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Una Final de desperdicio

Cruz Azul y América tiraron a la basura 90 minutos que eran una ocasión maravillosa del futbol mexicano para mostrar las virtudes de los dos mejores equipos del torneo y de dos clásicos e históricos clubes. Una pena. Un desperdicio absoluto por el miedo de tomar riesgos y decisiones en la cancha. La actitud de los entrenadores y de los futbolistas es, para mí, reprobable. Deben entender que antes de ser un juego de ganar o perder, es un juego para entretener, para brindar espectáculo. América y Cruz Azul lo dejaron todo para el domingo. ¡Qué decepción!

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO.- Siempre será más fácil jugar a no perder que jugar a ganar. Cruz Azul y América nos lo mostraron profunda y eficientemente en los primeros 90 minutos de la ‘’gran’’ Final. !Que desperdicio!

 

El arbitraje fue pésimo, el ‘’VAR’’ no existió y el césped del Azteca es una lástima, pero ninguno de esos factores estuvo por encima de la nula actitud de los equipos --los entrenadores Caixinha y Herrera y los 28 futbolistas que participaron la noche del jueves--. Una pena, porque si bien, insisto, hubo algunas situaciones anómalas o que pudieron haber perjudicado el desarrollo del juego por errores del árbitro --el innombrable Fernando Guerrero-- nada fue más drástico que un líder general de la competencia y otro cuadro con la mayor cantidad de goles en el torneo jugando al no pasa nada y al dejemos todo para el domingo. Sinvergüenzas.

Lo que en un principio nos parecía una ventaja que jugaría a favor de esta combinación entre dos clásicos clubes del futbol nacional -el equilibrio de líneas, el hecho de que no había cambios de estadios, que se jugaría la final completa en el Azteca-- terminó afectando lo que para mí es fundamental en este juego profesional llamado futbol: el espectáculo. Me pregunto si los jugadores, los entrenadores, los directivos, los árbitros y todos los integrantes de esta ‘’fabulosa’’ familia futbolística mexicana entenderán que se trata de entretener a los miles que hacen un esfuerzo por comprar un boleto para el estadio y a los millones que hacen otro esfuerzo en encender la televisión. Pareciera que no.

 

Cruz Azul y América tienen material de sobra para jugar mejor de lo que lo hicieron el jueves. Pero ante tanta expectativa se genera un temor, un miedo por perder que provocó que los dos equipos se dedicaran a ‘’pelotear’’ --no sé si es el término adecuado, pero es el único que encuentro ahora-- y dejar todo para el día que en realidad será definitivo. No había un local obligado a sacar el resultado para defenderse el domingo como visitante. Y ello transformó la noche en parajes largamente indeseables e infumables de futbol.

 

El arbitro y la aplicación del ‘’VAR’’ se mantuvieron a la altura del juego y de lo que ha sido su trabajo en el torneo. También, en apariencia, existió miedo de marcar un penalti claro a favor del América cuando el partido comenzaba y luego también hubo ‘’temor’’ --no lo puede entender de otra forma-- de aplicar la justicia y echar del campo de juego al argentino Caraglio, del Cruz Azul y al paraguayo Valdez, del América.

Fue un desperdicio. Un desperdicio de expectativas, de emociones, de calidad futbolística, de un escenario lleno y chispeante y de una noche donde el futbol pasa a ser algo más importante que un simple juego o que un juego que siguen sólo aquellos a los que realmente gustan de este deporte. Fue un desperdicio del futbol mexicano, en una jornada ideal para atrapar a los aficionados y a los nuevos aficionados y brindarles lo que finalmente debe ser el valor supremo de este juego: el espectáculo.

@Faitelson_ESPN

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Indescifrable

FECHA
11/12
2018
por David Faitelson

Es prácticamente imposible encontrar al favorito de esta final. ¿Cruz Azul? ¿Por qué? ¿El América? ¿A qué obedece? Llegan dos equipos tan completos, equilibrados, concentrados e inteligentes que es difícil inclinarse por un o por otro. Creo que estamos ante una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano y que, al final, será un error, un detalle, una circunstancia la que termine estableciendo la dirección del trofeo del Apertura 2018…

 

SAN DIEGO, California.- Me he dado de topes contra la pared por una pregunta que, bajo otro tipo de condiciones, sería muy fácil de responder: ¿Quién es el favorito de la final del futbol mexicano?

Mencionar un porcentaje parece una tarea sencilla, pero estará, indudablemente, alejado de la realidad que rodea a los dos partidos. Creo, sin temor a equivocarme, que estamos ante de una de las finales más parejas en la historia del futbol mexicano. No sólo por el hecho de que juegan en el mismo estadio, sino más bien por la contundente idea de que son dos equipos que dominan un estilo y que poseen futbolistas con las condiciones necesarias para competir en todos los sectores de la cancha.

 

El Cruz Azul ha sido el líder general y aunque no ha mantenido el nivel que alcanzó en la temporada durante esta liguilla, ha jugado con inteligencia. Es un equipo sólido, que jamás pierde la calma ni las ideas y que, basado en ese orden, posee los argumentos para ganar partidos. No esperen, quizá, nada espectacular o atrevido de un cuadro de Pedro Caixinha, pero sí efectividad, sobriedad y garantía.

Y el América no requiere de mucha presentación. Ha llegado echando “chispas” a la final, un equipo que mete goles, efectivo en defensa, peligroso a balón parado y con nombres que son capaces de desequilibrar de medio campo hacia el frente: Renato, Cecilio, Lainez, Roger Martínez, Ibargüen y el veterano Oribe Peralta. América tiene 15 partidos consecutivos sin perder y no cae en el Azteca --donde se jugarán los dos partidos de la Final-- en sus últimas 10 presentaciones. Y si buscamos más números debemos agregar que Cruz Azul terminó invicto como local en el torneo y que fue la mejor defensiva. El América la mejor ofensiva.

 

No hay manera de encontrar algún rasgo que termine estableciendo un favorito en esta final. Traté, desesperado, de acudir la responsabilidad que significa ser Campeón o sub-campeón el lunes y los resultados son los mismos. ¿Usted cree que le alcanza a Cruz Azul, tras 21 años de larga y exasperada espera, conformarse con hacer un buen papel? No, no, y otra vez no. ¿Y el América? Un América que siempre sale al campo de juego con más obligaciones que los demás tampoco puede satisfacerse con una actuación decorosa. El América es el más urgido de los urgidos, siempre. Además, al ser un Clásico involucra otro tipo de sentimientos y obligaciones.

En fin, me he metido en una situación comprometedora. Decir quién es el favorito de esta final es prácticamente imposible. Los dos equipos lucen tan fuertes, tan compactos, tan virtuosos que me puedo “partir” la cabeza sin encontrar la respuesta adecuada. Caeremos, entonces, en los “clichés” de siempre: De pronóstico reservado, la moneda en el aire y nada para nadie, aunque, a decir verdad, cualquiera de esas frases corresponde a la realidad. No sabemos qué sucederá.

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- "Láinez". Dícese de la distancia más corta entre la inoperancia y el gol.

Así fue la noche del jueves en Ciudad Universitaria. Pumas 1-1 América. Diego Láinez, el mocoso irreverente de 18 años le endosó medio boleto a quien lo tiene -generalmente- a medio tiempo: Miguel Herrera.

Diego Láinez, lo deslumbrante de la noche. Fugaz, incluso. Vida y muerte en Semifinales en seis segundos. En el umbral del minuto 21.

Pegadito a la raya -alguna vez- de cal, como los extremos bohemios de otros tiempos. Paralela a la línea, la ruta del balón. Diego Láinez recibe de Paul Aguilar. Y la magia empieza.

El pequeñín recibe. Y mal corre Malcorra. Las piernas y las neuronas de Láinez carburan con vértigo. Malcorra forcejea, jalonea, trata de atenazarlo. Bip, bip, le susurra el Correcaminos Láinez al Coyote de Pumas.

Tres segundos y Láinez le manda una postal al acalambrado Malcorra desde el área de Pumas. Pespuntea la pelota como abuela zurciendo calcetines: cortito y firme. Cabeza levantada y el cuerpecillo sacando ventaja de su bajísimo centro de gravedad.

Amaga una milésima de segunda de la eternidad con meter el pase. "Diagonal matona", nos cantaría El Perro Bermúdez. Y no. Láinez recompone y descompone a la defensa de Pumas. Quintana se queda un segundo en la artritis del titubeo.

A pradera limpia, Láinez ya resolvió el crucigrama en su cabeza mientras Quintana aún no encuentra ni el periódico. El americanista ya revisó el horizonte y contempló a Saldívar, quien musita mil padrenuestros y mil avemarías para que ese desgraciado mozalbete centre y no dispare.

Algo hace mal Láinez que le resulta perfecto. Su cuerpo rebasa al balón, por eso la puñalada a Pumas es aún más vistosa. Su pierna izquierda pierde el vuelo del impacto y entonces la cucharea lo suficiente para que Saldívar aún se pregunte cómo aquel enigma locomotriz nunca se lo enseñaron en secundaria. 0-1.

Seis segundos habían pasado entre el pie de Paul Aguilar, la red de Pumas, el brinco en el marcador y el alarido en la tribuna.

No lo encontré en el Larousse, pero seguro busqué mal, porque seguro en algún diccionario del universo debe decir claramente: "Láinez". Dícese de la distancia más corta entre la inoperancia y el gol.

¿El resto? Lucha, esfuerzo, empate de Pumas, y el bochorno absoluto, que hasta llega a ser sospechoso, del colombiano Roger Martínez, al cobrar el penalti con una enésima porción de la testosterona de Láinez en la jugada del gol. Desde el manchón de lo imperdonable, el cafetero perdona a Pumas.

América sale de Ciudad Universitaria ganando 1-1, con las cláusulas letales de la burocracia del reglamento. El gol de visitante abre puertas insospechadas.

¿Será Diego Láinez titular en la vuelta? Sólo Miguel Herrera lo sabe. Tiene a medio tiempo -generalmente- al que le da el medio boleto.

¿Seguirá Malcorra, aunque mal corra, como marcador de punta? Sólo David Patiño sabe si a su talentoso lo mantendrá de patiño de Láinez.

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No es mi “otro yo” hablándome a mí mismo. Es una disculpa que intenta ser sincera y profunda con el entrenador de los Pumas. Me equivoqué. Juzgué apresuradamente a David Patiño y hoy debo reconocer que es el entrenador apropiado para Pumas, que ha hecho una labor excepcional y que ha puesto al equipo --siempre respetando la filosofía histórica futbolística del club-- en el sitio que merece. Lo has logrado tú, David, a pesar de las criticas, de los momentos complicados y de los insolentes --como yo-- que dudábamos de tu capacidad. Nos has tapado la boca a todos…

SAN DIEGO, California.- Perdóname, David…

No, no es mi “otro yo” hablándome a mí mismo --aunque muchas veces tengo, debo admitirlo, esa clase de diálogos--. Soy yo ofreciéndole una sincera y profunda disculpa al entrenador de los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

David Patiño nos ha tapado la boca a muchos. Yo, el primero, porque hace meses o semanas cometí un error, apresuré un juicio, al calor de la pasión que significa Pumas, su necesidad siempre de permanecer en un estatus competitivo y sano y su gran rivalidad con el América. No una, varias veces, pensé y afirmé que Patiño no tenía ni la preparación, ni el conocimiento ni la personalidad para guiar a los Pumas hasta el sitio que realmente le corresponde. Me equivoqué, por ello me disculpo contigo, David y con todos aquellos a los que, en su momento, pude haber afectado o lastimado.

 

Patiño no sólo ha puesto a los Pumas en un sitio preferencial, lo ha hecho también bajo los preceptos que son propios de la institución y del club: un equipo aguerrido que pelea en cada rincón de la cancha y que, basado en su cantera --llega a jugar con siete u ocho futbolistas de sus fuerzas básicas al mismo tiempo-- y sus futbolistas extranjeros de bajo perfil --algunos de ellos no brillaron demasiado en otros clubes de la Liga MX-- ha encontrado una forma de competir entre equipos que le superan de manera desproporcionada en inversión: Tigres, Cruz Azul, Monterrey y América y muchos otros que se quedaron al margen de la liguilla. Pumas fue tercer lugar general, a tres puntos del América y a seis de Cruz Azul. Hoy, están en semifinales. ¿Se le puede pedir algo más a David Patiño?

 

Creo que sí. Aunque la temporada ha sido incuestionablemente satisfactoria, Pumas tiene enfrente al América y es un partido que, pasional, histórica y hasta románticamente, saca “chispas”. Fue, además, este Clásico, durante la temporada regular, el juego que más polémica generó en cuanto al papel de Patiño como entrenador. Lo siento, David, pero así es “la vida” en Pumas y tú mejor que nadie la conoces. Cuando parece que estás en la orilla y que eres ya un ganador, aparece un nuevo reto y ese reto es ganarle a tu acérrimo rival, el América. Estoy seguro de que Pumas y Patiño encontrarán la forma de mantenerse competitivos en un duelo que sus aficionados viven intensamente.

El lunes, en la emisión de Futbol Picante de ESPN, Roberto Gómez Junco enaltecía la labor de Patiño y lo catalogaba ya como el entrenador de la temporada en el futbol mexicano. Estoy de acuerdo con Roberto. Patiño ha hecho mucho con lo que ha tenido y le ha devuelto a Pumas un sitio, siempre respetando las condiciones y características del equipo universitario. Eso tiene un valor excepcional.

Perdóname, David. No es el primero ni será el último juicio apresurado o equivocado que tenga, pero aprenderé de esto y trataré, en la medida de lo posible, de ser más cuidadoso en adelante. Juzgue premeditadamente. Tu trabajo es excepcional. Pumas tiene al ser humano y al entrenador adecuado.

@Faitelson_ESPN

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Para Cruz Azul no deben existir dudas: el sábado está antes del miércoles y el América siempre será más importante que Monterrey en una final de Copa. Los aficionados celestes esperan con ansiedad cada vez que el América está enfrente. Es una oportunidad no sólo para sumar tres puntos, también para ganar en moral, en honor y orgullo, algo que se ha sensibilizado y debilitado notablemente en la historia de los últimos tiempos de este grandioso club. Frente al América, Cruz Azul no puede desaprovechar la ocasión de mostrarle que puede acabar con todos los espectros y espantos que le han acompañado en su más reciente época.

 

CIUDAD DE MÉXICO, México. – El sábado está antes que el miércoles, pero no sólo es una situación cronológica para los aficionados de Cruz Azul. Es un tema donde está de por medio el orgullo, la identidad y la gran oportunidad de “matar” a algunos de los más peligrosos “fantasmas” que han atemorizado sus épocas más recientes.

Los más pragmáticos afirman que el juego ante el América de este sábado vale sólo 3 puntos y que lo de la próxima semana es una final de Copa. Eso lo sé yo y seguramente un niño de 8 años. Pero la realidad es que, para Cruz Azul, de acuerdo con su historia vieja -aquella que fue gloriosa- y la moderna -que ha sido menos lustrosa- el choque ante el América significa una ocasión especial que no puede, de ninguna manera, desperdiciar.

Cruz Azul nació para vencer al América. Lo hizo brillantemente mientras se convertía en leyenda en la década de los setenta del siglo anterior y lo ha entendido a base de las heridas y cicatrices provocadas por los duelos de los últimos 20 años. Para Cruz Azul y sus aficionados hay más, mucho que más que 3 puntos en una fecha 14 del campeonato mexicano.

El “Derby” de la capital ocurre justamente cuando los dos equipos están separados por un punto en la lucha del liderato general. El América presume ser el mejor ofensivo del campeonato, pero Cruz Azul tiene la mejor condición para defenderse. El América viene de menos a más, envuelto en una gran racha mientras que Cruz Azul ha mostrado cierta debilidad en esta etapa del certamen de acuerdo con la tendencia que marcó en el inicio. El estadio, el mismo de ambos, aunque los celestes jugarán como locales administrativamente, estará lleno hasta la última fila.

Señalar un favorito es complicado, pero los antecedentes más inmediatos se refieren a que el América ha tomado cierta “paternidad” sobre Cruz Azul, incluyendo aquella dramática e increíble final de mayo del 2013. Ambos saben que podrían -deberían- volverse a encontrar más adelante, en la zona de la liguilla, pero el partido hoy tiene que ver con impulso anímico que ninguno de los dos está dispuesto a desechar.

Cruz Azul está ávido de títulos, de Copas, de trofeos, de reconocimientos, de gloria, y sabe que una forma de acceder a ella es acabando con los “fantasmas” recientes. Uno de ellos, el más temible de todos, ha sido el América. Lo tiene este sábado y no el miércoles.

@Faitelson_ESPN

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Todos los caminos se le fueron cerrando al argentino en México. No hubo una llamada de la FMF, no sobraron ofertas de clubes. El entrenador que había tenido un indudable éxito en las Chivas estaba pagando las consecuencias de haberse revelado y haber exigido lo que le correspondía a él y a sus colaboradores por un contrato. Chivas cobró venganza de Almeyda hasta provocar su destierro, su desarraigo, su huida a la MLS...

SAN DIEGO, CA -- A Matías Almeyda lo 'mató' --con comillas o sin ellas-- lo mató Chivas.

Y aunque el Guadalajara jura y perjura que no es el responsable directo del destierro del argentino, yo, la verdad, no les creo.

El futbol mexicano es así. Suele manejarse de esta forma. Cualquier futbolista o entrenador que intente lastimar o vaya por encima de sus intereses, queda congelado y ex exhibido como un ejemplo para el resto. Es una muestra de poder. Nadie puede o debe atreverse a hacerlo.

Lo increíble del tema es que a pesar de su gran éxito --porque, indudablemente lo tuvo-- en un club que sólo utiliza futbolistas mexicanos, el argentino no fue ni siquiera considerado como uno de los candidatos a dirigir a la selección mexicana. ¿Por qué? ¿Cuál fue el verdadero motivo? ¿Quién lo decidió? ¿Qué tipo de influencia lo concluyó así? El hecho de que Almeyda no haya sido tomado en cuenta para los planes de la selección mexicana en una época donde el puesto de entrenador está vacante me podría parecer hasta como una especie una derrota personal del Guadalajara.

A Almeyda le han cobrado cada factura de su enredada salida de Chivas. La relación se desgastó a medida que los acontecimientos avanzaban. Era un asunto en el cual, además de dinero, se involucraba orgullo. Tal parece que el club aguantó hasta el final para cobrar su 'venganza'. Los reflectores señalan hacia un personaje: José Luis Higuera, el siniestro presidente del equipo con quien Almeyda se había enemistado desde el momento en que Jorge Vergara se separaba de la vida activa en el club, Amaury Vergara no tomaba la fuerza necesaria y las cosas no estaban claras en cuanto a la separación de las determinaciones deportivas y administrativas. Almeyda y su grupo colaboradores argentinos tenían, al final del día, más poder que cualquiera en Chivas. La 'cacería' de Higuera habría comenzado; sin Vergara, todo comenzaban a derrumbarse para Almeyda.

Y Chivas entraba, enseguida, en un 'juego de poderes' extraños: La llegada de Paco Gabriel de Anda; la cara de Almeyda el día en que lo presentaron y la extraña media sonrisa de Higuera. El objetivo era restarle poder a Almeyda, debilitarle y obligarle a dejar al club. Para eso llegó Paco Gabriel, para eso fue utilizado por Higuera que, al final, también terminó aniquilando a su recién nombrado director deportivo. ¿Dónde quedó la pelota? En los pies de José Luis Higuera, que de paso se daba el tiempo para avanzar en el lobby federativo y cuyas recomendaciones e insinuaciones podrían haber afectado la imagen de Almeyda como posible candidato a la selección mexicana.

El tema personal --la forma en que su familia, sobre todas sus hijas, se adaptaron a Guadalajara-- terminaron propiciando que aceptara una oferta en la MLS. La idea de Almeyda era quedarse a dirigir en México. Los caminos, extrañamente, se le fueron cerrando. Nadie llamó de la FMF, ningún club ofreció algo importante. Estaba claro que Chivas había puesto el candado sobre la puerta.

Almeyda terminó desterrado. Chivas dice que no tuvo nada que ver. Yo, la verdad, no les creo... Me parece que el futbol mexicano ha aplicado otra vez su política sucia de vetar a quien no se someta a sus condiciones. El mensaje ha sido, nuevamente, muy claro: aquel que se queje, que se revele, sufrirá las consecuencias.

@Faitelson_ESPN

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Pumas y Tigres se quedaron en cuartos de final de la Copa MX. El América hizo una semana antes. Los llamados “grandes” parecen tener sus reservas cuando se trata de doblar las manos y admitir la derrota.

En medio de ello, una casi eterna polémica sobre cómo y quien determina la “grandeza” de un club en el futbol mexicano. La realidad es todo debe salir de una responsabilidad y de un compromiso, cosa que los futbolistas y los entrenadores muchas veces prefieren rehuir que enfrentar...

Hay un terrible miedo en el futbol mexicano a decir, simple y sencillamente: “Fracasamos”. Ni David Patiño, ni Ricardo TucaFerretti dieron ese paso al frente anoche, mientras Pumas y Tigres se despedían de la posibilidad de alcanzar las semifinales de la Copa MX. Casi al mismo tiempo, el futbol mexicano vive en su casi eterna confusión sobre quien “grande”, “mediano”, “pequeño” o de plano “no existe”. La realidad es que Tigres, Pumas y desde la semana anterior, el América, han fracasado en la Copa MX. Lo que me parece pasmoso es que algunos equipos pretendan ser “grandes” cuando ganan y “pequeños” cuando afrontan una derrota. Admitir un fracaso no es sencillo para nadie, ni en el futbol ni en la vida misma. La mayor parte son “grandes” cuando les conviene.

Hasta hace no mucho, en el futbol mexicano existía la creencia de que sólo había 4 “grandes” y poderosos, equipo que combinaban títulos con una gran cantidad de aficionados. América, Chivas, Cruz Azul y Pumas “comían” en una mesa aparte.

Pero los tiempos cambiaron. Llegaron los torneos cortos y con ellos campeones “exprés”; dos monarcas por años calendario con lo cual --perdone usted la palabra- se prostituyó el trofeo del futbol mexicano.

La dificultad de ser uno de los mejores en un torneo largo y luego triunfar en una liguilla se transformó por las necesidades de mercadotecnia. Torneos “al vapor” y campeones en “horno de microondas”. Y a partir de ahí, a los “4 grandes” se unieron otros: El Toluca dominó gran parte del inicio del siglo y también el de los campeonatos cortos y luego se agregaron Pachuca y Santos además del poder económico de los clubes regiomontanos.

Es imposible comprar al futbol mexicano con otra Liga del mundo. Al mismo tiempo en los torneos cortos generaban más campeones, también, hay que decirlo, la Liga se equilibro en cuanto a las condiciones económicas de los clubes.

Al América le decíamos “el cuadro milloneta”, cuando hoy, media docena de equipos o hasta mas tienen la misma capacidad -o mayor-que el América para invertir en el futbol. Aparecieron empresas, empresarios, marcas y el futbol mexicano, me parece, creció para bien en ese sentido. La pregunta es ¿Cuál es la fórmula para determinar que equipo es “grande”? ¿Los títulos? ¿los aficionados? Pumas no tiene tantos títulos como el Toluca, pero tiene mucho más aficionados. Cruz Azul tiene 21 años sin ganar un campeonato y plaza a donde se presenta levanta suspiros y genera pasiones.

¿Cómo no decirle “grande” a Tigres con todo lo que ha ganado y la clase de cuadros que ha montado? Y si a eso vamos, entramos en otro renglón: darle la responsabilidad al equipo en dependencia del material con que cuente o de las condiciones que le rodean.

Por ejemplo: hay quien dice que a Pumas no se lo puede exigir porque no cuenta con la misma calidad y amplitud en plantel que Cruz Azul, América o Tigres o que a Chivas hay que darle un tratamiento equipo especial: juega sólo con mexicanos a pesar de que los tiempos del futbol mexicano indican hacia otra dirección.

Es decir, “grandes” con asterisco, una excepción, una salvedad. Yo creo que eso no existe y es, al final del día, miedo a tomar compromisos. La “grandeza” en el futbol es relativa, pero tiene una formula invariable: admitir responsabilidades. Soy un “grande” y por eso fracasé. Es tan difícil admitirlo. Lo fue, al menos, para David Patiño y para Ricardo Ferreti, durante la noche copera del miércoles. En el futbol se gana y se pierde. Fracasar debe ser tan común como triunfar, pero es algo que tiene que ver con el ser humano y con la responsabilidad, el compromiso, sobre todo cuando se involucra el orgullo. Un club de futbol admite la “grandeza” con suma facilidad. El fracaso, lo rechaza, lo esconde, le tiene miedo.

@Faitelson_ESPN

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Pumas y Tigres se quedaron en cuartos de final de la Copa MX. El América hizo una semana antes. Los llamados “grandes” parecen tener sus reservas cuando se trata de doblar las manos y admitir la derrota.

En medio de ello, una casi eterna polémica sobre cómo y quien determina la “grandeza” de un club en el futbol mexicano. La realidad es todo debe salir de una responsabilidad y de un compromiso, cosa que los futbolistas y los entrenadores muchas veces prefieren rehuir que enfrentar...

Hay un terrible miedo en el futbol mexicano a decir, simple y sencillamente: “Fracasamos”. Ni David Patiño, ni Ricardo TucaFerretti dieron ese paso al frente anoche, mientras Pumas y Tigres se despedían de la posibilidad de alcanzar las semifinales de la Copa MX. Casi al mismo tiempo, el futbol mexicano vive en su casi eterna confusión sobre quien “grande”, “mediano”, “pequeño” o de plano “no existe”. La realidad es que Tigres, Pumas y desde la semana anterior, el América, han fracasado en la Copa MX. Lo que me parece pasmoso es que algunos equipos pretendan ser “grandes” cuando ganan y “pequeños” cuando afrontan una derrota. Admitir un fracaso no es sencillo para nadie, ni en el futbol ni en la vida misma. La mayor parte son “grandes” cuando les conviene.

Hasta hace no mucho, en el futbol mexicano existía la creencia de que sólo había 4 “grandes” y poderosos, equipo que combinaban títulos con una gran cantidad de aficionados. América, Chivas, Cruz Azul y Pumas “comían” en una mesa aparte.

Pero los tiempos cambiaron. Llegaron los torneos cortos y con ellos campeones “exprés”; dos monarcas por años calendario con lo cual --perdone usted la palabra- se prostituyó el trofeo del futbol mexicano.

La dificultad de ser uno de los mejores en un torneo largo y luego triunfar en una liguilla se transformó por las necesidades de mercadotecnia. Torneos “al vapor” y campeones en “horno de microondas”. Y a partir de ahí, a los “4 grandes” se unieron otros: El Toluca dominó gran parte del inicio del siglo y también el de los campeonatos cortos y luego se agregaron Pachuca y Santos además del poder económico de los clubes regiomontanos.

Es imposible comprar al futbol mexicano con otra Liga del mundo. Al mismo tiempo en los torneos cortos generaban más campeones, también, hay que decirlo, la Liga se equilibro en cuanto a las condiciones económicas de los clubes.

Al América le decíamos “el cuadro milloneta”, cuando hoy, media docena de equipos o hasta mas tienen la misma capacidad -o mayor-que el América para invertir en el futbol. Aparecieron empresas, empresarios, marcas y el futbol mexicano, me parece, creció para bien en ese sentido. La pregunta es ¿Cuál es la fórmula para determinar que equipo es “grande”? ¿Los títulos? ¿los aficionados? Pumas no tiene tantos títulos como el Toluca, pero tiene mucho más aficionados. Cruz Azul tiene 21 años sin ganar un campeonato y plaza a donde se presenta levanta suspiros y genera pasiones.

¿Cómo no decirle “grande” a Tigres con todo lo que ha ganado y la clase de cuadros que ha montado? Y si a eso vamos, entramos en otro renglón: darle la responsabilidad al equipo en dependencia del material con que cuente o de las condiciones que le rodean.

Por ejemplo: hay quien dice que a Pumas no se lo puede exigir porque no cuenta con la misma calidad y amplitud en plantel que Cruz Azul, América o Tigres o que a Chivas hay que darle un tratamiento equipo especial: juega sólo con mexicanos a pesar de que los tiempos del futbol mexicano indican hacia otra dirección.

Es decir, “grandes” con asterisco, una excepción, una salvedad. Yo creo que eso no existe y es, al final del día, miedo a tomar compromisos. La “grandeza” en el futbol es relativa, pero tiene una formula invariable: admitir responsabilidades. Soy un “grande” y por eso fracasé. Es tan difícil admitirlo. Lo fue, al menos, para David Patiño y para Ricardo Ferreti, durante la noche copera del miércoles. En el futbol se gana y se pierde. Fracasar debe ser tan común como triunfar, pero es algo que tiene que ver con el ser humano y con la responsabilidad, el compromiso, sobre todo cuando se involucra el orgullo. Un club de futbol admite la “grandeza” con suma facilidad. El fracaso, lo rechaza, lo esconde, le tiene miedo.

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Sólo ello explicaría por qué fueron apartados de un proceso en el que -según el presidente de la Federación- se han consultado hasta 24 candidatos potenciales a la selección mexicana de futbol. Queda claro que el proceso ha sido, nuevamente, poco claro y que la transparencia se ha alejado del inicio de la gestión de Yon de Luisa. El entrenador del América y el exentrenador de Chivas merecían, al menos, otro tipo de trato, sea cual fuese la decisión final de la FMF...

SAN DIEGO, California. – Sigo sin entender por qué en un universo de 24 candidatos entrevistados o consultados -presencial y telefónicamente- como aspirantes a entrenadores de la selección mexicana no hayan aparecido ni Miguel Herrera ni Matías Almeyda. No lo entiendo.

Puede que a Herrera le persiga el pasado indisciplinado de un acontecimiento ocurrido más allá de la cancha... ¿Y a Almeyda? ¿Qué le acosa u hostiga a él? Lo que queda claro es que la Federación Mexicana de Futbol no ha sido totalmente clara en el proceso de elección de un seleccionador nacional. Sin ninguna regla que le exija serlo, se supone que el inicio de la gestión de Yon de Luisa mostraría a un órgano más transparente y comunicativo. Lamentablemente, se ha vuelto a manosear demasiado el proceso.

“Esto parece un cachondeo”, dijo hace un par de semanas el presidente de Tigres, Miguel Ángel Garza, justo cuando el tema y la posibilidad de Ricardo Ferretti seguían encendidos. La presión de Tigres, finalmente, obligó a la Federación a acelerar el proceso y clarificarlo a través de un boletín donde se desechaba, totalmente, la opción de Ferretti en la selección.

A Miguel Herrera lo ha descartado su propia personalidad. A pesar de que es un entrenador probado y ganador en selección nacional, es un personaje al que suele superarle y traicionarle su propio temperamento. No hay muestras muy precisas y convincentes de que su exilio en Tijuana y su vuelta a Coapa lo hayan tranquilizado.

Y Almeyda, que parecía tener el consenso popular tras el magnifico trabajo que logró en el Guadalajara, habría sido “congelado” -según dictan los rumores- tras su compleja salida de las Chivas. Es la única explicación para explicar la total imprudencia federativa de no llamarle por teléfono para decirle que sería un gran candidato pero que están buscando otra cosa.

Tal parece que Guillermo Cantú está decidido a buscar, otra vez, a un entrenador en el extranjero, cosa que no está del todo mal, siempre y cuando justifique plenamente la negativa de recurrir a los entrenadores domésticos que, en apariencia, tienen una ventaja al conocer al futbol y al futbolista mexicano.

Gerardo Martino y Carlos Queiroz podrían ser nombres interesantes para la selección mexicana de futbol. Nadie duda de que tengan la capacidad para hacerlo. Lo que nuevamente ha sido puesto en evidencia es la poca transparencia que el futbol mexicano siempre tiene por sello en sus procesos. Herrera y Almeyda, merecían al menos, una llamada. Si tiene 24 consultas, 26 no te hubieran hecho ningún daño. Pero el futbol mexicano es un futbol tradicional en intereses, golpes bajos y traiciones. “El Piojo” y Matías lo deben entender así...

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Y debía ocurrir sobre las llamas y bajo la presión de un “Clásico” que suele encumbrar o sepultar a sus protagonistas. Raúl Gudiño no sólo estuvo a la altura de las circunstancias, también mostró un temple y una personalidad que promete conducir su carrera a un nivel inimaginable. Chivas tiene portero, uno de unas cualidades extraordinarias que demostró en el sitio correcto hacia donde se dirige. El ansioso empate del domingo en el Azteca también fue el escenario del nacimiento de una nueva estrella de Chivas y del futbol mexicano...

SAN DIEGO, California. -- Tiene 22 años, mide un metro y 95 centímetros y siempre soñó con ser el portero de las Chivas. Lo que Raúl Gudiño jamás imaginó es que el inicio de su consagración ocurriría en el crespúsculo de un domingo en el Estadio Azteca, cuando al minuto 90, detenía un penalti para salvar el juego del Clásico ante el América.

“Lo tiene todo. Llegará lejos...”, las palabras corresponden a uno de los mejores de todos los tiempos en la posición, el español Iker Casillas, con quien compartió entrenamientos en el Porto, durante la fugaz pero atractiva experiencia europea de Gudiño.

Nadie tiene dudas sobre el alcance de su físico, de sus grandes cualidades físico atléticas. Es un portero diferente el estereotipo del guardameta mexicano. Totalmente contrario a Jorge Campos, distinto a Guillermo Ochoa y también lejos de las condiciones del legendario Antonio “La Tota” Carbajal. Parte, quizá, de una escuela de porteros que pertenece a Chivas y donde ha existido espacio para figuras de blanco y negro como Jaime “El Tubo” Gómez e Ignacio “El Cuate” Calderón y hasta las épocas en technicolor de Javier “El Zully” Ledezma, Oswaldo Sánchez y Alfredo Talavera. Gudiño debe ahora encontrar y forjar su propio camino. Es un portero diferente.

Pero lo que más llamó la atención sobre Gudiño el domingo en el Clásico no fue su atajada del penalti o tal vez otro par de intervenciones que resultaron fundamentales para no alterar el marcador. Lo que más atrajo del joven guardameta es su prestancia, la tranquilidad y la paz que tuvo en medio de la “tormenta” que significaba su primer Clásico, con un equipo presionado y en un campo ajeno. Gudiño transmitió ese mensaje al resto de sus compañeros.

Habrá que llevarlo con calma, pero tampoco debe resultarnos muy sorpresivo si pronto recibe un llamado de la selección mexicana. Ya ha sido parte del proceso de selecciones con limite de edad. Puede ser parte de esta nueva “sangre” de porteros -junto con Gibrán Lajud y Hugo González- que “refrescará” la portería del Tricolor.

Creo que también será importante que Chivas no descarte la ocasión de, en un futuro no muy lejano, devolverlo al sitio que pertenecía desde un inicio: el futbol europeo. Entiendo que el Guadalajara tiene sus propias necesidades, pero Gudiño tiene las condiciones para tratar de romper la barrera que históricamente ha detenido a los mexicanos en esa posición.

El Clásico, con su presión, encumbra o sepulta a quienes intentan ser sus protagonistas. Raúl Gudiño dejó en claro que su tamaño es proporcional a la gran carrera que tiene por delante...

@Faitelson_ESPN

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