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Juan Carlos Osorio explica el porqué de la lista ante Bosnia
LOS ÁNGELES -- Más allá del pelotón de carne de cañón citado ante Bosnia en San Antonio, del cual no más de seis o siete en verdad pueden ir al Mundial de Rusia, se roba la ceremonia chilaquilera un mea culpa de Juan Carlos Osorio.

"Una de las áreas que debo mejorar es el liderazgo", reconoció el técnico colombiano en la tertulia premundialista.

Podría agregarse la falta de autocrítica y la falta de coherencia en sus ideas. Cito ejemplos, un par de ellos bastan...

1.- "Tengo jugadores de primer nivel para hacer un papel histórico en el Mundial", dijo. "Con estos jugadores, el entrenador debe hacer milagros", se culipandeó en Futbol Picante de ESPN.

2.- "El futbol mexicano es respetado en todo el mundo, no sólo su Liga sino su selección. Por eso muchos países en Europa quieren jugar con nosotros", declaró. "El futbol mexicano está sobrevalorado", reculó de nuevo en Futbol Picante de ESPN.

Pero, la enciclopedia de contradicciones necesitaría de varios blogs y mucha paciencia de los tres o cuatro pelagatos que se asoman a esta tribuna.

Le falta liderazgo, confiesa Osorio. Sin duda. No ha sido capaz de encontrar el lenguaje ni la actitud para conmover a sus seleccionados nacionales.

Cito una reflexión histórica, siempre vigente, nunca obsoleta, de Manuel Lapuente: "Con el jugador mexicano hay que hablar cada día, todo el día, todos los días, para que comprenda el gran privilegio y la gran responsabilidad de ser seleccionado mexicano".

No es culpa de Osorio. Él asume que el futbolista mexicano comprende el magnífico entorno que se le ofrece al jugar un Mundial. Pero se equivoca.

Pasó lo mismo con Sven Goran Eriksson. Daba indicaciones puntuales, pero él creía que como los jugadores británicos en particular, o los europeos en general, se sublevarían ante la condecoración de ser seleccionados nacionales. Y se equivocó. Y fracasó.

Insisto, no es culpa de Osorio si no puede hurgar bajo la piel del jugador mexicano, para encontrar esas fibras sensibles que le sacudan la testosterona, las gónadas, y que ponga espíritu absoluto al servicio del equipo.

Y por eso he insistido: el 7-0 no es culpa total de Juan Carlos Osorio, hay una responsabilidad mayoritaria del jugador.

Y por eso, también he subrayado: la victoria de México en Columbus ante Estados Unidos, el peor EEUU de los últimos 30 años, es más mérito de la devoción y pasión de los jugadores que de las indicaciones de Osorio.

Seamos justos: ni el peor holocausto del Tri es pecado capital de Osorio, ni la épica en Columbus es su condecoración absoluta.

Liderazgo. Y tiene razón. Por eso le trajeron a Imanol Ibarrondo, el fecundo hortelano de las bellotas, quien asegura que dentro de cada una, hay un poderoso roble.

Ibarrondo fracasó con los jugadores. Vamos, sus mejores analogías y arengas, tuvieron menos impacto que las que alguna vez usó Hugo Sánchez en su sesión narcisista de motivarlos con videos suyos durante su gloriosa etapa como Pichichi en el Real Madrid.

Liderazgo. Osorio no puede. Ibarrondo fracasa. Y llaman a Gerardo Torrado. Un jugador de tuétano explosivo. Un hombre que desafío y venció el sistema y al Pacto de Caballeros. Y que incluso fue uno de los líderes (Perea, Chaco y Corona) en aquel Cruz Azul subcampeón, sí... subcampeón.

Liderazgo. Aquí sustento mí tesis: al Mundial, Osorio debe llevar a Rafa Márquez y a 22 más.

El aparentemente sempiterno capitán del Tri es el mejor socio en el vestuario. Vamos, tiene una ascendencia sobre el grupo muy superior a cualquier otro en la historia de la selección mexicana, incluso muy superior a la de Hugo Sánchez en el México de 1986, cuando el Pentapichichi era visto con recelo por casi todos.

Rafa Márquez ha empezado a colaborar con Osorio y tal vez sin que éste lo sepa. El defensa del Atlas está convencido que más allá de la pretensión táctica de Osorio, lo más relevante es la devoción absoluta en la cancha.

Ojo: Márquez ni remotamente pretende sabotear la jefatura del colombiano. Por el contrario, pretende respaldarlo para que se consume ese liderazgo que él no tiene, que Ibarrondo no pudo conseguir, y que dudo, en lo personal, que Torrado pueda imponer.

Saltarán los atarantados que vendrán a sacar los cadáveres de Márquez. Cierto se equivocó en el Mundial 2002, y su cabeza se desubica cuando encara a EEUU.

Habrá, los más torpes, que insistirán en seguir considerándolo totalmente culpable de ese conflicto con la Tesorería de Estados Unidos.

Lo cierto es que Rafa Márquez es el futbolista mexicano más ganador de títulos en Europa, y por encima de su lamentable pasaje por la MLS, regresó a ser Bicampeón con el León y a ser el punto de apoyo para la selección de Miguel Herrera.

Es encomiable la confesión de Osorio: debe preocuparse por el liderazgo, pero, para su fortuna, podría entender que apoyándose en Rafa Márquez, tendría más tiempo para elucubrar sobre las rotaciones y los aberrantes cambios de posición de sus jugadores.

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México, Rafael Márquez

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LOS ÁNGELES -- No basta un comunicado, por más repercusión que tenga en redes sociales. No basta la solidaridad inútil de los "me gusta" en Twitter o en FaceBook.

No basta dejar constancia por escrito. Es necesario dejar constancia con hechos. La palabra construye la idea, los actos generan los cambios.

Las palabras son tan poderosas o tan frágiles como las acciones que le siguen. La mejor arenga, el mejor sermón estimulan los cambios, pero sólo los procederes los consuman.

Sin duda, que la Asociación de Futbolistas y Rafa Márquez saltaran en defensa de Oswaldo Alanís es un reflejo puntual de una revolución gremial, al menos en actitud. El panfleto se convirtió en mensaje, pero de mensaje debe consumarse en una proclama.

Qué bueno que ambos, asociación y Márquez lanzaron la piedra viral y virtual, pero hoy deben mostrar la mano. Los responsables deben responder a alguien. Y hay que saltar de detrás del celular o la computadora para confrontar, cierto, pacíficamente, mesuradamente, coherentemente.

Alanís fue enviado a la filial de Chivas de Segunda División. No aceptó un contrato semestral porque exige un compromiso multianual con un aumento salarial. Pero, José Luis Higuera considera que nadie en el equipo puede pedir privilegios, tras "el nefasto torneo que tuvimos".

Alanís y su representante no aceptaron. Matías Almeyda coaliciona con Higuera y acepta que a su defensa central, quien tuvo un desatinado Apertura 2017, se le coacciona, se le amenace, bajo el riesgo de que quede fuera del Mundial de Rusia, para que acepte las condiciones.

Carlos Salcido, Jair Pereyra, Rodolfo Cota y otros más, fueron presionados y aceptaron firmar por seis meses. El remordimiento del desastroso torneo de Chivas, los hizo sentir culpables y cedieron. Alanís, no.

Hay un impasse entre ambas partes. El defensa hace pretemporada en Tlaquepaque y sus compañeros en Cancún.

Una lucha de egos. Carencia genuina de negociación por ambas partes. Las hormonas les matan las neuronas. Alanís necesita de Chivas y Chivas de Alanís. No razonan, reaccionan.

Como efecto, saltan la AMF y Márquez a la cabeza de un movimiento en redes sociales, que seguramente debe conseguir más adeptos, especialmente entre los europeos, quienes están más allá del bien y del mal, de las entrampadas y amañadas formas de asfixiar por parte de directivos.

¿Tiene Márquez ya la potestad de representar a la AMF? Estatutariamente sí.

Pero ¿tiene la autoridad reconocida ante la FMF para citar a charlar, negociar o interceder ante Chivas por Alanís? No. Puede pedir una audiencia con el Guadalajara o concretamente con quien Ricardo Peláez ha inmortalizado como "El Pelagatos de Vergara", pero éste no tiene ni obligación ni educación para atenderlo.

Es decir, no hay aún un mecanismo institucional, oficialmente reconocido para que Márquez abogue por Alanís ante Chivas.

Públicamente, ante los ojos de la afición, podrán hacerlo la Asociación y Rafa, pero no hay herramienta tangible para llevar a una mesa de negociaciones a ambas partes, y menos ante un cabildeo laboral.

La AMF, ojo, aún no ha conseguido emanciparse de la FMF. No ha conseguido cortar el cordón umbilical en la mesa de partos. Decio de María y sus fariseos aún pueden abortar el proyecto.

Y cuidado: el resto de los clubes, por más amor u odio que tengan a Jorge Vergara y a ese personaje torvo a quien llama Peláez "El Pelagatos de Vergara", son poco simpáticos y poco agradables a la mayoría de los 17 clubes restantes, estos, sus directivos, saben que solapar esta sublevación, aparentemente en gestación, sería contraproducente.

Si esta reacción hecha raíces, si es una generosa y fértil semilla, ellos, los otros 17, saben que están expuestos a una reacción similar.,

Hacen bien, la Asociación y Márquez en no confrontar como un frente beligerante, como un grupo de choque. Aunque, de hecho, ya la primera piedra fue lanzada con ese boletín cibernético.

Por eso, insisto, lo único que la AMF y Rafa Márquez, y quienes cerraron filas en torno a él, lo único que no pueden hacer es estancarse, quedarse quietos, recular.

No dar un segundo paso al frente sería perder credibilidad, de sus agremiados y posibles agremiados y de esa afición que anhela ver en los futbolistas esa poderosa sublevación de cambio, esa misma que como ciudadanos, no se atreven a consumar.

Que recule Chivas, pero no la AMF.

Si recula el Guadalajara será una victoria absoluta.

Si recula la AMF será su derrota absoluta.

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LOS ÁNGELES -- Están desarmados. Están indefensos. Ante las rotaciones. Y ante las improvisaciones de puestos. Y ante las convocatorias.

Desarmados, indefensos y confundidos. Así están los seleccionados mexicanos. Pero, cuidado, ciertamente, no están vencidos.

Sin líder, con la abdicación involuntaria de Rafa Márquez, la conducción del Tri, ante Panamá recaerá evidentemente en Andrés Guardado.

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Único capacitado para retocar y trastocar de un grito y un consejo lo que ocurre en la cancha, incluso por encima del entrenador, Márquez termina enclaustrado en el peor de los silencios: el abandono.

Sin esa sapiencia evidente en el campo, sin la jerarquía de orden y personalidad, sin el recorrido exuberante de Márquez, el mando queda en Guardado, evidentemente un reflejo genuino de ese péndulo dramático entre la fortaleza y la fragilidad del futbolista mexicano.

Si bien, ese examen de cacicazgo lo reprobó dramáticamente en la Copa América Centenario, los extremos en los que se ha debatido su carrera, entre pasarelas exitosas y deambulando en la calamidad de la incertidumbre, Andrés Guardado tiene este viernes ante Panamá el desafío supremo de tomar el mando del grupo.

Hasta antes del Mundial de Brasil, el hoy jugador del Betis vivía entre el desprecio absoluto. En Alemania y España. El Valencia no sabía qué hacer con él, y el Leverkusen lo dejó en el departamento de saldos.

En ese momento, Guardado habitaba en el limbo. Absolutamente. El Mundial de Brasil parecía una utopía. Arrastraba el lastre de haber dejado, junto con los otros "europeos", a México en la plancha de autopsia en el Hexagonal Final de Concacaf.

Con sólo 49 juegos en el Valencia y sólo cuatro en el Leverkusen, ya con el boleto a Brasil en la mano, Miguel Herrera lo convoca para un par de amistosos. Naufraga, pero El Piojo no pierde la fe. Lo reacomoda en la cancha.

Y después, el renacimiento. En el PSV ganó todo lo que realmente su club puede ganar, y la forma majestuosamente afectiva en la que fue arrullado y en su momento despedido, habla de la trascendencia de este jugador mexicano, al menos en la aldea holandesa.

Insisto, hoy, más allá de sus desatinos en la Copa América Centenario, desde la expulsión a la hecatombe ante Chile, esa de la cual fue marginado Márquez por motivos muy personales de Juan Carlos Osorio, no fue capaz de reaccionar ante el brutal oleaje andino que mancillaba con sádica devoción al Tri.

Este viernes, ante Panamá, es la prueba de fuego para su autoridad. No se trata de que sea otro Rafa Márquez. Eso es imposible. Esa inteligencia que Márquez desarrolló en condiciones de mando en Barcelona, de la mano de sus entrenadores, no ha estado al alcance de Guardado.

Una verdad innegable, detrás de la cual se amparan los técnicos perdedores, pero de la que sacan lustro los técnicos ganadores, es esa de que los que ganan y pierden los partidos, son, al final los futbolistas.

Por eso, hoy, retomando el primer párrafo, desarmados, indefensos, confundidos y confusos, los jugadores del Tri por esas peculiaridades de Osorio en el maneo del equipo, los jugadores tienen su propia revancha, su propia obligación, su propia responsabilidad.

En la época de Osorio, esa en la que palurdos e imberbes, se cobijan bajo las cifras del dominio del tuerto en la Tierra de Ciegos de Concacaf, sólo pueden destacarse algunos juegos: ante Uruguay, EE.UU. en Columbus, y unos minutos ante Portugal. El resto, calamitosos.

Aunque suene a reiteración encanecida y encarecida, pero la victoria sobre EE.UU. en Columbus, el rompimiento de esa jettatura ominosa y humillante, se enaltece en la voluntad de los futbolistas más que en el quehacer de Osorio, así como, puntualizamos, el 7-0 ante Chile no puede suscribirse estricta y únicamente en el patatús mental que sufrió el colombiano, sino en la absoluta estulticia táctica y competitiva de los mismos jugadores. Cuando estaban ya muertos, encima deciden suicidarse.

En medio del desdén de la afición, a la que le envuelven el kilo de tortillas con un boleto para el juego, para suplicarle que acuda al Estadio Azteca, para que no abandone a su Tri, y en medio, de ese persistente clima patibulario que azuza a Osorio, ciertamente los jugadores tienen la respuesta más importante.

Con ausencias clave, con improvisaciones nuevamente, con inventos demenciales en el acomodo de jugadores, pero, al final, son esos 11 en la cancha, bajo la voz de Guardado los que deben elegir su destino inmediato.

Sabido es que Osorio no encuentra el discurso para soliviantar a sus jugadores. Prueba de ello es que el llevaron al profeta de la bellotas, al predicador de los robles, a Imanol Ibarrondo, para que consumara una metamorfosis en la voluntad de los jugadores. No pudo o no supo, pero al final, ya ni Osorio cree en él, ni él cree en Osorio, y se dedica a arrumacos con Guillermo Cantú para conservar la chamba.

Entonces, la orden y el orden de ataque contra Panamá este viernes, comienza y termina con los jugadores, y con el que asoma como el capataz sentimental de la cuadrilla: Andrés Guardado.

Porque, recalco: están desarmados, indefensos, confundidos, pero no aniquilados.

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