LOS ÁNGELES -- Las malas noticias tienen una buena noticia: generalmente las acompañan peores noticias.

Exaltado al reino del ridículo como nuevo monarca, tras su penosa peregrinación por el Mundial de Clubes, Chivas se ofrenda, se inmola, para su linchamiento popular: vende a Orbelín Pineda a Cruz Azul.

Mientras Jorge Vergara mantiene una gallarda batalla por su salud, al Guadalajara lo azotan más plagas que en las venganzas bíblicas. Si tuviera un circo, quedaría lampiña la mujer barbuda.

Y una de las peores plagas que carcomen al Rebaño, la más grave, es patrocinada por el mismo club: #ElPelagatos2.0, como Ricardo Peláez inmortalizó a José Luis Higuera. En poco tiempo, entregó, por puro despecho y capricho, a su mejor prospecto, J. J. Macías, y ahora se deshace de Orbelín.

Tan desafortunada es su situación, que, si muriera hoy, Chivas reencarnaría en un cadáver, plagiando la analogía a Alvite.

¿Soluciones? Sólo hay una al alcance de Chivas: el regreso de Néstor de la Torre, sin El Chepo, claro. Pero el mismo Higuera ha dicho: "Sobre mi cadáver regresa ese...", y puede agregar Usted las mejores ofensas de la peor ralea que Usted conozca.

Amaury Vergara, lo hemos dicho, creció observando a Del Toro, Cuarón y González Iñárritu, y el futbol era un ocio sin pasión. Cambiaría la sala de trofeos del Guadalajara por un Oso de Berlín, o al menos un Ariel. ¿Por un Óscar? Hasta el estadio de Chivas y OmniLife completo canjea.

Irónico que, en un declive paralelo, él y Chivas se alejan de las candilejas en caída libre por el precipicio de la incompetencia.

¿Por qué no ha salido Higuera del feudo Vergara? Porque fue quien denunció a Angélica Fuentes, y porque hay algunas personas con alguna curiosidad, escéptica, sobre algunos procederes del directivo. En meses, se sabrá. Los auditores escudriñan lentamente.

Ya un representante, avecindado en Miami, con historia turbia en Cruz Azul, sondeó colocar ahí a dos de sus piezas clave en un momento dulce del América: Manuel Lapuente como director deportivo, y Mario Carrillo como entrenador.

La sugerencia no procedió. A Jorge Vergara no le gusta el azufre corrosivo que emana Carlos Hurtado, y tampoco olvida ese tufo americanista que exudan Lapuente y Carrillo.

¿Puede Néstor con el paquete? Ha aprendido suficiente, bastante. Pero, además, ya el daño está hecho para el Torneo Clausura 2019, porque ilusionar a la afición con un giro radical con las llegadas de Villalpando, Vega y Mier, sería un suicidio mediático.

La llegada de Marcelo Michel Leaño al Rebaño, es vista, por otro lado, como una esperanza para Fuerzas Básicas, pero, también hay urticaria porque no se descarta que sea un nuevo intento de la familia Leaño, impopular en Guadalajara, para adquirir al equipo.

La realidad hoy es que Chivas vive en la orfandad absoluta. Carece de un líder, de una figura de autoridad, de un hombre que confronte tempestades, de una cabeza abierta a consultar, una persona con cicatrices profundas de sufrir por la historia del Guadalajara.

No olvidemos esa crisis de identidad en su propia directiva: Jorge Vergara intentó primero comprar al Atlas, porque era su verdadera afición. ¿Higuera? Nunca negó su visceral odio a Chivas y pasión por el América, hasta que recibió el primer cheque de su nuevo patrón.

La conclusión es la misma de hace semanas: Jorge Vergara debe vender a Chivas. Pero debe haber tan pocos interesados en un equipo que no quiere abandonar su doctrina mexicanista.

Y más importante que en cuánto vender al Guadalajara (Angélica alguna vez lo valuó en 900 mdd), a quién vender al Guadalajara. Insisto en no olvidar que, en dos ocasiones, Emilio Azcárraga Jean intentó adquirirlo a través de testaferros o prestanombres.

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LOS ÁNGELES -- Lo peor del fracaso es que tiene más vida y memoria que el fracaso mismo.

Hoy, Cruz Azul descubre que la vida sigue y que en 2019 tendrá dos oportunidades más. La terquedad es un acto de valentía... hasta en el suicida.

Pero, hoy, también, Cruz Azul descubre, nuevamente, como a lo largo de 21 años, que la vida sigue... y las burlas también.

Contrastes: Cruz Azul no estaba preparado para este nuevo fracaso, aunque el América sí estaba preparado para esta nueva victoria. Hábitos de vida.

El fracaso, como sobreviviente del fracaso mismo, suele ser pésimo, perverso consejero. Prepara una hoguera, convencido de que el fuego purifica.

Pero, para Cruz Azul no debe ser tan dramático. Hoy, al menos, tiene un punto de partida. Hoy, al menos, tiene menos ajustes urgentes por delante.

En medio de su fragilidad del domingo ante América, es el más fuerte, al menos, de los últimos 21 años.

Pedro Caixinha y Ricardo Peláez encontraron una base de jugadores. Ciertamente, deben depurar el plantel. Algunos sirven para ganar partidos, pero se empequeñecen antes cruzadas más exigentes. Ellos, al Lilliput F.C.

Siempre quedará la duda hacia el exterior. Al interior, Caixinha y Peláez sabrán ciertamente si los jugadores hicieron todo lo que debieron, todo lo que pudieron, o sólo todo lo que quisieron.

¿Se equivocó Caixinha en su estrategia o se equivocó al confiarla en tipos poco confiables para ejecutarla? ¿Falló Caixinha o le fallaron sus jugadores?

Es un misterio cuya respuesta sólo tienen el técnico y Peláez. Y a partir de ella, definirán si merecen un sitio rumbo a la Odisea, jugadores como Cauteruccio. Caraglio, Elías Hernández y el mismo Méndez.

El problema del fracaso es la reincidencia. Puede convertirse en una adicción. Bien lo define Alvite: "El fracaso es el sitio más seguro del mundo, nadie quiere arrebatártelo".

Al interior de La Noria, en la intimidad de las oficinas principales, la promesa de Peláez había sido conquistar la Copa Mx y jugar al menos la Final, en el primer año de esta nueva empresa.

Al menos Peláez cumplió lo prometido a su directiva. No basta para la afición, y menos aún, porque el descalabro mayúsculo fue ante el adversario más odiado. Es como si tu esposa te engañara contigo mismo.

Ciertamente Caixinha debe responder a preguntas puntuales de su directiva. La veracidad o la credibilidad de las respuestas serán pasadas por el fino tamiz del escepticismo.

Primero, deberá responder por jugar al alquimista en el partido más importante del torneo. Caraglio y Cauteruccio estaban más desconcertados que el adversario, al que le favorecieron al recortarle la zona de riesgo. ¿Falta de entendederas de los jugadores o falta de discurso del técnico?

Segundo, cuando entendió el recambio de funciones de Edson Álvarez, Oribe Peralta y Renato Ibarra, ya habían subido a su equipo al patíbulo encarnizado del marcador en contra, y el desorden se le había amotinado. El puente de mando estaba acéfalo, lo ocupaban la angustia y la desesperación colectiva.

Pero, con dos torneos a cuestas, Caixinha tiene derecho a reclamar una nueva oportunidad en Cruz Azul. El fracaso tiene esa dualidad perversa: puede absolver al responsable, pero puede ser desalmado con los culpables.

Ciertamente decir que el fracaso hace más sabias a las personas, equivaldría a creer que Billy Alvarez Cuevas es 21 veces o, en este caso, 42 veces más sabio que el resto.

La ventaja es que hoy, insisto, por primera vez tal vez en estos 21 años, en La Noria tienen bases sólidas para equivocarse menos. Por eso, es tiempo de depurar, con energía, por cierto.

El principio físico es brutalmente innegable: una pizca de porquería contamina un barril de agua purificada, pero una pizca de agua purificada no purifica un barril de porquería.

¿Y a la afición de Cruz Azul? Una frase de Vanesa Martín: "No reces si la fe ya no te importa...".

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LOS ÁNGELES -- La delegación del Ajax de Holanda llegó al Estadio Azteca para corroborar mitos y verdades sobre Diego Láinez. Agregó al paquete a Álvarez, de nombre Edson, que significa "el hijo del guerrero" y su número cabalístico es el 13, como los títulos de Liga del El Nido.

América Campeón. Dignísimo y merecido campeón. 2-0 es el epitafio de la utopía celeste y es el referente del capítulo 13 de la leyenda de la glorificación americanista.

Edson, "el hijo del guerrero", se redimió, tras torneos inconsistentes, este domingo por la noche, hizo los dos goles del América, para que la cruz siga siendo azul sobre la maldición de La Máquina. 21 años... y contando.

Edson, "el hijo del guerrero", el padre de la 13, que convierte al América en el máximo ganador de la Liga, y que, en el inevitable oleaje funesto del desenlace coloca a Cruz Azul en el epítome de la frustración competitiva.

Cruz Azul sigue sin regresar al anden de la gloria. Descarrila... o lo descarrilan, siempre a las puertas del Paraíso. Este domingo por la noche fue superado en la cancha y en el marcador.

La buena noticia: que este lunes La Máquina puede comenzar de nuevo, con bases sólidas, la búsqueda de ese eslabón perdido desde hace 21 años.

Tras una primera mitad con más intensidad que espectáculo, los goles exudan ironía. No sólo los convierte un Edson que parecía sepultado después de la Copa del Mundo de Rusia, sino que el primero, la llave siniestra de las tragedias, se origina por una torpe entrega de Jesús Corona y una torpe maniobra del mejor contención de la Liga, Iván Marcone.

Los mejores de Cruz Azul durante 22 partidos, erran en la misma jugada, en el mismo minuto, en la misma zona, y Álvarez saca un ilustre escopetazo ilustrando con esa belleza de los obuses que entran pegaditos al ángulo.

Cruz Azul no supo ponerse de pie. No supo reordenarse. Batalló, porque corrió, mordió, intentó, pero su futbol lo mangoneaba el instinto, la desesperación.

Diría el colombiano Juan Carlos Osorio que a La Máquina lo gobernó su cerebro reptiliano, es decir, ese que reacciona ante el peligro, ante la inminencia de la propia muerte.

El segundo de Edson Álvarez fue también de trompicón celeste, pero de firmeza en su disparo. Vence así a un Corona que antes había tenido dos sublimes atajadas que al final, en recuento dramático de la desgracia, de poco sirvieron.

"El hijo del guerrero y padre de la 13", le pegó así, con esa serenidad siniestra del que sabe que con un disparo enhiesta la bandera de su estirpe, y derrumba los blasones de la otra.

América manejó siempre el partido. El desperdicio, la parodia de la final del jueves pasado, queda como un boceto obsceno, como un croquis cínico, de lo contemplado para este domingo.

Cruz Azul administraba la tribuna, pero América tenía la administración de la cancha. La taquilla se va a La Noria, la Copa a Coapa.

¿Mateus Uribe y Roger Martínez? En la cancha nadie los extraño. El equipo mantuvo un ritmo parejo de adrenalina y testosterona, sin el hipo que en ese aspecto sufre con Uribe en la cancha.

Con la 13 en la Sala de Trofeos, Láinez y posiblemente Álvarez en Holanda, Herrera ahora puede encaminarse a su sueño trunco: el Bicampeonato.

¿Cruz Azul? Reconstruir en el diván, en la fe de los jugadores, para evitar que de nuevo las arpías de ese trauma de la maldición, se aniden de nuevo en este nuevo proceso.

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LOS ÁNGELES -- La decepción es un acto de adulterio con la ilusión. Especialmente en el futbol. Y el jueves pasado la desilusión fue masiva. Como si tuvieras en la cabecera de Jennifer López y soñaras con La Chupitos... o algo así.

Con el 0-0 cintilando cínicamente como un embaucador de kermés, el jueves por la noche, el chasco lo protagonizaban América, Cruz Azul... y el VAR.

¿Quién más o quién menos? No importa. Fue una alianza legitimada para el fraude emocional de millones de mexicanos, indigna de las memorias frescas de aquella Final del 2013.

Este domingo no hay garantías. Habría que regalarles un abrelatas a Pedro Caixinha y a Miguel Herrera para abrir la lata del pánico del contrario. El dicho mexicano lo sostiene: "El miedo no anda en burro", ¿o sí?

¿El VAR? ¿César R. Palazuelos? Ha demostrado que puede rebasar la media del arbitraje. Ojo: no la mediocridad, pero sí la medianía de la mediocridad que abunda entre los silbantes mexicanos.

La diferencia de este domingo, es que habrá un desenlace. Ya sea en los 90 minutos de rigor, los 30 de piedad o el desfile de trémulos tiradores desde el manchón penal.

¿Entenderán ambos equipos que, deportivamente, su vida y su muerte en la cancha, se valorará estrictamente con la grandeza con que la busquen y no con la mezquindad que la negocien?

La balanza fría de las condiciones de América y Cruz Azul se queda estancada. Una moneda que cae parada. Calidad hay en ambos equipos y cacumen hay en ambas bancas.

Veamos: uno tiene un Diego Láinez y el otro tiene un Roberto Alvarado y un Elías Hernández, a quien parecen marchitársele las gónadas en los grandes desafíos. O aparece un Guido Rodríguez compitiendo con un Iván Marcone.

¿Más? Las chispas entre Pablo Aguilar y Bruno Valdez incendian la cancha. José de Jesús Corona y Agustín Marchesín, dobermans con habilidades de saltimbanquis. Mucha paridad en los planteles.

La diferencia, sin duda, se irá marcando en los imponderables. Sin embargo, no todas son definitivas. América perdió a Mateus Uribe y a Roger Martínez en el Juego de Ida y se mantuvo competitivo.

El viernes, en Raza Deportiva, una especialista en psicología deportiva, que lleva en el ADN la sabiduría sobre el tema, Claudia Rivas, hija del doctor Octavio Rivas (QEPD), nos levantaba un hilo suelto de la madeja: el liderazgo en el vestuario.

El mensaje determinante sobre ser campeones, no se da en el último momento, sino que se debe ir administrando cada día, cada momento, de otra manera ejerce más presión, explicaba la psicóloga Rivas.

En Cruz Azul, opinaba, la prédica de Caixinha y Ricardo Peláez parece estar en sintonía y ha comenzado desde antes del torneo, explicaba Claudia Rivas.

Alguna vez desarrollando sus servicios en el América, ella reconoce los riesgos en Coapa: "De repente Miguel (Herrera) se nos va", explicaba, en referencia al temperamento álgido de El Piojo.

Claro, en las Águilas esa obligación de ser campeón empieza a morder los tobillos del individuo, desde que ponen pro primera vez el pie en El Nido.

En ese sentido, la doctora en psicología deportiva opinaba que Cruz Azul tiene ventajas sobre América, para la homilía final, la arenga de este domingo, antes del Juego de Vuelta.

Podría tener razón la doctora. Pero, recordemos, cómo, con un hombre menos, todo en contra, América en 2013 le sacó el partido a Cruz Azul y se coronó campeón.

Recuerdo además, un amistoso entre Estados Unidos y México. Al medio tiempo, EEUU se fue con el marcador a favor, 2-0. En la segunda mitad, México emparejó 2-2 y estuvo cerca de la victoria.

"Huevos, eso les dije en el medio tiempo, que jugaba por México y que tenían que poner huevos, para ser su mejor versión de futbolistas mexicanos en la cancha", explicaría después Miguel Herrera con su habitual dureza.

Por eso, más allá de la parodia de Gran Final con que nos embaucaron el pasado jueves, tal vez este domingo, pero sólo tal vez, ambos, y hasta el VAR, decidan redimirse. Amén.

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Cruz Azul y América tiraron a la basura 90 minutos que eran una ocasión maravillosa del futbol mexicano para mostrar las virtudes de los dos mejores equipos del torneo y de dos clásicos e históricos clubes. Una pena. Un desperdicio absoluto por el miedo de tomar riesgos y decisiones en la cancha. La actitud de los entrenadores y de los futbolistas es, para mí, reprobable. Deben entender que antes de ser un juego de ganar o perder, es un juego para entretener, para brindar espectáculo. América y Cruz Azul lo dejaron todo para el domingo. ¡Qué decepción!

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO.- Siempre será más fácil jugar a no perder que jugar a ganar. Cruz Azul y América nos lo mostraron profunda y eficientemente en los primeros 90 minutos de la ‘’gran’’ Final. !Que desperdicio!

 

El arbitraje fue pésimo, el ‘’VAR’’ no existió y el césped del Azteca es una lástima, pero ninguno de esos factores estuvo por encima de la nula actitud de los equipos --los entrenadores Caixinha y Herrera y los 28 futbolistas que participaron la noche del jueves--. Una pena, porque si bien, insisto, hubo algunas situaciones anómalas o que pudieron haber perjudicado el desarrollo del juego por errores del árbitro --el innombrable Fernando Guerrero-- nada fue más drástico que un líder general de la competencia y otro cuadro con la mayor cantidad de goles en el torneo jugando al no pasa nada y al dejemos todo para el domingo. Sinvergüenzas.

Lo que en un principio nos parecía una ventaja que jugaría a favor de esta combinación entre dos clásicos clubes del futbol nacional -el equilibrio de líneas, el hecho de que no había cambios de estadios, que se jugaría la final completa en el Azteca-- terminó afectando lo que para mí es fundamental en este juego profesional llamado futbol: el espectáculo. Me pregunto si los jugadores, los entrenadores, los directivos, los árbitros y todos los integrantes de esta ‘’fabulosa’’ familia futbolística mexicana entenderán que se trata de entretener a los miles que hacen un esfuerzo por comprar un boleto para el estadio y a los millones que hacen otro esfuerzo en encender la televisión. Pareciera que no.

 

Cruz Azul y América tienen material de sobra para jugar mejor de lo que lo hicieron el jueves. Pero ante tanta expectativa se genera un temor, un miedo por perder que provocó que los dos equipos se dedicaran a ‘’pelotear’’ --no sé si es el término adecuado, pero es el único que encuentro ahora-- y dejar todo para el día que en realidad será definitivo. No había un local obligado a sacar el resultado para defenderse el domingo como visitante. Y ello transformó la noche en parajes largamente indeseables e infumables de futbol.

 

El arbitro y la aplicación del ‘’VAR’’ se mantuvieron a la altura del juego y de lo que ha sido su trabajo en el torneo. También, en apariencia, existió miedo de marcar un penalti claro a favor del América cuando el partido comenzaba y luego también hubo ‘’temor’’ --no lo puede entender de otra forma-- de aplicar la justicia y echar del campo de juego al argentino Caraglio, del Cruz Azul y al paraguayo Valdez, del América.

Fue un desperdicio. Un desperdicio de expectativas, de emociones, de calidad futbolística, de un escenario lleno y chispeante y de una noche donde el futbol pasa a ser algo más importante que un simple juego o que un juego que siguen sólo aquellos a los que realmente gustan de este deporte. Fue un desperdicio del futbol mexicano, en una jornada ideal para atrapar a los aficionados y a los nuevos aficionados y brindarles lo que finalmente debe ser el valor supremo de este juego: el espectáculo.

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- El silencio del VAR sólo puede ser sospechoso. Ese silencio sólo significa incompetencia o contubernio.

O calla el VAR por timorato o lo callan por timorato. Cierto: la autocensura es tan perniciosa como la censura.

El VAR tuvo espléndidas oportunidades de rescatar su menoscabada credibilidad en este primer torneo de aparición en el futbol mexicano.

1.- ¿No merecía revisión el rodillazo de Lichnovsky sobre Bruno Valdez? Conforme a los lineamientos del VAR, era imprescindible que desde su unidad móvil apercibieran a Fernando Guerrero.

2.- ¿No merecía revisión el reajuste del puente dental que le hizo Bruno Valdez a Iván Marcone? Por supuesto. El espíritu de existencia del VAR se debe a acciones como esta.

3.- ¿No merecía revisión la plancha de Milton Caraglio sobre Bruno Valdez? Entra en las opciones para el VAR. Haberla auscultado no habría provocado ningún reclamo. "Fiat iustitia et pereat mundus ('Hágase justicia, aunque por ello perezca el mundo')".

Cierto, los oficiales del VAR tienen la razón al explicar de manera confidencial que no lo vieron ni Miguel Ángel Chacón ni Quetzalli Alvarado, en la dinámica inmediata del partido.

Y si ellos no lo vieron en la secuencia del juego, pues seguramente escapó al árbitro y tenor fallido, Fernando Guerrero, y a sus asistentes. El único testigo, fue el cadáver, dirían.

La justicia es ciega. Y aún más ciegos fingen ser quienes fingen que la imparten. Y no es que no vean, sino que saben, perfectamente, que es mejor tener los ojos cerrados. No importa que la omisión sea por sí misma un acto de injusticia.

Visto así, en México, el VAR no opera como instrumento de un reglamento, sino como un instrumento para oficializar la violación del reglamento.

Es decir, el VAR es la versión James Bond del arbitraje: con todas las licencias para hacer y deshacer.

Curiosamente, los involucrados, víctimas pues, Cruz Azul y América, deciden convertirse en cómplices: ninguno de ellos apeló ante la Comisión Disciplinaria. Su silencio protege la inoperancia de los operadores del VAR.

Claro: si uno pide la inhabilitación de Bruno Valdez, el otro pedirá la inhabilitación de Caraglio. Una pérfida versión del Rey Salomón, quien habría enloquecido dirigiendo al VAR.

Descartando el "ojo por ojo, diente por diente", ahora, después de renunciar, por conveniencia, a exhibir y denunciar la negligencia del VAR, Cruz Azul y América se convierten en compinches del mismo.

Entonces, ¿con qué cara podrán ambos equipos protestar por los fallos del VAR en el Juego de Vuelto de la Final? Ambos, Cruz Azul y América, ahora, son rehenes del VAR.

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LOS ÁNGELES -- El nerviosismo y el nervio provocaron el canibalismo en el Estadio Azteca. En la tribuna comenzaron mordiéndose las uñas y en la cancha mordiendo los tobillos y los espacios en la cancha.

Y al final, en el Juego de Ida de la Final, 0-0, que en el futbol equivale a la mueca grotesca de la decepción. La emoción llegó con las manos vacías.

En esta guerra, no hubo balas, y las medallas se las lleva el conformismo de los entrenadores... o enterradores. Si acaso, al final, Marchesín 1-1 Corona.

Pero en el saldo blanco y pusilánime del 0-0, el gran perdedor es el América. Se queda sin Mateus Uribe y sin Roger Martínez para el próximo domingo.

El chasco lo entretejieron los dos equipos. Incluso al minuto 80, Cruz Azul, administrativamente visitante, decidió ponerle doble candado al marcador. 0-0 que emocionaba a las bancas y hacia mugir de frustración a los ansiosos de una guerra genuina.

Y así comenzó. Guerra avisada, no mata soldado. 48 horas antes presagiaron fragor. Los primeros 45 minutos se trató de rescatar su pellejo, más que arrancarle genuinamente la zalea al juramentado enemigo.

Marchesin, volando, genuinamente, como un acróbata curtido de Cirque du Soleil, atajó un misil de Catita Domínguez que iba ahí, donde las arañas nunca tejen su nido.

El resto, una lucha sorda. Marca, choques, precipitación, rudeza y hasta el abuso de las obviedades de balonazos al área, con eventuales migrañas para los zagueros, fueron consumiendo los minutos, y en la tribuna, obviamente, los dientes apretados de angustia, se tradujeron en bostezos.

Sí, zozobra arriba, insipidez abajo. La veneración al empate sin goles desde los reclinatorios del miedo, terminaron por consagrarse a la supervivencia, bajo el amparo del 0-0.

Conocido en los bajos mundos del bolero y la bohemia como El Cantante, el silbante Fernando Guerrero se mantuvo afónico a pesar de reclamos airados a lo largo del primer tiempo por parte de ambos equipos, y, en apariencia, dirigido a control remoto desde el VAR.

De entrada, en el arranque del segundo tiempo, tras una atajada espléndida a disparo de Mateus Uribe, hay un choque en el que Bruno Valdez se queda con las muelas del juicio de Marcone en el puño, y extrañamente el VAR y su marioneta en la cancha, callaron, en inminente penalti y expulsión del goleador americanista.

Ya antes, Lichnovsky había clavado un rodillazo en el aire sobre la rodilla de Valdez, y tampoco Guerrero le cantó una oda al VAR. Un misterio muy silencioso y un silencio muy misterioso.

América debió sobreponerse a la primera baja de la Final, Mateus Uribe, con posible esguince de rodilla, y con Oribe Peralta obligado al relevo y a hacer funciones que ya venía realizando desde la época de Ricardo LaVolpe.

Cruz Azul tuvo al minuto 94 la oportunidad de asesinar a las Águilas. Cauteruccio, de manera trompicada, entrega el balón a Méndez, y solo, ante Marchesín, estrella el disparo en el larguero.

Sí, cáusticamente, Cauteruccio la cruzazuleó. No debería extrañar, porque es el disparo número 11 que este torneo La Máquina estampa en los postes.

Todo queda abierto para el próximo domingo. En algún momento, en esta Final, en la que parecen dispuestos a arrojarse jitomatazos de trinchera a trinchera, en algún momento alguno saldrá vencedor, aunque, de esperarse, que sea también un digno vencedor.

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LOS ÁNGELES -- Para ganar la guerra será necesario ganar las pequeñas batallas en la cancha. Y en esta Final entre América y Cruz Azul pululan las zacapelas individuales y por líneas.

Sin duda organizar cada batalla requiere de la astucia del cuerpo técnico y de la concentración, disciplina y lealtad de cada jugador. Un ajedrez con piezas azules y amarillas.

1.- ¿Noche de reencuentros? ¿Bruno Valdez contra Pablo Aguilar? El americanista es el goleador de su equipo. Siete anotaciones, cazando la oportunidad en la periferia de la portería.

¿Y será el chileno Lichnovsky quien respalde a Aguilar contra Valdez? ¿O recurrirá a labores extras de Méndez o Caraglio?

Mejor será, sin duda, tratar de evitar cobros que puedan poner la pelota en las entrañas del área celeste.

2.- Las cifras dicen la verdad, pero no todas las verdades. Incluyendo goles de Liguilla y torneo, la efectividad del América es de 2.77 y la de Cruz Azul es de 2.6.

De hecho, La Máquina fue durante el torneo uno de los equipos con menos tiros a gol, pero más eficacia. Incluyendo las dos fases, regular y Liguilla, ha hecho 78 tiros a gol y suma 30 anotaciones.

Mientras tanto, el América en las dos rondas ha disparado al arco 126 veces y marcado 45 goles. De hecho en la fase regular, sólo Tigres hizo más disparos a portería que las Águilas.

3.- Del punto anterior es necesario recalar en media cancha, piedra angular del equipo, de cualquier equipo.

Mientras Pedro Caixinha tiene estructurado y estable su armazón en torno al medio campo, Miguel Herrera ha sufrido, especialmente porque Mateus Uribe y sus problemas personales, por momentos, lo abstraen del juego, y quien sufre es Guido Rodríguez.

Sin duda el trabajo colectivo que en desplazamientos hacen Elías Hernández, Roberto Alvarado y Édgar Méndez, en apoyo de Marcone, Salas y eventualmente Baca, han mostrado mayor solidez.

Sin embargo, así como el muro cementero fue la mejor defensiva, sólo detrás apareció el América a lo largo del torneo regular.

Sin que esto sea perfectamente demostrable, a no ser por la agonía celeste ante Monterrey en el segundo tiempo del Juego de Vuelta, y la aplanadora americanista ante Pumas en el segundo encuentro, pero ambos han reformulado su presencia en la cancha.

Cruz Azul decidió administrar mejor los partidos. Pragmático, calculador, paciente, estoico, sufrió ante Monterrey, que eligió, desde su banca, morirse de nada.

Miguel Herrera, recurriendo a la misma fórmula que con Xolos, y olvidándose de sus raíces fincadas en matar o morir, buscaba el gol y administraba esfuerzos. Contra Pumas, renunció a ello: desbocó al frente a su equipo y el escándalo en el marcador, más el dominio abrumador, le enseñaron la ruta.

Todo esto, sin embargo no garantiza nada a partir de esta jueves por la noche en el Juego de Ida, en el que técnicamente, ambos equipos jugarán de locales por el conocimiento de la cancha, pero evidentemente se notará la diferencia en las tribunas.

Claro, estará siempre zopiloteando la duda, en todas direcciones, con el VAR y la actuación de Fernando Guerrero.

Y ya se sabe: todas las consideraciones, claves del juego que se enumeren, estadísticas que se mencionen, y antecedentes que se recuperen, poco tienen que ver ante los magníficos imponderables del juego: una noche sobresaliente de alguno, una noche aciaga de otro, una lesión inesperada, un momento de duda o un momento de precipitación.

Lo deseable, como siempre, es que toda esa rivalidad amamantada a lo largo de 17 fechas y dos jornadas de Liguilla, termine con ambos equipos despedazándose sin piedad, pero sólo con el balón como argumento.

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LOS ÁNGELES -- Son tan diametralmente diferentes que viven en extremos que sólo se conectan morbosamente a través de la rivalidad: Cruz Azul y América. Ahora, de nuevo, en una Final, la del Clausura 2018.

Precisamente los puntos de divorcio los hacen vivir en ese concubinato perverso para hacer de cada confrontación una lucha de ideas y de ideales. Entre su amor y su odio no hay ningún paso.

1.- PERVERSIDAD Y CANDOR...

América faculta a sus enemigos para que ejerzan la doctrina del aborrecimiento. El Ódiame Más es un acto de provocación, de incitación, a sabiendas, claro, de su inmortalidad como equipo. Levanta la mano antes de lanzar la primera piedra.

Cruz Azul, en cambio, se maneja con intenciones inmaculadas. El escándalo le aterra más que la derrota. Claro, en ese vía crucis acumulado por ya 21 años, el fracaso ha fomentado el abuso del escarnio. Y duele más en el nicho de la burla.

Y como consecuencia de ello, entre esa conmiseración casi maternalista, la mitad más muchos otros, prefieren que Cruz Azul redima modestamente sus blasones y remodele la anquilosada y herrumbrada sala de trofeos.

Una victoria celeste sería, irrefutablemente, hecha suya por las aficiones del resto de los equipos de la Liga Mx. Prefieren, sin duda un modosito arrogante celeste, que soportar seis meses de dictadura pedante en redes sociales.

La grandeza del América no se mide por sus éxitos sino por la dimensión de las agruras que provoca su solo nombre entre la muchedumbre de enfrente. Sus enemigos escupen bilis. Es una forma de veneración.

2.- DE TABLETAS A TABLONES

Pedro Caixinha se alió con la tecnología. El jugador de Cruz Azul debe saber desde las virtudes hasta las caries de su adversario en turno. Hay un gigabyte sobre Diego Láinez y otro más sobre el desaparecido Insaurralde. No hay lagunas de información.

Miguel Herrera es más capataz de la construcción. Prefiere embarrarse de cemento, pero que cada torre de combate quede documentada y enterada de qué y porqué deben hacerse las cosas en la cancha.

De la computadora, El Piojo sólo usa el "mouse" para masajearlos cuando lo necesitan y el cable de corriente, para atizarles en el lomo si es necesario.

Son estilos. Caixinha prefiere ese diálogo constante de su jugador con la mirada clavada en una tableta que le desnuda misterios del rival. Herrera prefiere mirar fijamente al futbolista y descubrir si duda, si entiende, si está comprometido o si está pensando en sus redes sociales.

Dos escuelas distintas, no opuestas, pero que, aparentemente, llevan al mismo sitio de privilegio: la Final del futbol mexicano.

3.- LA MANO QUE MECE LA CUNA

Ricardo Peláez es un Caballo de Troya moderno, en este caso. Conoce al América, conoce a la mayoría de los jugadores, y conoce a Miguel Herrera porque compartieron desvelos en Coapa y con la selección mexicana. Compartieron la almohada de triunfos y sinsabores.

Peláez conoce sus límites e incursiona en terrenos de Caixinha. Ha sido moldeado por éxitos y fracasos. Conoce el método para fortalecer a su técnico ante cada jugador y a cada jugador ante su técnico. El patriarca de La Noria no manda, sólo ordena.

Santiago Baños opera de manera distinta. Sabe que no puede controlar a El Piojo, pero sabe cómo puede colaborar con él. Lo conoció en detalle como su auxiliar, y en las carambolas de la vida, ahora, presuntamente, es su jefe. Socio, sería, sin ser denigrante, más exacto.

Además, inteligente, Baños lima, si las hay, asperezas en el recoveco más complicado de un equipo de futbol: la banca.

4.- NEGENDRADOS, NO CREADOS...

Las raíces mismas de las instituciones se nutren de savia muy diferente. De cuna opulenta, América, formalmente, nace como parte de un imperio que, mediáticamente, aunque no financieramente, trasciende más que la matriz misma.

Lejos de ser un juguete de un millonario ocioso, América nace, crece, se reproduce y se eterniza como un elemento de poderosa penetración social y civil. Televisa, en cada americanista un hijo te dio.

Cruz Azul en cambio es una respuesta casi comunal y hasta comunitaria. Reflejo de una clase obrera, trabajadora, consumada bajo el modelo económico de La Cooperativa, encuentra en la aventura del futbol, un vehículo de promoción de su sello comercial.

Ciertamente, también, queriendo o no, le agregó un elemento de solidaridad gremial y de distracción a los miembros de una nación laboral que encontraba beneficios económicos, sociales, y, además -porque así fue por un tiempo--, un equipo poderoso, campeón, ganador, ejemplar.

Y mientras el América se maneja como empresa y propone, dispone, descompone y recompone, como sea necesario -echando a Peláez incluso--, además mantiene el rigor de competencia interna. No hay más indispensables que el dueño.

Cruz Azul, es una empresa familiar. Todos son, han sido o serán hijos pródigos de los resultados. Y a veces, erróneamente, la manejan así.

Tras casi 21 años, hasta atreverse a la llegada de Peláez, con absoluta libertad, La Noria se deshace de lastres y rémoras que carcomían al equipo y originaban fracasos. Abandonó el camino de la autodestrucción.

Mientras América compite con Chivas por esa supremacía popular en México y Estados Unidos, Cruz Azul es sin duda el tercer equipo con más seguidores, al que, incluso, en Guadalajara, conforme a sondeos, aparece por encima del Atlas.

Estos son apenas algunos detalles que se suman a los ingredientes que poderosamente nutren esta Final del futbol mexicano, especialmente con una misión y comisión por parte de aquellos ajenos a los colores de ambos equipos: que el desenlace, si se puede, sea aún más dramático, impactante, memorable, como el de la Final del 2013, esa misma que es considerada la mejor de todas en la historia del futbol mexicano. La estampa de Moisés Muñoz se eternizó como la silueta de Hugo Sánchez marcándole de chilena al Logroñés, o la de Manuel Negrete en espectacular media tijera a Bulgaria.

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Indescifrable

FECHA
11/12
2018
por David Faitelson

Es prácticamente imposible encontrar al favorito de esta final. ¿Cruz Azul? ¿Por qué? ¿El América? ¿A qué obedece? Llegan dos equipos tan completos, equilibrados, concentrados e inteligentes que es difícil inclinarse por un o por otro. Creo que estamos ante una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano y que, al final, será un error, un detalle, una circunstancia la que termine estableciendo la dirección del trofeo del Apertura 2018…

 

SAN DIEGO, California.- Me he dado de topes contra la pared por una pregunta que, bajo otro tipo de condiciones, sería muy fácil de responder: ¿Quién es el favorito de la final del futbol mexicano?

Mencionar un porcentaje parece una tarea sencilla, pero estará, indudablemente, alejado de la realidad que rodea a los dos partidos. Creo, sin temor a equivocarme, que estamos ante de una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano. No sólo por el hecho de que juegan en el mismo estadio, sino más bien por la contundente idea de que son dos equipos que dominan un estilo y que poseen futbolistas con las condiciones necesarias para competir en todos los sectores de la cancha.

 

El Cruz Azul ha sido el líder general y aunque no ha mantenido el nivel que alcanzó en la temporada durante esta liguilla, ha jugado con inteligencia. Es un equipo sólido, que jamás pierde la calma ni las ideas y que, basado en ese orden, posee los argumentos para ganar partidos. No esperen, quizá, nada espectacular o atrevido de un cuadro de Pedro Caixinha, pero sí efectividad, sobriedad y garantía.

Y el América no requiere de mucha presentación. Ha llegado echando “chispas” a la final, un equipo que mete goles, efectivo en defensa, peligroso a balón parado y con nombres que son capaces de desequilibrar de medio campo hacia el frente: Renato, Cecilio, Lainez, Roger Martínez, Ibargüen y el veterano Oribe Peralta. América tiene 15 partidos consecutivos sin perder y no cae en el Azteca --donde se jugarán los dos partidos de la Final-- en sus últimas 10 presentaciones. Y si buscamos más números debemos agregar que Cruz Azul terminó invicto como local en el torneo y que fue la mejor defensiva. El América la mejor ofensiva.

 

No hay manera de encontrar algún rasgo que termine estableciendo un favorito en esta final. Traté, desesperado, de acudir la responsabilidad que significa ser Campeón o sub-campeón el lunes y los resultados son los mismos. ¿Usted cree que le alcanza a Cruz Azul, tras 21 años de larga y exasperada espera, conformarse con hacer un buen papel? No, no, y otra vez no. ¿Y el América? Un América que siempre sale al campo de juego con más obligaciones que los demás tampoco puede satisfacerse con una actuación decorosa. El América es el más urgido de los urgidos, siempre. Además, al ser un Clásico involucra otro tipo de sentimientos y obligaciones.

En fin, me he metido en una situación comprometedora. Decir quién es el favorito de esta final es prácticamente imposible. Los dos equipos lucen tan fuertes, tan compactos, tan virtuosos que me puedo “partir” la cabeza sin encontrar la respuesta adecuada. Caeremos, entonces, en los “clichés” de siempre: De pronóstico reservado, la moneda en el aire y nada para nadie, aunque, a decir verdad, cualquiera de esas frases corresponde a la realidad. No sabemos qué sucederá.

@Faitelson_ESPN

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