explicó alguna vez en Raza Deportiva de ESPNDeportes.

Ojo: a media semana, insistamos en ello, América enfrenta a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, en duelos a muerte. La supervivencia en la Copa MX está en juego. Al América puede no importarle, al ser una competencia que ofrece mucho menos que la Liga, pero Chivas, campeón defensor, no puede arriesgar el pellejo, pero ha quedado claro que sus jugadores no están para un par de zafarranchos de tanta intensidad en tan corto tiempo.

Escenario más dramático para Chivas, no puede ser: resurrección o muerte, en terreno inhóspito, y ante un América más rabiosamente predispuesto a la inclemencia que a la indulgencia.

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