La urgencia del urgido. El Guadalajara no puede permitirse otra temporada en el desamparo y la miseria futbolística. Necesita, al menos, insinuar que va a pelear por el título, que estará entre los 8 candidatos. Su grandeza, su historia, su prosapia no le permite transitar por el mismo escenario de las últimas tres campañas. Es el más apurado en el torneo que arranca en el futbol mexicano. Chivas está contra la pared...

SAN DIEGO, California -- Vuelve el futbol mexicano y vuelve tan pronto que no tuvimos ni siquiera tiempo y espacio para extrañarlo. Los reflectores parecen puestos otra vez sobre la posibilidad de que el América comience una hegemonía, de que Tigres y Rayados respondan a su poderosa inversión y de que Cruz Azul rompa, finalmente, el largo ayuno que en cuanto a títulos le acompaña. Pero la 'urgencia más urgente' es sólo de uno: de Chivas, sólo de Chivas.

Tres temporadas consecutivas sin liguilla, un infame Mundial de Clubes y un desorden administrativo en el que nadie conoce la verdad, porque si el problema no es económico --como lo reiteran sus dirigentes una y otra vez-- entonces es un tema de ineptitud, de torpeza y hasta de una traición. ¿Qué le pasa a Chivas? Quizá sea una combinación casi 'perfecta' de todo. Una institución en aprietos financieros y con las personas menos adecuadas el frente para solventar la situación.

Sea como sea, Chivas comienza el torneo contra la pared. Necesita regresar a una escena competitiva que, aunque no le garantice el campeonato, sí le avale con un equipo que, al menos, insinúe competir por ese campeonato.

Sigo pensando que tiene en José Cardozo al entrenador apropiado. Que puede hacer el trabajo. Las contrataciones que ha hecho durante el receso invernal no son malas --tampoco extraordinarias. Resalta el mediocampista de contención, Jesús Molina, que, en algún momento, llegó a tener un nivel que suponía la exportación a otros niveles del juego. Junto a él, el defensor central Hiram Mier --alguna vez, también, material del más alto nivel-- y otros nombres como el de Dieter Villalpando y Luis Madrigal que deberán demostrar que están por encima de los jugadores que puede y debe producir la propia cantera del Guadalajara. Chivas sacrificó algunos nombres de sus fuerzas básicas para traer a estos futbolistas: José Macías ha sido prestado al León y Ángel Zaldívar termino en Rayados; Orbelín Pineda, considerado como una pieza esencial de los últimos títulos (liga y copa) que consiguió Chivas durante la era de Matías Almeyda, fue vendido a Cruz Azul.

No será nada sencillo para Chivas, pero debe, como menos, meterse en la lucha de los ocho mejores del torneo. Ya si es campeón es otra historia, porque parece muy lejos de las nóminas de América, Cruz Azul, Monterrey, Tigres, Pachuca, Toluca e incluso Pumas. Pero, con lo que tiene, debe pelear.

Chivas es el más presionado de todos, porque su historia, su abolengo, su grandeza no soporta otro torneo en el desamparo y la miseria futbolística. Chivas, con sus virtudes y aún con sus carencias, necesita competir por el campeonato.

@Faitelson_ESPN

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En una Liga que se vanagloria de su equilibrio, el América, más que el rival a vencer, tendrá que demostrar que no ha sido un campeón más en la larga lista de monarcas que pululan en la historia moderna del futbol en México. Oposición, como siempre, tendrá. Equipos que se han reforzado ‘’quirúrgicamente’’ y otros que, de plano, como Chivas o Pachuca, “tiraron las casa por la ventana”. O quizá, Tigres que, al igual que el América, ha mantenido prácticamente intacta la nomina que le ha dado resultados en los últimos tiempos. El América saldrá como favorito ++nada nuevo++ y también con el reto de no haber sido un “campeón más”...

SAN DIEGO, California.- ¿Es el América el equipo a vencer? La pregunta se responde contra otra pregunta: ¿Cuándo ha dejado de ser el América el equipo a vencer?

Un torneo más del futbol mexicano está por comenzar. La mayor parte de los equipos han hecho, de acuerdo con sus posibilidades, adecuaciones que podrían ser fundamentales. La realidad es que aquellos que le dan una mayor continuidad a su plantel parecen los más avocados a seguir siendo grandes candidatos al título. En un futbol que se vanagloria de su equilibrio, los campeones pululan por aquí y por allá. El verdadero reto del América no es ser “el equipo a vencer”. El verdadero reto del América es tratar de no ser un Campeón más, en la larga lista que el futbol mexicano presume desde la instauración de los torneos cortos.

Y lo primero coherente que ha hecho Miguel Herrera es mantener el plantel. No hacer demasiados cambios. Algo que funcionó puede seguir funcionando de la misma forma. Herrera está pendiente de la decisión de Diego Lainez. Si se va ++que él quiere que se vaya por el beneficio del futbolista++ buscará alguna alternativa. Ya ronda el nombre de un joven venezolano ++Yeferson Soteldo++ para en el caso de que lo de Lainez y el Ajax termine concretándose. El América le dará el espaldarazo a una nómina que, a pesar de las lesiones y la inconsistencia, termino siendo la mejor del campeonato.

Algunos equipos se han reforzado “quirúrgicamente” ++Cruz Azul, Monterrey, Toluca++ y otros han acudido a la chequera a la búsqueda de las soluciones. Creo que el argentino Maximiliano Meza, que procede de Independiente y que fue parte de la selección argentina del Mundial del 2018, es uno de los grandes refuerzos del torneo. Los Rayados están, como lo han estado en las últimas temporadas, obligados a responder. Cruz Azul ha buscado los remedios a su poco presentable liguilla con el local Orbelín Pineda, el uruguayo Jonathan Rodríguez y el peruano Yoshimar Yotún. Toluca se ha hecho del goleador de la superliga argentina, Emmanuel Gigliotti, mientras que Pachuca y Chivas han tirado la casa por la ventana. Los Tuzos reintegraron a la Liga al colombiano Edwin Cardona y firmaron al argentino Ismael Sosa y al chileno Victor Dávila. El Guadalajara hizo un esfuerzo enorme para traer a Hirma Mier, Jesús Molina, Dieter Villalpando y Luis Madrigal. Los Tigres, al igual que el América, casi no tocaron su nómina, si acaso se cuenta a Jefferson Intriago, un mediocampista ecuatoriano de 22 años y al ex toluqueño, el colombiano Luis Quiñones.

El futbol mexicano ha presumido siempre su equilibrio, una bandera que, muchas veces, se confunde con la de la mediocridad. Como sea, lo que sobran son los campeones. Y de campeón a campeón se trata de mostrar quien es el mejor y quien no es “uno más”. Ahí radica el reto de este América…

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Una Final de desperdicio

Cruz Azul y América tiraron a la basura 90 minutos que eran una ocasión maravillosa del futbol mexicano para mostrar las virtudes de los dos mejores equipos del torneo y de dos clásicos e históricos clubes. Una pena. Un desperdicio absoluto por el miedo de tomar riesgos y decisiones en la cancha. La actitud de los entrenadores y de los futbolistas es, para mí, reprobable. Deben entender que antes de ser un juego de ganar o perder, es un juego para entretener, para brindar espectáculo. América y Cruz Azul lo dejaron todo para el domingo. ¡Qué decepción!

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO.- Siempre será más fácil jugar a no perder que jugar a ganar. Cruz Azul y América nos lo mostraron profunda y eficientemente en los primeros 90 minutos de la ‘’gran’’ Final. !Que desperdicio!

 

El arbitraje fue pésimo, el ‘’VAR’’ no existió y el césped del Azteca es una lástima, pero ninguno de esos factores estuvo por encima de la nula actitud de los equipos --los entrenadores Caixinha y Herrera y los 28 futbolistas que participaron la noche del jueves--. Una pena, porque si bien, insisto, hubo algunas situaciones anómalas o que pudieron haber perjudicado el desarrollo del juego por errores del árbitro --el innombrable Fernando Guerrero-- nada fue más drástico que un líder general de la competencia y otro cuadro con la mayor cantidad de goles en el torneo jugando al no pasa nada y al dejemos todo para el domingo. Sinvergüenzas.

Lo que en un principio nos parecía una ventaja que jugaría a favor de esta combinación entre dos clásicos clubes del futbol nacional -el equilibrio de líneas, el hecho de que no había cambios de estadios, que se jugaría la final completa en el Azteca-- terminó afectando lo que para mí es fundamental en este juego profesional llamado futbol: el espectáculo. Me pregunto si los jugadores, los entrenadores, los directivos, los árbitros y todos los integrantes de esta ‘’fabulosa’’ familia futbolística mexicana entenderán que se trata de entretener a los miles que hacen un esfuerzo por comprar un boleto para el estadio y a los millones que hacen otro esfuerzo en encender la televisión. Pareciera que no.

 

Cruz Azul y América tienen material de sobra para jugar mejor de lo que lo hicieron el jueves. Pero ante tanta expectativa se genera un temor, un miedo por perder que provocó que los dos equipos se dedicaran a ‘’pelotear’’ --no sé si es el término adecuado, pero es el único que encuentro ahora-- y dejar todo para el día que en realidad será definitivo. No había un local obligado a sacar el resultado para defenderse el domingo como visitante. Y ello transformó la noche en parajes largamente indeseables e infumables de futbol.

 

El arbitro y la aplicación del ‘’VAR’’ se mantuvieron a la altura del juego y de lo que ha sido su trabajo en el torneo. También, en apariencia, existió miedo de marcar un penalti claro a favor del América cuando el partido comenzaba y luego también hubo ‘’temor’’ --no lo puede entender de otra forma-- de aplicar la justicia y echar del campo de juego al argentino Caraglio, del Cruz Azul y al paraguayo Valdez, del América.

Fue un desperdicio. Un desperdicio de expectativas, de emociones, de calidad futbolística, de un escenario lleno y chispeante y de una noche donde el futbol pasa a ser algo más importante que un simple juego o que un juego que siguen sólo aquellos a los que realmente gustan de este deporte. Fue un desperdicio del futbol mexicano, en una jornada ideal para atrapar a los aficionados y a los nuevos aficionados y brindarles lo que finalmente debe ser el valor supremo de este juego: el espectáculo.

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Indescifrable

FECHA
12/12
2018
por David Faitelson

Es prácticamente imposible encontrar al favorito de esta final. ¿Cruz Azul? ¿Por qué? ¿El América? ¿A qué obedece? Llegan dos equipos tan completos, equilibrados, concentrados e inteligentes que es difícil inclinarse por un o por otro. Creo que estamos ante una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano y que, al final, será un error, un detalle, una circunstancia la que termine estableciendo la dirección del trofeo del Apertura 2018…

 

SAN DIEGO, California.- Me he dado de topes contra la pared por una pregunta que, bajo otro tipo de condiciones, sería muy fácil de responder: ¿Quién es el favorito de la final del futbol mexicano?

Mencionar un porcentaje parece una tarea sencilla, pero estará, indudablemente, alejado de la realidad que rodea a los dos partidos. Creo, sin temor a equivocarme, que estamos ante de una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano. No sólo por el hecho de que juegan en el mismo estadio, sino más bien por la contundente idea de que son dos equipos que dominan un estilo y que poseen futbolistas con las condiciones necesarias para competir en todos los sectores de la cancha.

 

El Cruz Azul ha sido el líder general y aunque no ha mantenido el nivel que alcanzó en la temporada durante esta liguilla, ha jugado con inteligencia. Es un equipo sólido, que jamás pierde la calma ni las ideas y que, basado en ese orden, posee los argumentos para ganar partidos. No esperen, quizá, nada espectacular o atrevido de un cuadro de Pedro Caixinha, pero sí efectividad, sobriedad y garantía.

Y el América no requiere de mucha presentación. Ha llegado echando “chispas” a la final, un equipo que mete goles, efectivo en defensa, peligroso a balón parado y con nombres que son capaces de desequilibrar de medio campo hacia el frente: Renato, Cecilio, Lainez, Roger Martínez, Ibargüen y el veterano Oribe Peralta. América tiene 15 partidos consecutivos sin perder y no cae en el Azteca --donde se jugarán los dos partidos de la Final-- en sus últimas 10 presentaciones. Y si buscamos más números debemos agregar que Cruz Azul terminó invicto como local en el torneo y que fue la mejor defensiva. El América la mejor ofensiva.

 

No hay manera de encontrar algún rasgo que termine estableciendo un favorito en esta final. Traté, desesperado, de acudir la responsabilidad que significa ser Campeón o sub-campeón el lunes y los resultados son los mismos. ¿Usted cree que le alcanza a Cruz Azul, tras 21 años de larga y exasperada espera, conformarse con hacer un buen papel? No, no, y otra vez no. ¿Y el América? Un América que siempre sale al campo de juego con más obligaciones que los demás tampoco puede satisfacerse con una actuación decorosa. El América es el más urgido de los urgidos, siempre. Además, al ser un Clásico involucra otro tipo de sentimientos y obligaciones.

En fin, me he metido en una situación comprometedora. Decir quién es el favorito de esta final es prácticamente imposible. Los dos equipos lucen tan fuertes, tan compactos, tan virtuosos que me puedo “partir” la cabeza sin encontrar la respuesta adecuada. Caeremos, entonces, en los “clichés” de siempre: De pronóstico reservado, la moneda en el aire y nada para nadie, aunque, a decir verdad, cualquiera de esas frases corresponde a la realidad. No sabemos qué sucederá.

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- "Láinez". Dícese de la distancia más corta entre la inoperancia y el gol.

Así fue la noche del jueves en Ciudad Universitaria. Pumas 1-1 América. Diego Láinez, el mocoso irreverente de 18 años le endosó medio boleto a quien lo tiene -generalmente- a medio tiempo: Miguel Herrera.

Diego Láinez, lo deslumbrante de la noche. Fugaz, incluso. Vida y muerte en Semifinales en seis segundos. En el umbral del minuto 21.

Pegadito a la raya -alguna vez- de cal, como los extremos bohemios de otros tiempos. Paralela a la línea, la ruta del balón. Diego Láinez recibe de Paul Aguilar. Y la magia empieza.

El pequeñín recibe. Y mal corre Malcorra. Las piernas y las neuronas de Láinez carburan con vértigo. Malcorra forcejea, jalonea, trata de atenazarlo. Bip, bip, le susurra el Correcaminos Láinez al Coyote de Pumas.

Tres segundos y Láinez le manda una postal al acalambrado Malcorra desde el área de Pumas. Pespuntea la pelota como abuela zurciendo calcetines: cortito y firme. Cabeza levantada y el cuerpecillo sacando ventaja de su bajísimo centro de gravedad.

Amaga una milésima de segunda de la eternidad con meter el pase. "Diagonal matona", nos cantaría El Perro Bermúdez. Y no. Láinez recompone y descompone a la defensa de Pumas. Quintana se queda un segundo en la artritis del titubeo.

A pradera limpia, Láinez ya resolvió el crucigrama en su cabeza mientras Quintana aún no encuentra ni el periódico. El americanista ya revisó el horizonte y contempló a Saldívar, quien musita mil padrenuestros y mil avemarías para que ese desgraciado mozalbete centre y no dispare.

Algo hace mal Láinez que le resulta perfecto. Su cuerpo rebasa al balón, por eso la puñalada a Pumas es aún más vistosa. Su pierna izquierda pierde el vuelo del impacto y entonces la cucharea lo suficiente para que Saldívar aún se pregunte cómo aquel enigma locomotriz nunca se lo enseñaron en secundaria. 0-1.

Seis segundos habían pasado entre el pie de Paul Aguilar, la red de Pumas, el brinco en el marcador y el alarido en la tribuna.

No lo encontré en el Larousse, pero seguro busqué mal, porque seguro en algún diccionario del universo debe decir claramente: "Láinez". Dícese de la distancia más corta entre la inoperancia y el gol.

¿El resto? Lucha, esfuerzo, empate de Pumas, y el bochorno absoluto, que hasta llega a ser sospechoso, del colombiano Roger Martínez, al cobrar el penalti con una enésima porción de la testosterona de Láinez en la jugada del gol. Desde el manchón de lo imperdonable, el cafetero perdona a Pumas.

América sale de Ciudad Universitaria ganando 1-1, con las cláusulas letales de la burocracia del reglamento. El gol de visitante abre puertas insospechadas.

¿Será Diego Láinez titular en la vuelta? Sólo Miguel Herrera lo sabe. Tiene a medio tiempo -generalmente- al que le da el medio boleto.

¿Seguirá Malcorra, aunque mal corra, como marcador de punta? Sólo David Patiño sabe si a su talentoso lo mantendrá de patiño de Láinez.

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No es mi “otro yo” hablándome a mí mismo. Es una disculpa que intenta ser sincera y profunda con el entrenador de los Pumas. Me equivoqué. Juzgué apresuradamente a David Patiño y hoy debo reconocer que es el entrenador apropiado para Pumas, que ha hecho una labor excepcional y que ha puesto al equipo --siempre respetando la filosofía histórica futbolística del club-- en el sitio que merece. Lo has logrado tú, David, a pesar de las criticas, de los momentos complicados y de los insolentes --como yo-- que dudábamos de tu capacidad. Nos has tapado la boca a todos…

SAN DIEGO, California.- Perdóname, David…

No, no es mi “otro yo” hablándome a mí mismo --aunque muchas veces tengo, debo admitirlo, esa clase de diálogos--. Soy yo ofreciéndole una sincera y profunda disculpa al entrenador de los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

David Patiño nos ha tapado la boca a muchos. Yo, el primero, porque hace meses o semanas cometí un error, apresuré un juicio, al calor de la pasión que significa Pumas, su necesidad siempre de permanecer en un estatus competitivo y sano y su gran rivalidad con el América. No una, varias veces, pensé y afirmé que Patiño no tenía ni la preparación, ni el conocimiento ni la personalidad para guiar a los Pumas hasta el sitio que realmente le corresponde. Me equivoqué, por ello me disculpo contigo, David y con todos aquellos a los que, en su momento, pude haber afectado o lastimado.

 

Patiño no sólo ha puesto a los Pumas en un sitio preferencial, lo ha hecho también bajo los preceptos que son propios de la institución y del club: un equipo aguerrido que pelea en cada rincón de la cancha y que, basado en su cantera --llega a jugar con siete u ocho futbolistas de sus fuerzas básicas al mismo tiempo-- y sus futbolistas extranjeros de bajo perfil --algunos de ellos no brillaron demasiado en otros clubes de la Liga MX-- ha encontrado una forma de competir entre equipos que le superan de manera desproporcionada en inversión: Tigres, Cruz Azul, Monterrey y América y muchos otros que se quedaron al margen de la liguilla. Pumas fue tercer lugar general, a tres puntos del América y a seis de Cruz Azul. Hoy, están en semifinales. ¿Se le puede pedir algo más a David Patiño?

 

Creo que sí. Aunque la temporada ha sido incuestionablemente satisfactoria, Pumas tiene enfrente al América y es un partido que, pasional, histórica y hasta románticamente, saca “chispas”. Fue, además, este Clásico, durante la temporada regular, el juego que más polémica generó en cuanto al papel de Patiño como entrenador. Lo siento, David, pero así es “la vida” en Pumas y tú mejor que nadie la conoces. Cuando parece que estás en la orilla y que eres ya un ganador, aparece un nuevo reto y ese reto es ganarle a tu acérrimo rival, el América. Estoy seguro de que Pumas y Patiño encontrarán la forma de mantenerse competitivos en un duelo que sus aficionados viven intensamente.

El lunes, en la emisión de Futbol Picante de ESPN, Roberto Gómez Junco enaltecía la labor de Patiño y lo catalogaba ya como el entrenador de la temporada en el futbol mexicano. Estoy de acuerdo con Roberto. Patiño ha hecho mucho con lo que ha tenido y le ha devuelto a Pumas un sitio, siempre respetando las condiciones y características del equipo universitario. Eso tiene un valor excepcional.

Perdóname, David. No es el primero ni será el último juicio apresurado o equivocado que tenga, pero aprenderé de esto y trataré, en la medida de lo posible, de ser más cuidadoso en adelante. Juzgue premeditadamente. Tu trabajo es excepcional. Pumas tiene al ser humano y al entrenador adecuado.

@Faitelson_ESPN

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Para Cruz Azul no deben existir dudas: el sábado está antes del miércoles y el América siempre será más importante que Monterrey en una final de Copa. Los aficionados celestes esperan con ansiedad cada vez que el América está enfrente. Es una oportunidad no sólo para sumar tres puntos, también para ganar en moral, en honor y orgullo, algo que se ha sensibilizado y debilitado notablemente en la historia de los últimos tiempos de este grandioso club. Frente al América, Cruz Azul no puede desaprovechar la ocasión de mostrarle que puede acabar con todos los espectros y espantos que le han acompañado en su más reciente época.

 

CIUDAD DE MÉXICO, México. – El sábado está antes que el miércoles, pero no sólo es una situación cronológica para los aficionados de Cruz Azul. Es un tema donde está de por medio el orgullo, la identidad y la gran oportunidad de “matar” a algunos de los más peligrosos “fantasmas” que han atemorizado sus épocas más recientes.

Los más pragmáticos afirman que el juego ante el América de este sábado vale sólo 3 puntos y que lo de la próxima semana es una final de Copa. Eso lo sé yo y seguramente un niño de 8 años. Pero la realidad es que, para Cruz Azul, de acuerdo con su historia vieja -aquella que fue gloriosa- y la moderna -que ha sido menos lustrosa- el choque ante el América significa una ocasión especial que no puede, de ninguna manera, desperdiciar.

Cruz Azul nació para vencer al América. Lo hizo brillantemente mientras se convertía en leyenda en la década de los setenta del siglo anterior y lo ha entendido a base de las heridas y cicatrices provocadas por los duelos de los últimos 20 años. Para Cruz Azul y sus aficionados hay más, mucho que más que 3 puntos en una fecha 14 del campeonato mexicano.

El “Derby” de la capital ocurre justamente cuando los dos equipos están separados por un punto en la lucha del liderato general. El América presume ser el mejor ofensivo del campeonato, pero Cruz Azul tiene la mejor condición para defenderse. El América viene de menos a más, envuelto en una gran racha mientras que Cruz Azul ha mostrado cierta debilidad en esta etapa del certamen de acuerdo con la tendencia que marcó en el inicio. El estadio, el mismo de ambos, aunque los celestes jugarán como locales administrativamente, estará lleno hasta la última fila.

Señalar un favorito es complicado, pero los antecedentes más inmediatos se refieren a que el América ha tomado cierta “paternidad” sobre Cruz Azul, incluyendo aquella dramática e increíble final de mayo del 2013. Ambos saben que podrían -deberían- volverse a encontrar más adelante, en la zona de la liguilla, pero el partido hoy tiene que ver con impulso anímico que ninguno de los dos está dispuesto a desechar.

Cruz Azul está ávido de títulos, de Copas, de trofeos, de reconocimientos, de gloria, y sabe que una forma de acceder a ella es acabando con los “fantasmas” recientes. Uno de ellos, el más temible de todos, ha sido el América. Lo tiene este sábado y no el miércoles.

@Faitelson_ESPN

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Todos los caminos se le fueron cerrando al argentino en México. No hubo una llamada de la FMF, no sobraron ofertas de clubes. El entrenador que había tenido un indudable éxito en las Chivas estaba pagando las consecuencias de haberse revelado y haber exigido lo que le correspondía a él y a sus colaboradores por un contrato. Chivas cobró venganza de Almeyda hasta provocar su destierro, su desarraigo, su huida a la MLS...

SAN DIEGO, CA -- A Matías Almeyda lo 'mató' --con comillas o sin ellas-- lo mató Chivas.

Y aunque el Guadalajara jura y perjura que no es el responsable directo del destierro del argentino, yo, la verdad, no les creo.

El futbol mexicano es así. Suele manejarse de esta forma. Cualquier futbolista o entrenador que intente lastimar o vaya por encima de sus intereses, queda congelado y ex exhibido como un ejemplo para el resto. Es una muestra de poder. Nadie puede o debe atreverse a hacerlo.

Lo increíble del tema es que a pesar de su gran éxito --porque, indudablemente lo tuvo-- en un club que sólo utiliza futbolistas mexicanos, el argentino no fue ni siquiera considerado como uno de los candidatos a dirigir a la selección mexicana. ¿Por qué? ¿Cuál fue el verdadero motivo? ¿Quién lo decidió? ¿Qué tipo de influencia lo concluyó así? El hecho de que Almeyda no haya sido tomado en cuenta para los planes de la selección mexicana en una época donde el puesto de entrenador está vacante me podría parecer hasta como una especie una derrota personal del Guadalajara.

A Almeyda le han cobrado cada factura de su enredada salida de Chivas. La relación se desgastó a medida que los acontecimientos avanzaban. Era un asunto en el cual, además de dinero, se involucraba orgullo. Tal parece que el club aguantó hasta el final para cobrar su 'venganza'. Los reflectores señalan hacia un personaje: José Luis Higuera, el siniestro presidente del equipo con quien Almeyda se había enemistado desde el momento en que Jorge Vergara se separaba de la vida activa en el club, Amaury Vergara no tomaba la fuerza necesaria y las cosas no estaban claras en cuanto a la separación de las determinaciones deportivas y administrativas. Almeyda y su grupo colaboradores argentinos tenían, al final del día, más poder que cualquiera en Chivas. La 'cacería' de Higuera habría comenzado; sin Vergara, todo comenzaban a derrumbarse para Almeyda.

Y Chivas entraba, enseguida, en un 'juego de poderes' extraños: La llegada de Paco Gabriel de Anda; la cara de Almeyda el día en que lo presentaron y la extraña media sonrisa de Higuera. El objetivo era restarle poder a Almeyda, debilitarle y obligarle a dejar al club. Para eso llegó Paco Gabriel, para eso fue utilizado por Higuera que, al final, también terminó aniquilando a su recién nombrado director deportivo. ¿Dónde quedó la pelota? En los pies de José Luis Higuera, que de paso se daba el tiempo para avanzar en el lobby federativo y cuyas recomendaciones e insinuaciones podrían haber afectado la imagen de Almeyda como posible candidato a la selección mexicana.

El tema personal --la forma en que su familia, sobre todas sus hijas, se adaptaron a Guadalajara-- terminaron propiciando que aceptara una oferta en la MLS. La idea de Almeyda era quedarse a dirigir en México. Los caminos, extrañamente, se le fueron cerrando. Nadie llamó de la FMF, ningún club ofreció algo importante. Estaba claro que Chivas había puesto el candado sobre la puerta.

Almeyda terminó desterrado. Chivas dice que no tuvo nada que ver. Yo, la verdad, no les creo... Me parece que el futbol mexicano ha aplicado otra vez su política sucia de vetar a quien no se someta a sus condiciones. El mensaje ha sido, nuevamente, muy claro: aquel que se queje, que se revele, sufrirá las consecuencias.

@Faitelson_ESPN

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Pumas y Tigres se quedaron en cuartos de final de la Copa MX. El América hizo una semana antes. Los llamados “grandes” parecen tener sus reservas cuando se trata de doblar las manos y admitir la derrota.

En medio de ello, una casi eterna polémica sobre cómo y quien determina la “grandeza” de un club en el futbol mexicano. La realidad es todo debe salir de una responsabilidad y de un compromiso, cosa que los futbolistas y los entrenadores muchas veces prefieren rehuir que enfrentar...

Hay un terrible miedo en el futbol mexicano a decir, simple y sencillamente: “Fracasamos”. Ni David Patiño, ni Ricardo TucaFerretti dieron ese paso al frente anoche, mientras Pumas y Tigres se despedían de la posibilidad de alcanzar las semifinales de la Copa MX. Casi al mismo tiempo, el futbol mexicano vive en su casi eterna confusión sobre quien “grande”, “mediano”, “pequeño” o de plano “no existe”. La realidad es que Tigres, Pumas y desde la semana anterior, el América, han fracasado en la Copa MX. Lo que me parece pasmoso es que algunos equipos pretendan ser “grandes” cuando ganan y “pequeños” cuando afrontan una derrota. Admitir un fracaso no es sencillo para nadie, ni en el futbol ni en la vida misma. La mayor parte son “grandes” cuando les conviene.

Hasta hace no mucho, en el futbol mexicano existía la creencia de que sólo había 4 “grandes” y poderosos, equipo que combinaban títulos con una gran cantidad de aficionados. América, Chivas, Cruz Azul y Pumas “comían” en una mesa aparte.

Pero los tiempos cambiaron. Llegaron los torneos cortos y con ellos campeones “exprés”; dos monarcas por años calendario con lo cual --perdone usted la palabra- se prostituyó el trofeo del futbol mexicano.

La dificultad de ser uno de los mejores en un torneo largo y luego triunfar en una liguilla se transformó por las necesidades de mercadotecnia. Torneos “al vapor” y campeones en “horno de microondas”. Y a partir de ahí, a los “4 grandes” se unieron otros: El Toluca dominó gran parte del inicio del siglo y también el de los campeonatos cortos y luego se agregaron Pachuca y Santos además del poder económico de los clubes regiomontanos.

Es imposible comprar al futbol mexicano con otra Liga del mundo. Al mismo tiempo en los torneos cortos generaban más campeones, también, hay que decirlo, la Liga se equilibro en cuanto a las condiciones económicas de los clubes.

Al América le decíamos “el cuadro milloneta”, cuando hoy, media docena de equipos o hasta mas tienen la misma capacidad -o mayor-que el América para invertir en el futbol. Aparecieron empresas, empresarios, marcas y el futbol mexicano, me parece, creció para bien en ese sentido. La pregunta es ¿Cuál es la fórmula para determinar que equipo es “grande”? ¿Los títulos? ¿los aficionados? Pumas no tiene tantos títulos como el Toluca, pero tiene mucho más aficionados. Cruz Azul tiene 21 años sin ganar un campeonato y plaza a donde se presenta levanta suspiros y genera pasiones.

¿Cómo no decirle “grande” a Tigres con todo lo que ha ganado y la clase de cuadros que ha montado? Y si a eso vamos, entramos en otro renglón: darle la responsabilidad al equipo en dependencia del material con que cuente o de las condiciones que le rodean.

Por ejemplo: hay quien dice que a Pumas no se lo puede exigir porque no cuenta con la misma calidad y amplitud en plantel que Cruz Azul, América o Tigres o que a Chivas hay que darle un tratamiento equipo especial: juega sólo con mexicanos a pesar de que los tiempos del futbol mexicano indican hacia otra dirección.

Es decir, “grandes” con asterisco, una excepción, una salvedad. Yo creo que eso no existe y es, al final del día, miedo a tomar compromisos. La “grandeza” en el futbol es relativa, pero tiene una formula invariable: admitir responsabilidades. Soy un “grande” y por eso fracasé. Es tan difícil admitirlo. Lo fue, al menos, para David Patiño y para Ricardo Ferreti, durante la noche copera del miércoles. En el futbol se gana y se pierde. Fracasar debe ser tan común como triunfar, pero es algo que tiene que ver con el ser humano y con la responsabilidad, el compromiso, sobre todo cuando se involucra el orgullo. Un club de futbol admite la “grandeza” con suma facilidad. El fracaso, lo rechaza, lo esconde, le tiene miedo.

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Pumas y Tigres se quedaron en cuartos de final de la Copa MX. El América hizo una semana antes. Los llamados “grandes” parecen tener sus reservas cuando se trata de doblar las manos y admitir la derrota.

En medio de ello, una casi eterna polémica sobre cómo y quien determina la “grandeza” de un club en el futbol mexicano. La realidad es todo debe salir de una responsabilidad y de un compromiso, cosa que los futbolistas y los entrenadores muchas veces prefieren rehuir que enfrentar...

Hay un terrible miedo en el futbol mexicano a decir, simple y sencillamente: “Fracasamos”. Ni David Patiño, ni Ricardo TucaFerretti dieron ese paso al frente anoche, mientras Pumas y Tigres se despedían de la posibilidad de alcanzar las semifinales de la Copa MX. Casi al mismo tiempo, el futbol mexicano vive en su casi eterna confusión sobre quien “grande”, “mediano”, “pequeño” o de plano “no existe”. La realidad es que Tigres, Pumas y desde la semana anterior, el América, han fracasado en la Copa MX. Lo que me parece pasmoso es que algunos equipos pretendan ser “grandes” cuando ganan y “pequeños” cuando afrontan una derrota. Admitir un fracaso no es sencillo para nadie, ni en el futbol ni en la vida misma. La mayor parte son “grandes” cuando les conviene.

Hasta hace no mucho, en el futbol mexicano existía la creencia de que sólo había 4 “grandes” y poderosos, equipo que combinaban títulos con una gran cantidad de aficionados. América, Chivas, Cruz Azul y Pumas “comían” en una mesa aparte.

Pero los tiempos cambiaron. Llegaron los torneos cortos y con ellos campeones “exprés”; dos monarcas por años calendario con lo cual --perdone usted la palabra- se prostituyó el trofeo del futbol mexicano.

La dificultad de ser uno de los mejores en un torneo largo y luego triunfar en una liguilla se transformó por las necesidades de mercadotecnia. Torneos “al vapor” y campeones en “horno de microondas”. Y a partir de ahí, a los “4 grandes” se unieron otros: El Toluca dominó gran parte del inicio del siglo y también el de los campeonatos cortos y luego se agregaron Pachuca y Santos además del poder económico de los clubes regiomontanos.

Es imposible comprar al futbol mexicano con otra Liga del mundo. Al mismo tiempo en los torneos cortos generaban más campeones, también, hay que decirlo, la Liga se equilibro en cuanto a las condiciones económicas de los clubes.

Al América le decíamos “el cuadro milloneta”, cuando hoy, media docena de equipos o hasta mas tienen la misma capacidad -o mayor-que el América para invertir en el futbol. Aparecieron empresas, empresarios, marcas y el futbol mexicano, me parece, creció para bien en ese sentido. La pregunta es ¿Cuál es la fórmula para determinar que equipo es “grande”? ¿Los títulos? ¿los aficionados? Pumas no tiene tantos títulos como el Toluca, pero tiene mucho más aficionados. Cruz Azul tiene 21 años sin ganar un campeonato y plaza a donde se presenta levanta suspiros y genera pasiones.

¿Cómo no decirle “grande” a Tigres con todo lo que ha ganado y la clase de cuadros que ha montado? Y si a eso vamos, entramos en otro renglón: darle la responsabilidad al equipo en dependencia del material con que cuente o de las condiciones que le rodean.

Por ejemplo: hay quien dice que a Pumas no se lo puede exigir porque no cuenta con la misma calidad y amplitud en plantel que Cruz Azul, América o Tigres o que a Chivas hay que darle un tratamiento equipo especial: juega sólo con mexicanos a pesar de que los tiempos del futbol mexicano indican hacia otra dirección.

Es decir, “grandes” con asterisco, una excepción, una salvedad. Yo creo que eso no existe y es, al final del día, miedo a tomar compromisos. La “grandeza” en el futbol es relativa, pero tiene una formula invariable: admitir responsabilidades. Soy un “grande” y por eso fracasé. Es tan difícil admitirlo. Lo fue, al menos, para David Patiño y para Ricardo Ferreti, durante la noche copera del miércoles. En el futbol se gana y se pierde. Fracasar debe ser tan común como triunfar, pero es algo que tiene que ver con el ser humano y con la responsabilidad, el compromiso, sobre todo cuando se involucra el orgullo. Un club de futbol admite la “grandeza” con suma facilidad. El fracaso, lo rechaza, lo esconde, le tiene miedo.

@Faitelson_ESPN

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