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¿Chivas compensa con el campeonato?
En tiempos distintos, en territorios distintos, con destinos distintos, el futbolista mexicano consumó este miércoles una doble conquista.

1.- El Pacto de Caballeros ha sido exorcizado por los bandoleros que lo crearon. Ha sido roto uno de los eslabones del grillete -de oro, cierto-- del futbolista en México.

2.- Chivas se corona campeón de la Concacaf, en ese reducto rebelde que es el último zócalo de reivindicación del futbolista mexicano.

Y el Guadalajara se corona, precisamente, en ese hoyo negro de rostro blanco que se tragaba vivos a los jugadores mexicanos: el manchón de penalti, ese fascinante Salomón donde la justicia encuentra un santuario inapelable.

Primero, en Toluca, en una mesa de negociaciones agreste, en la boca apestosa del lobo que regentea contratos y pactos esclavizantes, los futbolistas mexicanos obligaron a que el fantasmagórico Pacto de Caballeros, sin rostro ni forma, quedara, finalmente, sepultado en ese cementerio torvo y abusivo de la FMF.

Y después, en la cancha, con sólo jugadores mexicanos, esos que los otros 17 Herodes del futbol mexicano, se empeñan en extirpar, en segregar de sus nóminas, así, con sólo nativos, Chivas se corona campeón de la Concacaf venciendo en penaltis a Toronto.

A su estilo bajo la doctrina de Matías Almeyda, bajo los espesos humos de la angustia, de los microsismos en los corazones desfallecientes, y hasta evidentes errores arbitrales, el Guadalajara consuma un triunfo en el escenario dramático de la definición desde el manchón de las sentencias.

Hay similitudes en los dos escenarios. Parecía que los dueños de equipos lograrían revocar las apelaciones de los futbolistas en la mesa de negociaciones, pero, al final, la solidaridad del gremio hizo temblar a los dirigentes: la Fecha 17 se paraba, y con ella la Liguilla.

Los propietarios del futbol mexicano pueden poner en riesgo sus reglamentos, pero no sus ganancias. Salvaron los dineros, aunque perdieran a sus esclavos.

Y Chivas vivió bajo el estupor, la ansiedad, el drama, esa angustia veleidosa, pendulante, entre la gloria y el riesgo de la derrota, por la apuesta suicida por la victoria. Incluso en los estertores del juego, Jonathan Osorio dejó vivir al Guadalajara, cuando tuvo el gol para aniquilar el juego, pero perdonó.

En una exhibición generosa por parte de ambos equipos, llevando el trámite hasta el desfallecimiento físico, pero en la algidez moral y espiritual, en el cobro de los penaltis, irónico, erró de nuevo Osorio, tal vez arrastrando el trauma de minutos antes.

Y el suicidio para Toronto se consumó cuando el que algunos bobalicones consideraban el nuevo Landon Donovan, pero Michael Bradley ratificó como con la selección de EEUU, que los grandes retos le empequeñecen el alma. Y la voló...

Una jornada llena de brillo nuevamente para Rodolfo Pizarro, galardonado como el mariscal del torneo, pero que por traumas arraigados, el seleccionador mexicano, Juan Carlos Osorio, lo sigue viendo lejos del Mundial de Rusia. La miopía del colombiano la envenena aún más por el hecho de negarse a reconocer que él y su auxiliar Pompi (AKA Luis Pompilio Páez) se han equivocado.

Doble jornada histórica para el futbolista mexicano. De esas que suelen ser, que deben ser, un punto de quiebra, un punto de rompimiento. Un revulsivo.

Despedazó, en la mesa, en Toluca, apenas una de las cadenas -de oro, cierto--, de su esclavitud, pero abrió un campo de batalla para forzar las otras.

Y por otro lado, en la pureza de la cancha, Chivas dejó el mensaje a una Federación Mexicana de Futbol, y a los engendros de sus engendros, Decio de María y Enrique Bonilla, que el futbolista mexicano debe ser el protagonista legítimo de su propio torneo, y no víctima de la voracidad y corrupción entre dirigentes y promotores.

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LOS ÁNGELES -- Chivas quiso, supo y pudo. América quiso, pero ni supo ni pudo.

La batalla concluyente es entre México y Canadá. EE.UU. no va al Mundial y ni siquiera a la Final de la Concachampions: Guadalajara contra Toronto. Un plantel sólo con mexicanos, contra un combinado de ocho nacionalidades.

Chivas vivió un calvario. Rodolfo Cota fue la figura. Él y una jornada en la que todos los sortilegios y chamanes se acurrucaron de su lado.

Jugando con diez, porque el Bruce Willis de copete hitleriano (AKA Alan Pulido), fue el mejor recuperador de balones para RedBulls, Chivas montó su trinchera, resistió el vendaval de los neoyorquinos, que por instinto embestían con su sello, como toros enloquecidos, y no les alcanzó.

En un frontón humano, los rojiblancos terminaron con migraña y cita para urgentes encefalogramas: 27 cabezazos en el área para alejar el peligro, a sabiendas incluso que Cota era el hombre clave para evitar el naufragio.

RedBulls ensayó con el ordinario y primitivo repertorio del pelotazo al área. Una frase de Jesús Bracamontes es digna del epitafio neoyorquino: "Van tanto al pelotazo que se olvidan de jugar al futbol". Impecable síntesis.

Y en esa resistencia extrema, Chivas mantuvo de pie su Muro de Jericó, resistiendo nueve remates a la portería y un buscapiés que se arrastró paralelo a la línea de gol, sin que dos atacantes emeleseros llegaran a la cita por la eternidad de una milésima de segundo.

Cierto: Chivas deberá mejorar muchísimo para poder confrontar a Toronto. Sufrir enconchado nuevamente en la Final, ante un adversario más poderoso, sería un suicidio.

Por lo pronto pierde a dos jugadores para el Juego de Ida en Toronto: un Jair Pereira, a quien no se extrañará, pero sí a un heroico Rodolfo Cota.

¿América? Quiso. Quiso siempre. Pero más allá de que Alex Bono tuvo también su noche afortunada, jugó con ansiedad, con nervios, con desesperación.

Pero, encima se encuentra con una descolgada, desatención en el fondo y Jonathan Osorio desplumó las ilusiones en El Nido. El 0-1 se convertía en un escandaloso 4-1 que tranquilizaba a Toronto, que sufría desde el minuto cinco la ausencia por lesión de Jozzy Altidore.

Con Michael Bradley como genuino líder, clavado en ocasiones como otro defensa central, resistieron el oleaje desordenado de las Águilas.

Y así, Oribe Peralta, Andrés Ibargüen, Mateus Uribe, Renato Ibarra y Paul Aguilar, entre otros, terminaron reverenciando a Bono, mientras que Henry Martin confirmó que tuvo su noche de Cenicienta ante unos Lobos BUAP con diez hombres, y luego volvió a la calabaza del Nunca Jamás.

Un regalo arbitral hace más patética la eliminación americanista, con el cobro de Uribe. 1-1 en el Azteca. Inútil... el resultado.

¿Fracasotototote americanista, según la elocuencia de Manuel Lapuente? Sin duda. Ahora, Miguel Herrera lo sabe: ganar el título de la Liga MX es absoluta obligación.

Ahora Chivas, concretamente con Paco Gabriel De Anda como responsable, deberá tomar la chequera del patrón, Jorge Vergara, para saldar las cuentas millonarias que adeuda a los futbolistas, que, necesario decirlo, demostraron que no los consume ni los agobia el adeudo.

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Chivas... RIP

FECHA
08/04
2018
por Rafael Ramos Villagrana
LOS ÁNGELES -- Una de las últimas imágenes del funeral de Chivas ante Veracruz (0-1), escaneó de manera perfecta al Guadalajara.

Con el perfil enfilado hacia la puerta de salida, Jorge Vergara, de pie, es captado por unos segundos. Se detiene. El rostro es una máscara de decepción. Pero se le ilumina cuando el reloj se colapsaba. Tiro libre para Chivas.

Sí: la esperanza es una arpía de puro sadismo cuando ya estás en la plancha de autopsia y no te han avisado.

Eso fue el Rebaño en este torneo. Un rostro preocupado, frustrado, pero ilusionado. Un equipo que sabía que podía, Y que sabía que debía. Pero que sólo empezó a querer hasta que recibió el bautizo de fuego ante el América.

Ahora es difícil precisar si ante las Águilas comenzó para el Guadalajara la epifanía de sus propias posibilidades, o el principio de su extremaunción.

Lo cierto es que Chivas, viviendo, tras ese postergado y tardío acto de arrepentimiento, en el frágil dintel de la ilusión, terminó su viaje ficticio a la Liguilla este sábado por la noche.

Y lo peor, ante el Veracruz. Y en términos de barriada "lo más pior", en su estadio, donde la victoria es casi una leyenda urbana. Y "lo mucho más pior", sin tener aún tomado del pescuezo el boleto a la Final de la Concachampions.

¿Se equivocó Matías Almeyda? Hoy, sometido a juicio, el Pelado, tendrá que ser sojuzgado bajo el escrutinio de tres cabezas. Una: que tiene voz, Paco Gabriel de Anda. Otra que tiene voto: Jorge Vergara. Y la otra que tiene, pues cabeza nomás, como El Pelagatos 2.0 de Vergara (AKA José Luis Higuera), según Ricardo Peláez.

Y claro, la hidra de millones de cabezas: la afición. Aquí, permítaseme un acápite: ¿Por qué los seguidores de Chivas que han sido intolerantes, despiadados, brutales, con otros técnicos de mejores números que Almeyda, hoy son hasta abogados parlanchines del argentino?

Más allá de que ya fue lamentable que Benjamín Galindo fuera crucificado inmisericorde e injustamente por el error mental y técnico que causa la derrota ante Veracruz, volvió a ser deplorable, y ahí no hay defensa, que el delantero más caro que ha llegado al futbol mexicano, el Bruce Willis Tenocha (AKA Alan Pulido), tuviera de nueva una noche de arrogancia.

Ese hombre, capaz de someter secuestradores, y aspirante a copiloto de Vin Diesel en Fast and Furious, con esos aires de sentirse el ombligo del universo, no pudo enjaretar la pelotita en el ombligo de Melitón.

Ciertamente Chivas tuvo otra jornada paladeable. Eso exculpa a Matías Almeyda sin duda: la calidad y vistosidad de juego. Dominó a Veracruz de manera absoluta y Melitón eligió ser sublime esta vez, porque el ridículo le espera a la vuelta del calendario.

Y además esa parvada de mozalbetes, con cara de rufianes de kindergarten, que disfrutan en la cancha a pesar del sufrimiento a cuestas de apagar la última antorcha de la ruta agreste a la Liguilla. Y eso también exculpa a Matías Almeyda.

Para los amantes de las estadísticas: en la era de Jorge Vergara, ningún técnico había dado la oportunidad a tan genuinas promesas del Rebaño, pese incluso a que el cunero rojiblanco ha sido saqueado los últimos años con los exilios de Efraín Flores y José Luis Real, y con el caos temporal con la llegada de Albert Benaiges, y hasta la actual "reconstrucción" de los amigos de El Pelado.

Ante Veracruz, más allá de la hegemonía absoluta en balón y cancha, a Chivas le faltó la cicatriz en el marcador: el gol, ese salomónico juez.

Mientras Red Bulls, al igual que Toronto, reposa en la MLS, y entrena cómodamente en el glaciar neoyorquino, Chivas decide salir a la cancha sin Rodolfo Pizarro. Eso implicaba más sudor, para que el músculo subvencionara el talento.

No hubiera parecido necesario Pizarro, si el delantero más costoso en la historia del futbol mexicano hubiera hecho uno de esos goles, que alguien, uno solo, ya sabía que iba a fallarlos siempre: Tuca Ferretti.

Pero Pulido, y la transmisión lo demuestra, acicaló más su copete hitleriano, este sábado por la noche, que lo que sobó la pelotita.

Aaaaaahhhh, pero si tuviera con el pie esa misma puntería que tiene con el gel, Pulido se habría quedado en Europa... O Chivas estaría en la Liguilla.

Hay una respuesta que pertenece a la afición: ¿indemniza, los anhelos rojiblancos, ganar, si ocurre, la Concachampions, ante otro fracaso al quedarse sin Liguilla al menos?

Recordemos que la afición de Chivas se burló de la americanista porque en el Año del Inde-Centenario azulcrema, sólo pudieron ofrendar ser los mejores de Concacaf. Amargo es el merengue de la despiadada revancha.

En el círculo íntimo de Matías Almeyda se insiste que si no va a la Copa Mundial de Clubes, empaca maletas. Paco Gabriel de Anda ya tiene al sucesor: Víctor Manuel Vucetich, aunque la afición se seduce con Rafael Puente.

Como sea, es deseable que Chivas gane al menos el torneo de vecindario que es la Concachampions, porque, lejos de cualquier filiación rojiblanca en este espacio, como lo saben los tres o cuatro asiduos, insisto en que el Guadalajara es el único bastión --y casi desfalleciente--, de reivindicación del tan vapuleado futbolista mexicano.

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LOS ÁNGELES -- En la cima del oficio. En la sima de la ansiedad. Así deberán ejercer Chivas y América en el cierre de Semifinales de la Concacaf.

Malherido, con tres heridas en el pecho, América tiene la ventaja de emboscar en El Nido a un Toronto reposado y con una médula espinal de oficio, sin Mundial, cierto, pero con oficio, y un bajito con los focos encendidos como Giovinco.

El 3-1 oscila en esa fascinación anunciada, innegable, entre la tragedia y la hazaña. El águila obligada al rol enigmático del Ave Fénix.

Getty Images

Chivas, en tanto, consiguió un reintegro apenas del pase a la Final. El 1-0 del miércoles por la noche tiene ese saborcito de insuficiencia. Matías Almeyda fue inteligente: "Estamos 0-0". Ni más ni menos.

Como sea, la victoria contrasta. En Guadalajara hay una sonrisa nerviosa, pero en El Nido hay un falleciente y desfallecido en terapia intensiva.

Con la única ganzúa que tiene, Rodolfo Pizarro, Chivas colapsó la caja de caudales que le montó Red Bulls en su estadio, que lejos del trapío de su mote, parecían los Toros Rojos más lívidos, pálidos, mojigatos prófugos del arado, sembrando surcos en la cancha del Akron.

Mientras Rodolfo Cota sólo una vez desquitó el sueldo, ante la paranoia vacuna por no perder, Pizarro se convirtió de nuevo en la figura de Chivas. Le sentó bien la Fecha FIFA porque le quedó claro que tiene que ser más y hacer más que el convaleciente Giovani y el resucitado Marco Fabián, si quiere ir a comprar matrioskas.

Pizarro repitió la faena del viernes ante Morelia: robó, enfiló, pero esta vez sirvió a Brizuela, que dejó de ser un patético conejito de Pascua, y evolucionó en Roger Rabbit, para definir de manera compleja, pero eficiente, a la salida del arquero.

A sabiendas que Pompi (por Luis Pompílio Päez, auxiliar del Tri), entregó notas reprobatorias en la Copa Oro, Pizarro ha decidido conseguir lo que nadie ha podido: que Juan Carlos Osorio esté en sus cabales, y lo convoque. No será fácil.

Sin embargo, cabe la pregunta: ¿Si Osorio tan impacientemente paciente, tan intolerablemente tolerable para tratar de encontrar ese Sergio Busquets que Diego Reyes no lleva dentro, no podría dedicar un poco de terquedad a Pizarro?

Porque si Osorio dijo en Nación ESPN que "Diego Reyes es el jugador con mejor salida" en la selección mexicana, podría tal vez, total, ya en esa doctrina del autoengaño, de la alucinación, ver en Pizarro dotes de Mbappé. Digo, si de alucinar se trata.

Por lo pronto, Pizarro tiene en sus manos su visado a Rusia. Si el tándem colombiano, que fue capaz de forzar las salidas de Santiago Baños y Raúl Gutiérrez, no lo quiere, ahí estarán, en ese estricto orden, Dennis Te Kloese, Gerardo Torrado y Memo Cantú, para abogar por él.

Reasumiendo y resumiendo del tema original, Chivas y América tienen ese oficio en situaciones de alta tensión que no tienen Red Bulls ni Toronto, aunque éste último tiene cartas ocultas.

En la vuelta, Toronto jugará con la desesperación americanista y seguramente levantará ese muro fronterizo, deportivamente hablando, ante las embestidas americanistas.

Con Red Bulls será distinto. Incluso no sería extraño que el estadio se poblara de rojo y blanco, pero no tanto por la pasión local, sino por la migración mexicana con pasión por Chivas.

Claro, al final, todo se resuelve con futbol. Y, por supuesto, por las debilidades de los árbitros y las debilidades avariciosas de la Concacaf, porque recordemos que en sus entrañas, se piensa, se habla y se elucubra, no en inglés, sino en estadounidense.

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Chivas/America
GettyMatías Almeyda y Miguel Herrera se saludan previo a un partido en el Estadio Akron.

LOS ÁNGELES -- Algunos técnicos se refugian dicharacheramente: "el resultado depende de los jugadores un 80 por ciento y un 20 por ciento del entrenador", dicen mientras se santiguan hipócritamente. "Si pierden, son ellos; si gano, soy yo", piensan en realidad. Algunos.

En los Clásicos, los porcentajes se invierten. Es hora de que los patos les tiren a las escopetas.

Y especialmente en el Clásico Nacional. Ya se sabe: las circunstancias de los equipos se quedan en el cuarto de los trebejos. La lógica y el sentido común viven su concubinato en el destierro, en el exilio.

En ese circo magnífico, en el Clásico Nacional, el peor, en el peor de sus momentos, le puede pegar al mejor en el mejor de sus momentos. ¿O no...? O no...

Y ya no pasan este tipo de confrontaciones, estrictamente, por la nómina, por la calidad de los jugadores o por los títulos y cicatrices acumulados por cada uno de ellos. Llegan desnudos a la arena.

El Clásico Nacional ya no es un juego de nombres, es un desafío entre hombres. Ahí, en el ojo de ese huracán mediático y deportivo, ya no es lo mismo guapura que guapeza.

Porque coludidos todos los imprevistos, el jugador más rudimentario y Neanderthal de la cancha tiene su jornada de revelación y epifanía, y termina abochornando al más exquisito futbolista de los rivales convocados. Los gañanes destrozan maniquíes.

Esta vez, en esta cita del fin de semana, la Legión Extranjera del América se presenta con jugadores de ocho nacionalidades, y en una corte donde los mexicanos son animadores más que protagonistas.

En tanto, Chivas, defendiendo su historia, su tradición, su raigambre escolta lo más rescatable de la cosecha mexicana, habida cuenta que los que son mejores que ellos, pululan en Europa, la mayoría de esos exportados, más guardaditos en la despensa que onerosos en la mesa de los banquetes. Y claro, algunos viven su jornada de retiro en la MLS.

Al final, tendrían ventaja, con evidentes diferencias en potencia física por parte de los americanistas, y con técnica de escuelas más depuradas que la mexicana, de la que egresan con honores algunos "rara avis in terris", diría Juvenal, el escritor satírico, que en este caso podría ser también sátiro.

Mientras la fauna del futbol mexicano desea que pierdan los dos, aunque, cierto, con algún rencor acumulado hacia el Ódiame Más del americanismo, Chivas presenta dificultades en una zona defensiva, cuyos componentes se convierten en socios de los adversarios, aunque, de media cancha hacia el frente, dispone de recursos para preocupar a las Águilas.

En ese escenario, de una eventual igualdad de planteles y de disparidad en la propuesta en la cancha, la palabra queda, absolutamente, en manos de los entrenadores: Miguel Herrera y Matías Almeyda. ¿Quién será el mejor Leónidas?

El Piojo tiene un respaldo generoso: es el mejor chantajista de emociones hacia sus jugadores con una camiseta en la mano. Al Piojo no le importa que a la cancha no salga ningún americanista de cuna. No los hay, son especie en extinción.

Miguel Herrera les recuerda a sus jugadores que por el salario que reciben le han vendido su alma y su pellejo al diablo, a él, como técnico, y al club.

El mismo Piojo vende actas de nacimiento a cada uno de sus jugadores notariadas en el Registro Civil de El Nido de Coapa. Ser americanista ha dejado de ser una herencia para ser un código de barras.

Y hemos visto transformaciones asombrosas: Carlos Darwin, Cecilio Domínguez, Mateus Uribe y Guido Rodríguez. Todos fueron puestos transferibles en diciembre. Hoy, a excepción de Quintero, son, los otros tres, indispensables.

¿Matías Almeyda? De las cenizas del torneo anterior, algunas secuestradas y malversadas por un ex americanista, como José Luis Higuera (Pelagatos 2.0, según Ricardo Peláez), trata de resanar y parchar un émulo de su equipo campeón. Ya sabe que ya no puede contar con el asustadizo Santander.

Más allá de darle un futbol generoso, seductor, paladeable, del cual su equipo ya sólo ofrece retazos y especialmente en casos de angustia en el marcador, El Pelado apeló al discurso para tratar de convertir en héroes a, irónicamente, esos engendros de los que se quejaba públicamente hasta en Argentina: "Tengo que trabajar el triple para que me entiendan los jugadores mexicanos".

El Guadalajara ha tenido momentos de dominio, de futbol activo y atractivo, y ese ritmo veloz, a su máximo vértigo puede complicar al América, pero necesita Almeyda meterse en la cabecita huidiza de los jugadores y hacerles entender de la trascendencia múltiple de una victoria.

Necesita, El Pelado, tomarlos de las orejas y plantarlos ante el espejo resplandeciente de la gloria, si es que queda alguno en el Guadalajara.

La frase de Plutarco retumba en este momento: "Una manada de ciervos liderada por un león, es más peligrosa que una manada de leones liderada por un ciervo".

¿Pesan más las amenazas veladas de Emilio Azcárraga Jean: "quiero al América campeón, como sea"?

¿O pesará más el arrumaco paternalista de Jorge Vergara: "No creo en premios ni en castigos, creo en responsabilidad y compromiso"?

Miguel Herrera y Matías Almeyda. El Piojos versus El Pelado ¿Quién será el león y quién será el ciervo?

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LOS ÁNGELES -- Matías Almeyda es una efigie a la impotencia, a la frustración. Ese rostro de compunción, de constipación crónica...

El mismo Pelado se autodiagnóstico hace tiempo de manera chusca. A Chivas lo sigue empapando "el dinosaurio, aquel, de los antiguos (no de los modernos)".

Y cómo desmentirlo. Este domingo, el Guadalajara borró a Pumas. El marcador es un suplicio en la equívoca equidad del 1-1.

Es un enigma para Almeyda. Chivas tenía todo para ganar. Y Chivas hizo todo lo posible para perder. Al final, empatan... con resabio a derrota.

Oswaldo Alanís se pierde en el 1-0. Se redime en el 1-1. Pero, se recondena al errar el penalti en los estertores del juego, cuando Chivas agobiaba a Pumas en la segunda parte (79% de posesión).

Y encima, el Guadalajara carga el lastre viscosamente deshonroso de las dádivas arbitrales. Esta vez, peor aún, con un silbante que aún es indefinible. Imposible saber si es tan malo o es tan promiscuo. César Ramos Palazuelos ejerce pluralmente la estulticia y la perversidad.

Palazuelos juzga penalti en un jaloneo entre Godínez y Arribas. De esos zipizapes que hay más en el área que en un vagón del Metro en horas pico. Ese sí lo marca Alanís de manera impecable: fuerte, raso y colocado.

No serían los únicos engendros de esa simbiosis contaminada de torpeza y dolo de Palazuelos. Él fusiona, sin arrobarse, sus vicios y sus defectos.

Pero Chivas no puede obsesionarse con el arbitraje. Sus jugadores son jueces y parte de sus veredictos. Los fracasos son suyos...

Este domingo el ataque del Rebaño agobió la portería de Pumas. Estuvo en posición de fusilamiento, en jugadas magníficamente creadas, y también en la impunidad asesina del penalti. Pero a Alanís se le había exprimido el resto de testosterona en el primero. Y lo voló.

Pumas tomó el control del juego a los tres minutos. A la reumática, mental y físicamente, defensa de Chivas, la toma --como tantos otros tantas veces--, desorganizada, mal parada y en ese lugar no identificado donde los bobalicones viajan de polizontes. Pumas no perdona, y Nico Castillo hasta parece figura europea. 1-0.

Después Pumas pudo crear otras más. Pero, ya con una banderilla en el lomo, la defensa rojiblanca y su portero, las entorpecieron, hasta con un balazo al poste izquierdo de Cota, quien desvía apenas el balón con el último trébol de cuatro hojas.

El segundo tiempo se resume simple: Chivas acosó, sometió, acometió sobre la portería de Pumas, pero desperdició al menos seis con perfil inequívoco de gol, mientras Pumas, ya con Alustiza fuera, por esos estertores hormonales que se traducen en pánico en David Patiño, se arrejuntaba al fondo.

La televisión recreaba casi de manera cruel, como en filme de suspenso, sus tomas entre el despilfarro en el arco de Pumas y el catálogo inagotable de esa mímica de desesperación, abnegación y resignación por parte de Matías Almeyda. El dinosaurio "ése, de los antiguos", volvió a enfermarse del riñón.

Ciertamente Chivas sigue siendo uno de los equipos que mejor juega al futbol bajo este estilo Kamikaze, además del fervor por el ataque. Necesita un goleador nato y no un aspirante a ninja de bisutería como Alan Pulido.

Pero, el problema más grave es en el embudo de su zaga central, ya sea con el Pereyra de porcelana, el Salcido de la tercera edad, el Marín de generosa cintura, el Basulto en pañales, o el trémulo Alanís, con cualquiera de ellos, o todos junto, la defensa rojiblanca es más fácil de asaltar que una casilla electoral en México.

El Bruce Willis Pulido abandonó, literalmente, la refriega ante Pumas, tal vez porque ahora sí, en el Clásico espera desquitar esos 16 millones de dólares que le costó al Guadalajara poder contratarlo.

Ya es tiempo de que las heroicidades ficticias y ñoñas, del atacante de hitleriano copete, en secuestros o al volante, las consume como realidades donde a la afición le interesa: en la cancha, sin aspavientos y sin tantos videos en ropa interior...

Porque sí, se viene el Clásico ante el América, con esa investidura mediática de ser el todopoderoso.

Pero, curiosamente, a veces, para Chivas, ese tipo de emboscadas, son las que suelen resucitarlo. Veremos...

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LOS ÁNGELES -- Henry Martín se ha alejado de las redes, pero no se ha alejado del gol. Y salvó al América ante los Tiburones.

Cuando Veracruz preparaba su postcarnaval, con los héroes guapos como Reyes Feos, Melitón Hernández y Carlos Esquivel, bajo el amparo del insólito 1-0, y con la hemorragia de segundos del minuto 92, cuando el sepulturero se frotaba las callosas manos, entonces, apareció Martín.

El área jarocha parecía estación del Metro en hora pico: congestionada, con empujones y repegones entre atacantes y defensores. El sístole y el diástole en el reloj de angustia y exasperación americanista. Y la tribuna con taquicardias.

La pelota rebotaba enloquecida. Henry Martín la husmeó en su ruta. Fue el estertor de un delantero, una genuina patada de ahogado en el lodazal del Veracruz: un taconazo hacia el arco, fue el grito de auxilio del atacante, el salvavidas al rescate.

Y la pelota zumba entre los túneles del desconcierto y la impotencia del resto de veracruzanos y americanistas. Pero, llega, dócil, obsequiosa, tanto, que hasta Bruno Valdez le pudo poner la cuota cariñosa y mimosa hacia la red. El gol lo grita el paraguayo, pero la pantagruélica potestad es del mexicano. 1-1.

Y el Deja Vu de aquella Final en el Azteca. Memo Vázquez en la banca de Veracruz, y Miguel Herrera fuera de la zona técnica. Como en aquella Final entre América y Cruz Azul: Memo con el corazón en modo parsimonia, y El Piojo con el corazón en modo infarto.

Dos minutos después, el árbitro acaba con el drama. América resoplaba con dolor en el costado esa condición de invicto. Se escapó de la tumba antes de las exequias.

Y al reloj de Veracruz le faltaron dos minutos de pundonor y estoicismo para ganarse un tanque de oxígeno y arrebatarle un copete glamour y de soberbia al líder del torneo.

Los Tiburones habían rozado la heroicidad. Primero Carlos Esquivel con tiza de billar le picó con rambersé giros extraños a la pelota, a la derecha de Marchesín, cuya estirada la escurre burlona la picaresca rotación del efecto del balón para ese 1-0 que reventaba las quinielas y amamantaba de felicidad a la creciente nación antiamericanista de 17 equipos. Ese gol escupía Ódiame Más.

Y si bien Gallese se mantuvo firme, hasta que se le dañó uno de sus espolones, la noche reclamaba otro arlequín en el cierre del carnaval. Y de su Miércoles de Ceniza, desde la banca, Melitón apareció para detener absolutamente todo a los fusileros americanistas, todo, hasta que llegó ese recurso de arrabal, de potrero, de la enciclopedia de lo ingenioso y lo grotesco, ese, el taconazo de Henry Martín, que Bruno toca suavecito hasta el fondo.

La noche de Melitón la hicieron más glamorosa las embestidas de sus atacantes. Sólo seleccionados nacionales de diferentes países, acudieron al tiro al pichón. Pero el arquero del plumaje mixto, de lo sublime y lo ridículo, impidió la tragedia al Veracruz.

Luego de un primer tiempo pobre, perezoso, desordenado, en el que los Tiburones tiraban tarascadas en la pelea del balón, mientras América tenía las llaves equivocadas de cada puerta que quería abrir, el segundo tiempo cambió de decoración.

Y ocurrió así, porque el América sobrellevaba el juego, cuando Esquivel desde fuera del área ensancha la portería de Marchesín., y con ese gol en contra, la desesperación fue una descarga brutal que despertó a las Águilas.

Entonces, el encuentro entró en mejores hechuras, tras el soporífero castigo del primer tiempo, y comenzó el asedio encarnizado sobre Melitón, nombre que en griego significa "dulce como la miel", pero resultaba amargo como la hiel para los artilleros americanistas, incapaces de vencerlo.

Miguel Herrera volvió a hacer ensayos. Su América se le ha convertido en un Cubo de Rubik... para daltónicos. El equipo responde a impulsos personales, individuales, más que a una exacta recreación táctica.

Por ello, el invicto el América es un parche que empieza a deshilacharse, aunque hurta credibilidad de la inapelable condición de líder del torneo.

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Fútbol, México, Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- En la zoología, en la cadena alimenticia y en el futbol, los zorros ejercen sadismo sobre las chivas. Le pasó al Guadalajara en un 2-2 angustioso, injusto, ante los Gallos Blancos de Querétaro.

Volpi, en italiano, es el plural de zorro (volpe). Y el arquero Thiago Volpi ofrendó plural, masoquista y valientemente cada parte de su anatomía para detener las embestidas de Chivas. Y salvó en el segundo tiempo al gallinero.

Guadalajara recuperó la sustancia de aquel campeón. Sus jugadores se dignaron dignificar la profesión, el contrato, la camiseta, el privilegio y la obligación salarial de 90 minutos. Y lo hicieron correctamente. Era tiempo de esos pequeños burgueses.

Dos goles de Alan Pulido rescatan al Rebaño y la estabilidad emocional de su pastor Matías Almeyda. Goles al más puro estilo del escapista profesional y piloto suicida, primero con remate a bote pronto y después con peripecias de bailarín de sevillanas, selladas con un zurdazo.

Chivas mereció más. Mucho más. No sólo porque propuso el encuentro y lo hizo en el precipicio suicida, audaz, pero generoso y loable de jugar a matar y morir.

Más allá de que Volpi vestía de circenses lances la jornada, incluso con un peligroso balonazo en el rostro, el Guadalajara erró también por precipitación en su veintena de disparos, en ese afán desesperado por mejorar sus cifras, aunque el saldo sigue en rojo escarlata: 5 puntos de 21 posibles.

Podrá destacar Matías Almeyda un cambio drástico y dramático en la postura de algunos futbolistas, que tuvieron como colosos para sostener al equipo a Michael Pérez y a Orbelín Pineda, con el agregado contundente de que Pulido adornó el marcador.

Quedan, sin embargo, asignaturas para el técnico de Chivas. Goles de descuido. El primero, en una descolgada, al desperdiciar un tiro de esquina y en tres toques, la calamidad firmada por Edson Puch estremeció al Rebaño.

En el segundo gol, con los cambios hechos por Tena, errores de distribución de marca, permiten a Miguel Ángel Martínez rebasar la timorata marca de Pulido, quien seguramente no quiso maltratar su hitleriano copete, y ni siquiera reaccionó por el balón.

Pero, de visitante, administrativamente, y de local, por el colorido y el fervor de la tribuna, Chivas puede resaltar el rendimiento futbolístico, agradable y generoso, nuevamente, aunque, insisto, sin perder de vista los errores defensivos.

Podría, de manera estricta, hacerse referencia a que los Gallos Blancos dejaron los espolones y la casta en el vestuario al medio tiempo. Y podría culparse a Luis Fernando Tena de fortalecer la trinchera del miedo y aferrarse al 1-0. O, podría ser, que el conformismo de los jugadores, terminó restándoles la testosterona con que habían luchado el primer tiempo.

Pero, más allá de buscar explicación en ello, Chivas dio sus mejores minutos del torneo, con jugadores como La Chofis asumiendo más responsabilidad, y además con los relevos de Ronaldo Cisneros y de Rodolfo Pizarro, el equipo se vio más dinámico, especialmente porque Macías y Brizuela acusaban ya cansancio.

El problema para el Guadalajara es que el margen de Liguilla está definido de manera estricta y radical: de los 30 puntos por disputar debe ganar al menos 20, es decir, tener una productividad de 66.67 por ciento.

Ahora tendrá la oportunidad de convertir, finalmente, en fortaleza, su altar de autoflagelación, cuando reciba en su estadio al Pachuca.

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LOS ÁNGELES -- El Pastor busca quién le pastoree su Rebaño. Matías Almeyda, de acuerdo con el Principio de Peter, encontró su propio nivel de incompetencia.

Y antes de que ese "dinosaurio, de los antiguos", no de los nuevos, que, además, enfermo de incontinencia urinaria, con frecuencia salpica a las Chivas, El Pelado busca un brazo derecho, pero que no atente con usurparle el timón del equipo.

Después de jactarse de su omnipotencia, de creerse capaz de coordinar, exitosamente, en Chivas, desde los ungüentos y las toallas de la podóloga hasta la firma de futbolistas, pasando por fuerzas básicas, El Pelado claudicó.

Imago 7Matías Almeyda en conferencia de prensa.

Quiere a un gerente con filiación, experiencia, pasión y compromiso con Chivas, con vínculos vigentes al futbol mexicano, pero, sobretodo, que no tenga delirios de entrenador como para interrumpir en los quehaceres de la dirección técnica.

Habida cuenta que el catastrófico manejo del caso Oswaldo Alanís le costó el puesto al megalómano Pelagatos 2.0, como le bautizó Ricardo Peláez, ahora Matías Almeyda busca alguien que no juegue en su contra como José Luis Higuera.

Ojo: Higuera llevó a Almeyda al Rebaño, pero ya está dicha: "cría cuervos y...".

Bajo las condiciones que impone Almeyda no hay muchos que califiquen ni muchos que clasifiquen. Con semejantes requerimientos segrega más que amplía el universo de posibilidades.

Chivas, de entrada, necesita a un exfutbolista que deje de pensar como futbolista, pero sin dejar de pensar en el futbolista.

Bajo ese escenario, hay dos extremos juiciosamente deliciosos. Y tal vez ninguno pudiera agradar, de entrada, a la afición rojiblanca, que, al final, queda claro tiene una voz tibia y un voto nulo en la toma de decisiones.

1.- Néstor de la Torre, quien mostró la mano fuerte en la selección mexicana, aunque en Chivas cedió demasiado en esa relación de hermano a hermano con el Chepo de la Torre.

De cuna rojiblanca, seguramente hoy está más capacitado que nunca para regresar, pero, seguramente, puede ser el menos interesado en volver a tener roce con Jorge Vergara. Todos tenemos un poco de masoquista, pero no tanto.

2.- Ricardo Peláez parecería satanizado. Americanista de formación y un antagonista de alta hostilidad hacia Chivas mientras dirigió El Nido, al final tiene un sello: profesionalismo.

Almeyda y él tienen capacidad de diálogo bajo una religión: conservan la esencia de futbolistas. Además, han enriquecido de buenos y malos momentos su aprendizaje. Tienen, sin duda, elementos de conexión que los llevaría a ayudarse el uno al otro.

Baste citar un ejemplo: el conflicto de Alanís. Peláez, lo habría logrado solucionar con una propuesta intermedia, sin permitir llegar a extremos perversos, como los generó el mismo Higuera, encima informando de manera amañada a Vergara.

Y, a final de cuentas, recordemos que el mismo Higuera, de palabra, obra y comisión, fue americanista y antichiva según está documentado en redes sociales.

Ciertamente una nueva convivencia entre Vergara, Néstor y Almeyda estaría sostenida por hilos muy delgados. Una confianza absoluta entre ellos sería muy difícil de garantizarla. Hay demasiadas esquinas rotas.

Y una convivencia entre Vergara, Peláez y Almeyda estaría regida por una bendición para el equipo: el aislamiento del propietario de esta nueva gestión.

¿Además, alguien duda que más allá de la filiación sentimental de Peláez con El Nido, no sería hoy el número uno en pretender consumar con éxito un proyecto en Chivas el enemigo número uno del América que lo echó por la puerta de atrás?

Hay quien refuta esto con un argumento que no puede desdeñarse, especialmente después de varios acontecimientos recientes de esos pleitos clandestinos y ruines entre propietarios de equipos: ¿Permitiría Emilio Azcárraga Jean que regrese Peláez a involucrarse con un equipo, en especial con Chivas?

Más allá de que supuestamente alguna vez Cruz Azul lo sondeó, en caso de que menguara la salud de Eduardo de la Torre y le obligara a dejar La Noria, la otra versión es que Peláez, hoy, es parte de un veto furtivo como parte del Pacto de Caballeros.

Elucubrando, y conociendo algunas formas de proceder del futbol, tampoco hay que descartar que de la nada surja un candidato, postulado por el mismo representante de Almeyda, Santiago Hirsig.

Recordemos que Matías Almeyda tiene voz y voto para buscar, entrevistar y elegir a su director deportivo, y seguramente podría presentar a ese inesperado aspirante, como alguien que conoce sus procedimientos y forma de trabajo. En el futbol mexicano ya nada debe extrañar.

Y Vergara es capaz de comprarlo. Recordemos la forma tan ingenua en la que dilapidó millones de dólares con el proyecto Cruyff y la llegada de Van't Schip.

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LOS ÁNGELES -- Chivas eligió sobrevivir jugando al suicidio. Y no le alcanzó. 1-2 ante Monterrey en un espléndido trámite.

El marcador se define con dos equivocaciones de Carlos Salcido. ¿O de Matías Almeyda por seguir vetando a Oswaldo Alanís o reservándolo sólo para el molero del Tri ante Bosnia?

En el 0-1, llega tarde a la marca, por falta de reacción y velocidad. Sólo alcanza a despejar y entregar el balón a Ponchito González, quien fusila desde el fondo de sus entrañas rojinegras. Los 38 años de Salcido le ponen freno de mano a su genuino ímpetu.

En el segundo, en pleno acoso de Chivas sobre Rayados, con toda su experiencia, a Salcido se le avejentan las neuronas. Es techado en el despeje de Rayados por un amague de Funes Mori, y deja botar el balón. Y el expreso Avilés Hurtado sentencia el 1-2, apenas tres minutos después del empate de Chivas.

En contraste con los errores de la zaga rojiblanca, los cuales subrayó el mismo Almeyda en conferencia de prensa, la desgracia de Chivas la consuman un tal Hugo y un tarugo (dícese de los postes hechos de madera).

El arquero González atajó al menos tres de gol, y el poste derecho rescató un riflazo de Alan Pulido, como reflejo de una generosa sublevación del Guadalajara, que no encontró la generosidad de la fortuna para conseguir el empate.

¿Qué hace Alanís en la banca? ¿Con menos ritmo de pretemporada, no es mejor que los achacosos reclamos de un Salcido que roza los 38 años y hace tiempo desoyó el temido y temerario reclutamiento del retiro? Las respuestas las tiene Almeyda ¿o Jorge Vergara?

¿Linimento y chiqueadores para la afición de Chivas? El Guadalajara jugó muy bien ante un adversario que bien pudo golearlo. Seguramente los parroquianos del futbol, ajenos a ambos colores, agradecen lo que en la cancha dieron el Rebaño y Monterrey.

Podría culparse del primer tiempo de desperdicio a Almeyda, pero sería demasiado ordinario, especialmente ante la calidad de los jugadores adversarios. Y vamos a dos ejemplos puntuales.

1.- ¿Es culpa de El Pelado que nuevamente Orbelín Pineda desapareciera y que perdiera todas las batallas de posesión y posición ante Jonathan González y Celso Ortiz?

2.- ¿Es culpa de Almeyda que Ronaldo Cisneros y La Chofis López le dejaran tanta libertad a Vangioni, quien se convirtió en una amenaza constante?

Con la desventaja en el marcador, pese a que La Chofis y Rodolfo Pizarro debieron aprovechar oportunidades rendidas de gol, para el segundo tiempo, Almeyda ajusta. ¿Debió atreverse desde el primer tiempo? Queda claro que le falta muñeca para ello.

Con Alan Puliudo e Isaac Brizuela en la segunda parte, el duelo fue una fiesta y un festín. La fiesta fue en ambas porterías, y el festín del harakiri lo terminó de cocinar Salcido, con la ayuda de Hedgardo Marín.

De Monterrey, es elogiable la compostura del grupo. Asimiló rápidamente el estigma histórico de ser humillado en la Final del Apertura 2017 por Tigres. Sus cabalgatas ofensivas son, la mayoría, de un primor seductor, a pesar de las que fallan.

De agradecerse dos situaciones a Antonio Mohamed, que cada vez es menos Turco y cada vez es más ambicioso hasta en la forma de juego.

1.- Los bandoleros que tiene al frente han aprendido de sus respectivas riquezas. Se deleitan y deleitan, más aún cuando el adversario, como Chivas, sale bajo la consigna de matar y morir. ¿Falta alguien? ¿Nery qué...?

2.- Ya sacó del cascarón a Jonathan González: se lo entregó al futbol mexicano y hasta al Tri del miope Juan Carlos Osorio. Ahora se atreve con Ponchito González, jugador que arrastraba el diminutivo del Atlas, que parecía enlistarse en la tumultuosa legión de eternas promesas del futbol mexicano. Hoy, El Turco le ha quitado la herrumbre que le impedía consolidarse.

En tanto, si bien Almeyda no logra rescatar a Orbelín de la dulce sirena que lo tiene secuestrado, a La Chofis lo convenció, para que al menos ayer, diera su mejor partido con Chivas, y lo mismo ocurrió con Rodolfo Pizarro, quien, no obstante, perdió numerosos pases en intentos de servicio frontales, pensando que tiene la tiza fina en el zapato de un Pibe Valderrama.

¿Le basta al Guadalajara conformarse con la seducción de su futbol y el funeral del marcador? Absolutamente. Pero quedaron indicios de que en la cancha hay una mejora sustancial respecto al torneo pasado.

Para los ociosos odiosos, una irrefutable verdad: ambos equipos utilizaron nueve jugadores "extranjeros". Me explico: Monterrey utilizó nueve no nacidos en México y Chivas utilizó nueve no nacidos en su cantera.

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